Alma vinculada al juego - Capítulo 48
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Capítulo 48: capitulo 46
Arthur se detuvo a mitad del camino.
No fue un dolor.
No fue una visión.
Solo una pausa involuntaria, como cuando alguien entra a una habitación sin hacer ruido y aun así sabes que no estás solo.
Frunció el ceño.
—…Sophia.
Ella no respondió de inmediato.
No porque no quisiera.
Sino porque estaba revisando algo.
—¿Sentiste eso? —preguntó Arthur, sin saber bien cómo formularlo.
Sophia tardó un segundo más de lo normal.
—Sí —respondió finalmente, con un tono más bajo de lo habitual—.
—No fue una amenaza.
—Tampoco una señal directa.
Arthur apoyó una mano en el pecho.
—Entonces ¿qué fue?
Silencio breve.
—Un cruce —dijo Sophia—.
—Algo pasó de un lado a otro donde normalmente no pasa nada.
Arthur no se movió.
—¿Cerca?
—No —respondió ella—.
—Pero tampoco lejos.
Arthur exhaló lentamente.
—Genial… —murmuró—.
—Justo lo que necesitábamos.
Sophia añadió, casi como si no quisiera decirlo en voz alta:
—No fue natural.
—Y no fue accidental.
Arthur reanudó la marcha, pero su expresión había cambiado.
—Entonces alguien hizo algo estúpido —dijo—.
—O muy decidido.
Astraea
Astraea dejó de volar sin darse cuenta.
No cayó.
Simplemente… se quedó quieta en el aire.
Había sentido algo familiar, y eso era lo que más la inquietaba.
—No… —susurró.
No era una invocación.
No era un intento.
Era un paso.
Astraea cerró los ojos, buscando el rastro.
Estaba mal hecho.
Forzado.
Demasiado directo.
—Idiota… —murmuró—.
—Eso no se cruza así.
Abrió los ojos.
No había miedo en su rostro.
Había reconocimiento.
—Así que alguien más decidió mirar demasiado lejos.
Reanudó el vuelo, más rápido esta vez.
En el Vacío
Muy lejos de allí, donde no había cielo ni suelo como se entienden en ese mundo, algo cambió.
No el espacio.
No la forma.
La atención.
En distintos puntos del Vacío, separados por distancias que no podían medirse, cuatro tronos permanecían inmóviles.
Guerra.
Hambre.
Muerte.
Conquista.
No se levantaron.
No hablaron.
Pero algo fue distinto.
Uno de ellos apoyó el peso un poco más hacia adelante.
Otro dejó de ignorar el flujo constante que lo rodeaba.
No curiosidad.
No interés.
Reconocimiento mínimo.
Alguien había entrado.
Y eso, por sí solo, ya era suficiente para ser notado.
Arthur no tuvo que esperar mucho.
Astraea descendió frente a él sin ceremonia, como si el viaje no hubiera sido largo o como si la urgencia no le permitiera perder tiempo en saludos.
—Tú también lo sentiste —dijo ella, directa.
Arthur asintió.
—Algo cruzó —respondió—.
—No sabía qué… hasta ahora.
Astraea lo miró con atención, evaluándolo por un instante más de lo necesario.
—No fue cualquiera —dijo—.
—Alguien forzó un acceso al Vacío.
Arthur frunció el ceño.
—¿Forzó?
Astraea iba a responder cuando Sophia habló.
No solo en la cabeza de Arthur.
Esta vez, afuera.
—Confirmación cruzada —dijo con voz clara, ya sin el tono rígido de antes—.
—El evento no coincide con invocación estándar.
—Probabilidad alta: acceso dimensional directo.
Astraea giró ligeramente la cabeza hacia Arthur.
—¿Eso fue…?
Arthur suspiró.
—Sophia —dijo—.
—Normal.
Sophia hizo una pausa mínima.
—Estoy intentando sonar menos como un informe —añadió—.
—Gracias por la paciencia.
Astraea no comentó nada más.
Aceptó la explicación sin sorpresa.
—Quien lo hizo —continuó ella— sabía lo que hacía… o creyó saberlo.
—Ese tipo de cruce no se intenta sin un objetivo claro.
Arthur levantó la mirada.
—Eiren Valcross.
Astraea no lo negó.
—Ese nombre ya estaba cerca del límite —dijo—.
—Ahora lo cruzó.
Hubo un breve silencio.
No incómodo.
Práctico.
Arthur fue el primero en romperlo.
—Tenemos que movernos.
Astraea alzó una ceja.
—¿A dónde?
Arthur respondió sin dudar.
—A mi ciudad.
Astraea no mostró sorpresa.
Ni duda.
—Entonces existe de verdad —comentó—.
—Bien.
Sophia intervino, esta vez solo para Arthur.
—Si Eiren está en otra dimensión, el tiempo y las consecuencias son variables —dijo—.
—Retrasarnos no es recomendable.
Arthur asintió.
—Lo sé.
Miró a Astraea.
—Si algo sale mal… no quiero que pase lejos de los míos.
Astraea lo observó un segundo más.
—Tiene sentido —dijo finalmente—.
—Y si esto escala, será mejor tener un punto fijo.
Sin más palabras, ambos se pusieron en marcha.
No corriendo.
No huyendo.
Simplemente avanzando con la certeza de que alguien había hecho algo que no se podía deshacer.
Y que, cuando regresara…
el mundo no iba a ser el mismo.
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