Alma vinculada al juego - Capítulo 54
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- Capítulo 54 - Capítulo 54: CAPÍTULO 52 Lo que permanece, lo que se rompe
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Capítulo 54: CAPÍTULO 52 Lo que permanece, lo que se rompe
El regreso
El regreso desde Lathariel no fue inmediato.
No porque el camino fuera largo, sino porque el tiempo no quería soltarlos de golpe.
Arthur fue el primero en notarlo.
Cada paso que daba sentía el mundo ajustándose a su presencia, como si el entorno midiera cuánto podía permitirle avanzar sin colapsar. No era comodidad. Era… tolerancia.
—Arthur —dijo Akira caminando a su lado—.
—Desde que salimos de esa ciudad… el aire se siente distinto.
Arthur asintió lentamente.
—No es el aire.
Sophia habló en su mente, con un tono más suave de lo habitual, menos mecánico.
—Confirmación.
—La bendición del Concepto del Tiempo ya está activa.
Arthur frunció el ceño.
—¿“Ya”?
—Sí —respondió Sophia—.
—No fue un evento aislado. Fue una reconfiguración continua.
Arthur se detuvo.
—Explícate.
Hubo una breve pausa, como si Sophia eligiera palabras que no solía usar.
—Antes, tu existencia avanzaba a pesar del flujo temporal.
—Ahora… el flujo te reconoce como una variable estable.
Arthur sintió un leve peso desaparecer de su pecho.
—¿Beneficios concretos?
—Tres iniciales —respondió Sophia—.
—Uno: tu desgaste en combates prolongados será menor. El tiempo ya no te “empuja” hacia el agotamiento con la misma rapidez.
—Dos: efectos que intenten acelerar, ralentizar o forzar tu estado tendrán menor impacto.
—Tres…
Arthur esperó.
—Tres —continuó Sophia—: en momentos críticos, dispondrás de una fracción adicional de reacción. No es velocidad. Es prioridad.
Arthur soltó una risa corta.
—Eso suena peligrosamente útil.
—Advertencia —añadió Sophia—.
—No es un poder ofensivo. No te salvará de errores.
—Nunca lo hace —respondió Arthur.
Akira los observaba en silencio.
No por desinterés.
Por intuición.
La ciudad que nota el cambio
Cuando la ciudad de Arthur apareció en el horizonte, la reacción fue inmediata.
No gritos.
No alarmas.
Expectación.
Las barreras reaccionaron primero, ajustándose solas, como si reconocieran una presencia que no necesitaba ser evaluada.
Uno de los capitanes murmuró:
—El núcleo… se estabilizó.
Arthur cruzó las puertas sin ceremonia.
Pero todos lo sintieron.
No como poder.
Como consistencia.
Sophia habló otra vez, esta vez permitiendo que su voz se filtrara al exterior, lo justo para que algunos la escucharan.
—La ciudad responde porque su líder ahora existe como un punto fijo en el flujo.
Algunos intercambiaron miradas.
Akira apretó los puños.
Ella también lo había sentido.
Y no le gustó del todo.
Akira — decisión
No fue una reunión.
No fue un discurso.
Fue una emergencia.
Un informe llegó desde uno de los sectores exteriores: una distorsión menor, similar a la que había enfrentado antes… pero esta vez había civiles atrapados.
Arthur iba a moverse.
Akira dio un paso al frente.
—Déjame ir a mí.
Arthur la miró con atención.
—No es un simulacro.
—Por eso mismo —respondió ella—.
—Si sigo reaccionando… nunca voy a estar preparada.
Arthur dudó.
Sophia intervino.
—Evaluación: Akira presenta una afinidad latente que se intensifica bajo presión real.
—Negarle exposición ahora retrasará su evolución.
Arthur cerró los ojos un segundo.
—Vuelve con vida.
Akira asintió.
La distorsión era inestable.
No un enemigo definido, sino una zona donde la realidad fallaba. Las personas atrapadas estaban paralizadas, incapaces de cruzar ese límite invisible.
Akira se acercó… y sintió resistencia.
No física.
Conceptual.
El espacio no quería dejarla pasar.
—Así que… —murmuró—.
—¿Esto es lo que soy?
Recordó el combate anterior.
Recordó cómo el entorno había respondido a su decisión.
Akira respiró hondo.
Y decidió algo distinto.
No forzó.
No atacó.
Renunció.
Renunció a controlar el resultado.
Aceptó que, si avanzaba, no podría volver atrás.
El mundo reaccionó.
No con violencia.
Con alineación.
La distorsión no desapareció… cedió.
Las personas pudieron moverse. El espacio dejó de resistirse.
Pero Akira cayó de rodillas.
Algo dentro de ella se había fijado.
No podría “apagarlo”.
Sophia habló, sorprendida.
—Confirmación…
—Akira ha establecido una condición permanente.
Arthur apareció a su lado.
—¿Qué hiciste?
Akira levantó la mirada.
Sus ojos eran los mismos.
Su presencia no.
—Elegí —dijo con voz firme—.
—Elegí no ser solo alguien que pelea.
Arthur entendió.
Sophia completó.
—Akira ya no reacciona al entorno.
—El entorno reacciona a ella.
Arthur la ayudó a levantarse.
—Eso tiene un costo.
—Lo sé —respondió Akira—.
—Pero ya no puedo volver a ser menos.
Dos caminos que avanzan
Esa noche, Arthur permaneció despierto.
No por preocupación.
Por claridad.
Sophia habló una última vez.
—Arthur…
—El Tiempo te permitirá permanecer.
—Akira ha elegido influir.
Arthur miró la ciudad desde lo alto.
—Entonces ninguno de los dos va a salir intacto.
—Correcto —respondió Sophia—.
—Pero ahora… ambos pueden llegar hasta el final.
Muy lejos de allí, en un lugar donde el tiempo no fluye igual, algo se movió.
No una amenaza.
Una respuesta.
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