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Alma vinculada al juego - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - Capítulo 45: CAPÍTULO 44— Cuando un Jinete abre los ojos
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Capítulo 45: CAPÍTULO 44— Cuando un Jinete abre los ojos

El lugar tardó en recuperar su ritmo.

Después de la partida de Eiren Valcross, el aire quedó pesado, como si el mundo aún recordara que había sido obligado a detenerse. Arthur permanecía inmóvil, con la mirada fija en el punto donde Eiren había estado segundos antes.

Astraea fue quien rompió el silencio.

—No subestimes lo que acaba de pasar —dijo—.

—Que él haya venido en persona… significa que ya no somos una variable menor.

Arthur respiró hondo.

—Dijo que no venía a luchar.

—Eso es lo que más me preocupa.

Astraea asintió.

—Porque cuando alguien como Eiren evita el combate… es porque el mundo aún le resulta útil intacto.

Se elevó lentamente del suelo.

No fue magia visible.

No hubo alas.

Simplemente… flotó.

Arthur alzó la mirada, sin sorpresa, pero con atención.

—Así que puedes volar —comentó.

—Siempre pude —respondió ella—.

—Invocar a un Jinete exige más que rituales. Exige poder suficiente para sobrevivir al contacto.

Sophia intervino:

—Confirmación.

—La capacidad de levitación no proviene de un sistema.

—Fuente interna estable.

Astraea extendió una mano, y el espacio frente a ella se onduló. No se abrió un portal, sino una proyección.

Una vastedad oscura apareció, pero no era vacío muerto. Había movimiento. Corrientes. Presencias lejanas.

—Esto es lo que ustedes llaman “el Vacío” —explicó—.

—Pero no está vacío.

—Es una dimensión separada, donde existen entidades que este mundo no puede sostener.

Arthur sintió algo familiar en el pecho.

—Los Jinetes.

—Exacto.

La imagen cambió. Cuatro presencias colosales, imposibles de definir del todo.

—Guerra.

—Hambre.

—Muerte.

—Conquista.

Astraea habló con absoluta seriedad.

—Ellos no nacieron aquí.

—Y este mundo no puede contenerlos.

Arthur frunció el ceño.

—Por eso necesitan un cuerpo.

—No cualquier cuerpo —corrigió ella—.

—Un ancla.

—Un recipiente diseñado, preparado o sacrificado para que puedan existir sin romper la realidad de inmediato.

Sophia reaccionó:

—Advertencia.

—La manifestación directa de un Jinete sin ancla resultaría en colapso dimensional local.

Astraea bajó lentamente al suelo.

—Cuando un Jinete despierta… —continuó— no empieza una invasión.

—Empieza una corrección.

Arthur la miró con atención.

—Explícate.

Astraea lo miró a los ojos.

—Guerra no lucha porque sí.

—Hambre no devora por placer.

—Muerte no mata indiscriminadamente.

—Conquista no domina sin motivo.

El viento se agitó levemente.

—Ellos responden a estancamientos absolutos.

—Cuando un mundo deja de avanzar, cuando el poder se acumula sin propósito, cuando el orden existe solo para perpetuarse…

Arthur entendió.

—Ellos fuerzan el cambio.

—Sí —confirmó—.

—Y por eso nadie los invoca.

Arthur apretó los puños.

—Porque el precio no es solo el mundo.

Astraea asintió.

—Es el invocador.

—El cuerpo.

—La historia.

—El recuerdo.

Guardó silencio un instante antes de añadir:

—Yo no era especial.

—Solo era lo suficientemente fuerte… y lo suficientemente desesperada.

Arthur bajó la mirada.

—¿Y qué pasa después?

—Cuando un Jinete despierta del todo.

Astraea cerró los ojos.

—El mundo cambia para siempre.

—Incluso si el Jinete es sellado otra vez.

—Incluso si es destruido su recipiente.

Sophia habló con gravedad:

—Confirmación.

—Eventos de reestructuración global detectados tras cada manifestación parcial histórica.

Astraea miró a Arthur.

—Por eso Eiren Valcross es peligroso.

—Él no quiere despertar Jinetes.

Arthur levantó la vista.

—Quiere reemplazarlos.

Astraea sonrió con amargura.

—Exacto.

—Quiere ser el que decida cuándo debe haber Guerra.

—Cuándo debe haber Hambre.

—Cuándo debe llegar la Muerte.

—Y quién merece Conquistar.

El silencio volvió a caer.

Arthur sintió el peso real de la amenaza por primera vez.

—Entonces, si un Jinete vuelve a despertar… —dijo—

—el mundo no pedirá permiso.

Astraea lo miró fijamente.

—Y tú, Arthur…

—eres alguien que camina peligrosamente cerca del lugar donde los Jinetes existen.

Sophia añadió, sin emoción:

—Advertencia final.

—Tu afinidad con el vacío no es coincidencia.

—Es compatibilidad.

Arthur cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, su decisión ya estaba tomada.

—Entonces no dejaré que Eiren decida cuándo debe arder el mundo.

Astraea asintió.

—Eso significa que, tarde o temprano…

—tendrás que mirar directamente al Vacío.

Y por primera vez, Arthur no sintió miedo.

Sintió preparación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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