Alma vinculada al juego - Capítulo 49
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Capítulo 49: capítulo 47 preparaciónes
La ciudad reaccionó antes de entender.
Las defensas se activaron por reflejo cuando una figura descendió desde el cielo junto a Arthur. No hubo pánico, pero sí tensión. Arqueros atentos. Magos en posición. Silencio controlado.
Arthur levantó una mano.
—Está conmigo.
Eso bastó.
Astraea tocó tierra sin esfuerzo, observando la ciudad con calma. No había sorpresa en su rostro, solo evaluación. Calles funcionales. Gente moviéndose sin caos. Guardias que no dudaban.
—Así que esta es —dijo—.
—No es improvisada.
Arthur no respondió. Ya caminaba.
La explicación que no se muestra
Se reunieron en la sala central.
Mora, Darían, Lyse, Kael, Akira… todos estaban allí. Nadie interrumpió mientras Arthur hablaba. Nadie hizo preguntas innecesarias. No porque no las tuvieran, sino porque entendieron que el tiempo importaba.
Arthur explicó lo ocurrido.
El cruce.
Eiren Valcross.
El Vacío.
Lo que implicaba que alguien hubiera entrado ahí.
Sophia intervino cuando fue necesario. No como sistema. Como voz.
Astraea corrigió solo lo imprescindible.
Cuando terminó, la sala quedó en silencio.
No de miedo.
De cálculo.
Preparativos
—Entonces esto no es una amenaza inmediata —dijo Mora—.
—Pero tampoco algo que podamos ignorar.
Arthur negó con la cabeza.
—No —respondió—.
—Es peor.
Todos lo miraron.
—Es algo que todavía no sabemos cómo va a volver.
Kael cruzó los brazos.
—¿Y qué hacemos?
Arthur fue claro.
—Nos preparamos.
Se enderezó.
—Refuercen perímetros.
—Redundancia en las barreras.
—Rotación constante de vigilancia.
—Nada de asumir que “no pasará aquí”.
Akira habló entonces.
—¿Y si vuelve diferente?
Arthur la miró.
—Entonces tendremos que serlo también.
Astraea asintió.
—No se trata de resistir un ataque —añadió—.
—Se trata de no colapsar cuando el mundo cambie un poco más de lo esperado.
Sophia cerró con calma.
—Probabilidad alta de eventos anómalos en aumento.
—Recomendación: estado de alerta prolongado.
Arthur respiró hondo.
—No quiero pánico —dijo—.
—Quiero preparación.
Los presentes asintieron uno a uno.
La reunión terminó sin discursos heroicos.
Sin promesas vacías.
Solo con una certeza compartida:
La ciudad ya no podía permitirse reaccionar tarde.
Y cuando lo que había cruzado regresara…
no encontraría un lugar desprevenido.
En el Vacío
Eiren estaba de pie.
Eso ya era extraño.
No había suelo como tal, pero algo bajo sus pies aceptaba su peso. No era firme ni inestable. Simplemente… estaba.
El Vacío no era oscuridad absoluta. Había formas lejanas, distorsionadas, como estructuras que no terminaban de existir. Corrientes de algo que no era energía pasaban a su alrededor sin tocarlo.
Eiren respiró.
Cada respiración costaba.
No por falta de aire, sino por resistencia.
—Así que este es el lugar —murmuró.
No hubo respuesta.
Avanzó un paso.
El entorno no cambió, pero la sensación sí. Como si algo hubiera anotado su movimiento.
Eiren se detuvo.
—No vine a llamar a nadie —dijo, con voz firme—.
—Solo a mirar.
Nada ocurrió.
Y aun así, Eiren supo algo con absoluta certeza:
No estaba solo.
Sonrió apenas.
—Bien.
Akira
Akira apretó los dientes.
El entrenamiento había sido intenso, pero eso no era lo que la estaba agotando. Era la presión. No externa. Interna.
Desde lo ocurrido en la batalla, algo en ella respondía… distinto.
—Concéntrate —se dijo.
Un guardia frente a ella lanzó un ataque controlado. No rápido. No fuerte.
Akira se movió para esquivarlo.
Falló.
El golpe se detuvo a un palmo de su rostro.
No porque el guardia se contuviera.
Sino porque el aire entre ambos se endureció.
El guardia retrocedió de inmediato.
—¿Qué fue eso…?
Akira miró su mano, temblando.
No estaba usando fuerza.
No estaba empujando.
Era como si, por un instante, el espacio hubiera decidido no dejar pasar nada.
Arthur, que observaba desde un costado, frunció el ceño.
—Akira.
Ella lo miró, incómoda.
—No lo hice a propósito.
Arthur se acercó.
—Eso es lo que me preocupa —dijo con calma—.
—Está saliendo cuando estás bajo presión.
Akira cerró el puño.
—No quiero perder el control.
Arthur negó.
—No lo estás perdiendo.
—Solo… todavía no sabes dónde empieza.
Akira respiró hondo.
A su alrededor, el ambiente volvió a la normalidad.
Pero por primera vez, lo supo con claridad:
Eso no iba a desaparecer.
Y cuando volviera a activarse…
no sería por accidente.
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