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Alma vinculada al juego - Capítulo 56

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Capítulo 56: CAPÍTULO 54 Donde la Guerra recuerda quién es

El primer paso dentro del territorio de la Guerra no fue un movimiento.

Fue una declaración.

El Vacío dejó de ser neutral.

Las distancias se comprimieron, los tronos lejanos se volvieron irrelevantes y todo lo existente quedó reducido a un solo escenario: el espacio frente al trono de hierro ennegrecido.

Kaelthar lo sintió de inmediato.

—Este lugar ya no nos tolera —dijo con voz grave—.

—Nos acepta… porque quiere pelea.

Eiren avanzó sin detenerse.

—Perfecto.

Entonces, el Jinete de la Guerra se levantó.

No hubo explosión.

No hubo despliegue de energía.

El acto mismo de ponerse de pie hizo que el Vacío crujiera, como si algo demasiado pesado acabara de recordar que podía moverse.

Su figura era más definida que la de Kaelthar.

No por forma.

Por intención.

Armadura marcada por incontables impactos, no reparada, sino conservada como registro. Cada arma incrustada en su trono flotó lentamente a su alrededor, girando como lunas de acero.

Sus ojos se posaron primero en Kaelthar.

—Hermano —dijo.

Una sola palabra.

Pero pesó más que cualquier discurso.

Kaelthar inclinó apenas la cabeza.

—Guerra.

Luego, la mirada cayó sobre Eiren.

No curiosidad.

No desprecio.

Evaluación.

—Tú no perteneces aquí —afirmó Guerra.

Eiren sonrió.

—Todavía.

La respuesta fue inmediata.

Guerra dio un paso.

Ese paso partió el escenario.

No el suelo —porque no había suelo— sino el concepto de estabilidad. El Vacío se quebró en capas, cada una vibrando con una frecuencia distinta.

Kaelthar reaccionó primero.

—Dominio de Conquista: Marcha Absoluta.

Detrás de él, símbolos ardieron. No ejércitos físicos, sino voluntades sometidas, mundos caídos, decisiones forzadas a avanzar. Todo eso se convirtió en presión dirigida.

Guerra respondió con un puñetazo.

No hacia Kaelthar.

Hacia el frente.

El golpe chocó contra la Marcha… y la rompió.

No la anuló.

La atravesó.

El impacto resonó en todo el Vacío.

Literalmente.

El espacio vibró como una campana gigantesca.

Eiren apareció al costado, su cuerpo cubierto de fórmulas y runas que se reorganizaban sin cesar.

—Reescritura Forzada: Realidad de Dominio.

El entorno obedeció.

Por un instante, Guerra estuvo rodeado de reglas impuestas: gravedad invertida, vectores colapsados, causalidad alterada.

Guerra exhaló.

Las reglas se hicieron añicos.

—No me das órdenes —dijo—.

—Ni siquiera aquí.

Se movió.

No rápido.

Inevitable.

Kaelthar interceptó, su cuerpo expandiéndose, su presencia duplicándose en múltiples frentes.

—Conquista Múltiple: Sometimiento en Cadena.

Cada impacto suyo llevaba una condición: cede, avanza, obedece.

Guerra recibió todos los golpes.

Y sonrió.

Por primera vez.

—Siempre fuiste así, hermano —dijo mientras atrapaba a Kaelthar del cuello—.

—Creyendo que avanzar es ganar.

Apretó.

El Vacío se comprimió alrededor del agarre.

Eiren actuó de inmediato.

—Anulación Total: Vacío Consumidor.

Una ola de negación pura barrió el área. Energía, conceptos, incluso intención fueron absorbidos y destruidos.

Guerra soltó a Kaelthar… y dio un paso atrás.

Por primera vez.

El Vacío quedó en silencio.

—Interesante —admitió Guerra—.

—No eres débil.

Eiren respiraba con dificultad.

—Nunca lo he sido.

Guerra levantó el brazo.

Las armas flotantes se alinearon.

—Entonces recuerda esto.

El brazo descendió.

—Guerra no negocia. Guerra termina.

El ataque cayó.

No fue un rayo.

No fue una explosión.

Fue una guerra completa condensada en un solo instante.

Batallas, muertes, colisiones de mundos… todo comprimido y liberado.

Kaelthar y Eiren bloquearon juntos.

El choque hizo que todo el Vacío resonara, como si hubiera sido golpeado desde dentro.

En otro lugar.

Muy lejos.

Arthur se detuvo de golpe.

Se llevó una mano al pecho.

—Sophia… —murmuró.

Ella respondió, seria.

—Confirmación.

—Se ha producido un impacto de escala superior.

—Origen: dimensión del Vacío.

—Arthur… alguien está peleando al nivel de los Jinetes.

Arthur cerró los ojos.

Lo sintió.

No como dolor.

Como advertencia.

De vuelta en el Vacío, las tres figuras permanecían de pie.

Heridas.

Pero firmes.

Guerra los observó a ambos.

—Si vienen por mí… —dijo—.

—Prepárense para perderlo todo.

Kaelthar dio un paso al frente.

—Entonces marcharemos.

Eiren sonrió, sangre cayendo por su mentón.

—Esto recién empieza.

El Vacío volvió a respirar.

La guerra había sido reconocida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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