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Alma vinculada al juego - Capítulo 58

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Capítulo 58: CAPÍTULO 56 El movimiento inicial

Eiren no perdió tiempo.

No porque tuviera prisa, sino porque quien domina no espera.

Tras su llegada al mundo, no hubo discursos ni demostraciones innecesarias de poder. Simplemente dio un paso… y el espacio respondió. La distancia dejó de ser un obstáculo y el paisaje se plegó ante su voluntad.

Su territorio apareció ante ellos.

Un dominio que no necesitaba muros para imponer respeto. La tierra estaba marcada por cicatrices antiguas: restos de guerras pasadas, magia petrificada en el aire, y una atmósfera que obligaba a cualquier intruso a bajar la cabeza.

Kaelthar observó con atención.

—Este lugar ya está sometido —dijo—.

—No por fuerza bruta, sino por permanencia.

Areskhan, el Jinete de la Guerra, sonrió apenas.

—Un campo de batalla que ya decidió su resultado.

Eiren avanzó sin responder.

En el centro del territorio, aguardaba Nyssara.

La Rey Demonio controlada permanecía de pie, inmóvil, como una estatua viva. Sus ojos brillaban con una luz carmesí constante, y su presencia era la de un arma enfundada, lista para ser desenvainada cuando se le ordenara.

Cuando Eiren se acercó, Nyssara se arrodilló de inmediato.

—Mi señor —dijo, sin vacilación—.

—El territorio permanece estable. No ha habido rebeliones significativas.

Eiren la miró con detenimiento.

—Levántate —ordenó.

Nyssara obedeció al instante.

Eiren se giró hacia los Jinetes.

—Ella es la Rey Demonio de este territorio —dijo—.

—Su voluntad me pertenece.

Kaelthar evaluó a Nyssara con una mirada afilada.

—Un rey convertido en pieza —comentó—.

—Eficiente.

Areskhan dio un paso al frente.

La presión que emanó de él fue suficiente para hacer que el suelo crujiera.

Nyssara tensó el cuerpo por reflejo. No retrocedió, pero su instinto gritaba.

—Interesante —dijo el Jinete de la Guerra—.

—Un gobernante que aún respira… pero ya no decide.

Eiren no intervino.

—Este mundo se construye sobre jerarquías —continuó—.

—Y las jerarquías solo funcionan si alguien acepta estar arriba.

Nyssara bajó la cabeza.

—Estoy preparada para cumplir cualquier orden.

Eiren asintió.

—Por ahora, observa —dijo—.

—Pronto entenderás por qué estos dos no son simples aliados.

Kaelthar y Areskhan no reaccionaron.

No necesitaban presentaciones formales.

Ellos no exigían respeto.

Lo tomaban.

Mientras tanto…

El resto del mundo ardía en pánico contenido.

En el Reino de Altherys, las torres de observación mágica activaron todos sus cristales a la vez. Los magos reales cayeron de rodillas cuando las lecturas se dispararon más allá de cualquier escala conocida.

—Esto no es un demonio mayor… —susurró uno—.

—Esto es algo que no debería estar aquí.

En el Imperio de Varkuun, el Emperador recibió el informe en silencio. Cuando terminó de leerlo, cerró los ojos.

—Tres presencias —dijo—.

—Una ya conocida… y dos que no responden a ninguna clasificación.

—¿Ordenamos movilización? —preguntó un general.

El Emperador negó lentamente.

—Movilizar tropas contra algo que no entiende el concepto de ejército…

—sería suicidio.

Las iglesias reaccionaron con aún más violencia.

En el Gran Santuario Solar, las campanas sagradas sonaron sin que nadie las tocara. Los sacerdotes entraron en pánico cuando las reliquias comenzaron a agrietarse.

—¡Es una blasfemia! —gritó un obispo—.

—¡Tres entidades que no responden a los dioses!

—No —corrigió una anciana sacerdotisa—.

—Es peor.

Se giró hacia el altar principal.

—Son entidades que no los necesitan.

En la Iglesia del Juicio Eterno, el sumo inquisidor apretó los puños.

—Los Jinetes… —murmuró—.

—Las escrituras hablaban de ellos como presagios, no como actores.

—Entonces las escrituras estaban incompletas —respondió otro—.

—Porque han pisado el mundo.

De vuelta en la ciudad de Arthur…

Sophia terminó de analizar las ondas mágicas que recorrían el continente.

—Los reinos ya lo saben —dijo—.

—Y las iglesias también.

Arthur no se sorprendió.

—No podían ignorarlo.

Akira apretó los dientes.

—Eso significa cacerías —dijo—.

—Fanáticos. Ejércitos. Intentos desesperados de control.

Arthur asintió.

—Y errores —añadió—.

—Muchos errores.

Astreia miró al cielo.

—¿Eiren ya se movió?

Sophia respondió.

—Sí.

—Ha regresado a su territorio.

Arthur cerró los ojos un segundo.

—Entonces esto ya empezó de verdad.

Abrió los ojos, firmes.

—No se trata de si habrá guerra —dijo—.

—Sino de quién decidirá cómo ocurre.

A lo lejos, en el territorio de Eiren, Nyssara aguardaba órdenes.

Y tres voluntades que podían quebrar el mundo…

comenzaban a alinearse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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