Alma vinculada al juego - Capítulo 55
- Inicio
- Todas las novelas
- Alma vinculada al juego
- Capítulo 55 - Capítulo 55: CAPÍTULO 53 Nombre propio para la Conquista
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 55: CAPÍTULO 53 Nombre propio para la Conquista
El Vacío no era silencio.
Era presión constante.
No oscuridad, sino un espacio donde la existencia se sostenía solo porque así lo decidía algo más fuerte. Allí no había arriba ni abajo, solo tronos dispersos en una extensión imposible, separados por distancias que no se medían en metros.
Eiren Valcross caminaba.
No flotaba.
No se teletransportaba.
Caminaba porque quería que cada paso tuviera peso.
A su lado, avanzaba una figura que no necesitaba forma fija, pero la mantenía por costumbre: armadura fragmentada, bordes afilados como decretos, y una presencia que doblaba la voluntad de todo lo que se acercaba demasiado.
El Jinete de la Conquista.
—Sigues avanzando hacia algo que no está obligado a escucharte —dijo la Conquista, sin voltear—.
—La Guerra no negocia.
Eiren sonrió.
—Tampoco yo.
Siguieron avanzando.
El espacio comenzó a tensarse. No como advertencia. Como reconocimiento. El Vacío sabía que dos fuerzas caminaban hacia una tercera, y ninguna tenía intención de ceder.
Eiren rompió el silencio.
—Te lo diré de una vez —dijo, con tono casual—.
—Quiero este mundo.
La Conquista giró ligeramente la cabeza.
—Eso no es nuevo.
—No como reino —continuó Eiren—.
—No como imperio.
—Como algo que no pueda volver a desobedecer.
La Conquista emitió algo parecido a una risa.
—Hablas como si no supieras lo que eso provoca.
—Lo sé —respondió Eiren—.
—Por eso elimino todo lo que estorba.
El Jinete se detuvo.
El espacio alrededor reaccionó de inmediato.
—¿Incluidos los tuyos? —preguntó.
Eiren se detuvo también.
—Incluido yo, si es necesario.
Hubo un breve silencio.
Luego, la Conquista volvió a avanzar.
—Entonces no eres un rey —dijo—.
—Eres un vector.
Eiren chasqueó la lengua.
—¿Ves? Por eso me molesta llamarte “Jinete de la Conquista” todo el tiempo.
—Es largo.
—Y suena… distante.
La Conquista se detuvo por completo.
—No necesito nombre.
—Claro que sí —respondió Eiren—.
—Todo lo que marcha conmigo necesita uno.
El Jinete lo miró de frente.
No con hostilidad.
Con curiosidad peligrosa.
—¿Y qué harás? —preguntó—.
—¿Nombrarme como posesión?
Eiren negó con la cabeza.
—No.
—Te nombro como fuerza.
Pensó un instante.
—A partir de ahora… te llamaré Kaelthar.
El Vacío reaccionó.
No con aprobación.
Con registro.
Kaelthar.
El Jinete de la Conquista no respondió de inmediato.
Luego habló.
—Ese nombre… implica avance sin retorno.
Eiren sonrió.
—Exactamente.
Continuaron.
El entorno empezó a cambiar.
No visualmente.
Conceptualmente.
Cada paso era más pesado. El Vacío no resistía… observaba.
Entonces ocurrió.
No un rugido.
No una explosión.
Un latido.
Uno solo.
Pero fue suficiente.
Kaelthar se detuvo al instante.
—Nos ha notado.
Eiren alzó la vista.
A lo lejos, un trono comenzó a definirse.
No apareció.
Siempre había estado ahí.
Un trono de hierro ennegrecido, cubierto de cicatrices, armas incrustadas, estandartes rotos de guerras que no pertenecían a ningún mundo conocido.
Sobre él, una figura sentada.
Inmóvil.
No por calma.
Por dominio absoluto.
—Así que ese es —murmuró Eiren—.
—El Jinete de la Guerra.
Kaelthar habló con seriedad absoluta.
—No confundas esto.
—Conquista avanza.
—Guerra arrastra.
El espacio alrededor del trono empezó a distorsionarse.
No por energía.
Por preparación.
Cada arma incrustada vibró levemente.
La figura no se levantó.
No lo necesitaba.
Eiren dio un paso más.
—No vengo a pedirle que marche conmigo —dijo en voz alta—.
—Vengo a demostrarle que resistirse es inútil.
El trono respondió.
No con palabras.
Con intención.
El Vacío se partió en líneas de tensión.
Kaelthar extendió una mano, y detrás de él se desplegaron símbolos, ejércitos conceptuales, voluntades conquistadas listas para marchar.
—Si cruzamos este punto —dijo—.
—No habrá retirada.
Eiren avanzó.
—Nunca la hubo.
El Jinete de la Guerra se movió por primera vez.
No se levantó.
El mundo se inclinó hacia él.
Y en ese instante, antes del primer golpe, antes de la primera guerra…
El Vacío contuvo la respiración.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com