Alma vinculada al juego - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- Alma vinculada al juego
- Capítulo 47 - Capítulo 47: El rastro que no debía existir
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 47: El rastro que no debía existir
Eiren Valcross se detuvo en seco.
No fue una visión.
No fue una profecía.
Fue un error.
Un detalle imposible en el entramado mágico que estaba analizando.
—Esto no… —murmuró.
El círculo que había trazado no reaccionaba como debía. La energía fluía, sí, pero había una distorsión previa, como si el espacio mismo recordara algo.
Eiren se agachó, tocando el suelo con dos dedos.
No había restos de invocación reciente.
No había residuos activos.
Pero sí había una huella.
—Alguien ya empujó este límite —dijo en voz baja.
Cerró los ojos y amplificó su percepción.
El mundo respondió con resistencia, como siempre. Pero, entre capas de realidad, encontró algo que no encajaba: una vibración antigua, elegante… demasiado precisa.
No era demoníaca.
No era humana común.
Eiren abrió los ojos lentamente.
—Una invocadora.
La palabra le provocó una leve sonrisa.
—No uno de estos aficionados que juegan a llamar cosas que no entienden —continuó—.
—Esto fue hecho por alguien que sabía exactamente cuánto podía tocar sin romperlo todo.
Se levantó.
—Interesante.
La huella no era reciente, pero tampoco vieja. No pertenecía a una era perdida ni a una catástrofe legendaria. Era… contemporánea.
—Así que no estoy solo mirando hacia los Jinetes —pensó—.
—Alguien más ya los miró… y sobrevivió.
El nombre no apareció como revelación mágica.
No hubo voz ni símbolo.
Pero Eiren lo dedujo igual.
—Astraea…
Lo dijo como si probara el peso del nombre.
—Vuela —recordó—.
—Invoca.
—Y sigue viva.
Por primera vez, su sonrisa se amplió.
—Entonces el camino existe.
El método
Eiren no era ingenuo.
Sabía que abrir un portal al Vacío no era cuestión de voluntad ni de talento individual. La teoría era clara: veinte magos superiores, sincronizados, sacrificando estabilidad por segundos de acceso.
—Eso es para los débiles —dijo.
Se colocó en el centro del recinto.
Los círculos comenzaron a activarse, uno tras otro. No eran veinte… eran menos. Pero cada uno estaba alimentado por una cantidad de poder que ningún mago común podría soportar.
La estructura tembló.
El aire se volvió pesado.
—El problema nunca fue la cantidad —murmuró Eiren—.
—Fue el miedo a pagar el costo.
Extendió ambas manos.
Su energía no se dispersó.
Se condensó.
El espacio gritó.
No en sonido.
En resistencia.
Las paredes se agrietaron. Los símbolos se sobrecargaron. Uno de los círculos colapsó… y Eiren lo reemplazó con su propio cuerpo como ancla.
Sangre cayó al suelo.
—Así que aquí estabas escondido… —susurró, mientras el aire comenzaba a plegarse—.
—No como barrera.
El centro del círculo se oscureció.
No negro.
No vacío absoluto.
Algo más profundo.
—Sino como peso.
El portal no se abrió de golpe.
Se forzó.
Como si el mundo estuviera siendo separado a la fuerza, capa por capa, hasta que finalmente…
El Vacío respondió.
No con bienvenida.
No con rechazo.
Con presencia.
Eiren respiraba con dificultad.
Cada segundo drenaba cantidades absurdas de energía. Su cuerpo gritaba, su magia se fracturaba, pero el portal estaba ahí.
Abierto.
Inestable.
Real.
Eiren dio un paso adelante.
—Astraea —pensó—.
—Ahora entiendo qué tocaste.
El Vacío no lo observaba.
Lo registraba.
Y aun así, Eiren sonrió.
—Valió la pena.
Dio el último paso…
y desapareció dentro del portal, justo antes de que este colapsara sobre sí mismo, dejando el recinto destruido y el mundo un poco más consciente de algo terrible:
Alguien había entrado donde nadie debía entrar por sí solo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com