Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Alma vinculada al juego - Capítulo 57

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Alma vinculada al juego
  4. Capítulo 57 - Capítulo 57: CAPÍTULO 55 La ley antes del nombre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 57: CAPÍTULO 55 La ley antes del nombre

El Vacío no sanaba.

Las cicatrices del enfrentamiento anterior seguían abiertas, flotando como grietas en una realidad que no estaba hecha para soportar guerras de ese nivel. Cada una de ellas vibraba, resonando con ecos de batallas pasadas, como si el propio espacio recordara haber sido destruido demasiadas veces.

Kaelthar avanzó un paso.

—Esto basta —dijo con voz firme—.

—La Guerra ya nos ha respondido.

Frente a ellos, el Jinete de la Guerra permanecía erguido.

No respiraba con dificultad.

No mostraba desgaste.

Su armadura estaba agrietada, sí, pero esas marcas no eran daño: eran memoria. Cada golpe recibido, cada impacto soportado, había quedado registrado como prueba de que seguía invicto.

—¿Basta? —repitió Guerra con voz profunda—.

—Apenas he comenzado.

Las armas flotantes a su alrededor se alinearon, apuntando al frente como un juicio inevitable. El Vacío reaccionó al instante, tensándose, preparándose para otro choque que podría desgarrarlo por completo.

Kaelthar frunció el ceño.

—Si seguimos aquí, este lugar colapsará —advirtió—.

—No obtendremos nada más.

Guerra dio un paso adelante.

Ese solo gesto hizo que las grietas se expandieran.

—Entonces márchense —dijo—.

—O quédense y terminen esto.

Fue entonces cuando Eiren habló.

—No.

Ambos Jinetes giraron la cabeza hacia él.

Eiren estaba de pie, ligeramente inclinado hacia adelante. Su respiración era pesada, su cuerpo mostraba el costo de haber forzado sus límites una y otra vez, pero sus ojos… sus ojos estaban claros.

Demasiado claros.

—No nos iremos —continuó—.

—Y esto tampoco termina aquí.

Guerra lo observó con detenimiento.

—Tú sigues hablando —dijo—.

—Como si aún tuvieras algo que mostrar.

Eiren sonrió apenas.

—Lo tengo.

Extendió la mano.

No hubo explosión de energía.

No hubo acumulación visible de poder.

El Vacío no fue empujado.

Fue silenciado.

—Lex Primordialis —pronunció Eiren.

El efecto fue inmediato y absoluto.

No una onda expansiva.

No una imposición violenta.

Las cosas simplemente… dejaron de ser lo que eran.

La espada más cercana a Guerra perdió su filo al instante, no porque se rompiera, sino porque recordó cuando aún no era arma. El aire frente a Eiren se volvió denso, no como barrera, sino como materia que había olvidado su ligereza.

Guerra frunció el ceño.

Intentó avanzar.

Su pie no se movió.

No porque algo lo sujetara.

Sino porque el concepto de avance había sido redefinido por un instante.

—¿Qué hiciste…? —murmuró.

Kaelthar abrió los ojos con sorpresa contenida.

Esto no era Conquista.

No era dominación.

Era algo anterior.

Eiren dio un paso al frente.

Cada paso reforzaba la presión, no sobre el cuerpo de Guerra, sino sobre la definición misma de la batalla.

—No estoy anulando tu poder —dijo Eiren con calma—.

—No estoy reescribiéndote a ti.

Se detuvo frente al Jinete.

—Estoy recordándole a este conflicto lo que era… antes de llamarse guerra.

Guerra apretó los dientes.

Por primera vez, sintió resistencia conceptual.

Sus ataques no fallaban.

Simplemente… no encontraban qué ser.

—Esto no es una orden —gruñó—.

—Ni una jaula.

—Exacto —respondió Eiren—.

—Es una ley anterior a todas las demás.

El Vacío respondió mostrando fragmentos: mundos en formación, conflictos antes de convertirse en guerras, violencia aún sin nombre. No eran ilusiones; eran estados primarios de la existencia.

—Yo no gano esta batalla —continuó Eiren—.

—Pero tampoco tú.

La presión duró apenas unos segundos más.

Luego Eiren bajó la mano.

Lex Primordialis se disipó.

El Vacío volvió a respirar.

Guerra dio un paso atrás.

Uno solo.

Pero fue suficiente.

Silencio.

Luego, el Jinete de la Guerra rió.

Una risa profunda, sincera, peligrosa.

—Ahora lo entiendo —dijo—.

—Tú no buscas vencer la guerra.

Eiren sostuvo su mirada.

—Busco usarla.

Guerra se enderezó por completo.

—Hermano —dijo mirando a Kaelthar—.

—Este humano no nos domina.

Kaelthar asintió lentamente.

—Nos precede.

Guerra volvió su atención a Eiren.

—Si camino contigo —dijo—.

—No frenaré.

—No mediré consecuencias.

—Nunca lo esperaría —respondió Eiren—.

—Te necesito completo.

Guerra sonrió.

—Entonces te seguiré.

El Vacío reaccionó, no con tensión, sino con aceptación.

Eiren exhaló lentamente.

—Una cosa más —añadió—.

—No pienso llamarte “Guerra” todo el tiempo.

El Jinete arqueó una ceja.

—¿Nombre?

—Areskhan —dijo Eiren.

El nombre cayó pesado.

Areskhan cerró los ojos un instante.

Cuando los abrió, asintió.

—Ese nombre exige conflicto.

Kaelthar dio un paso adelante.

—Entonces marchamos los tres.

Eiren alzó la mano.

El portal se abrió sin resistencia.

En el mundo de Arthur

Arthur se llevó una mano al pecho.

No por dolor.

Por presión.

Sophia habló con claridad inusual.

—Arthur…

—Algo ha cambiado.

Akira levantó la vista.

—Lo siento —dijo—.

—Viene algo que no estaba antes.

Arthur apretó el puño.

—Entonces que venga preparado.

El cielo comenzó a oscurecerse.

No por nubes.

Por presencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo