Alma vinculada al juego - Capítulo 59
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- Capítulo 59 - Capítulo 59: CAPÍTULO 57 El error que exige sangre
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Capítulo 59: CAPÍTULO 57 El error que exige sangre
El error no fue sutil.
Fue arrogante.
En el Reino Santo de Heliovar, la Iglesia del Alba Radiante tomó una decisión que llevaba décadas postergando: actuar primero, preguntar después.
—Si permitimos que esas entidades existan sin respuesta divina —declaró el Arzobispo Solar—, el mundo asumirá que los dioses han perdido autoridad.
La sala del concilio estaba llena. Paladines, inquisidores, altos clérigos. Todos asentían.
—Atacaremos el territorio de Eiren —continuó—.
—No para vencerlo… sino para marcarlo como hereje absoluto.
Un mago intentó hablar.
—Las lecturas indican que no es solo él. Hay—
—Silencio —ordenó el Arzobispo—.
—La fe no necesita mediciones.
Y así, la Iglesia cometió su primer y último error.
Un ejército sagrado cruzó la frontera al amanecer.
Banderas benditas. Armas consagradas. Himnos.
No encontraron resistencia.
Avanzaron…
y el mundo cerró los ojos.
En el territorio de Eiren, Nyssara recibió la información en silencio.
—Han cruzado la frontera —dijo—.
—Portan símbolos sagrados. Su objetivo es “purificar”.
Eiren no se movió.
—¿Opiniones? —preguntó, sin emoción.
Kaelthar sonrió.
—Un intento de definición —dijo—.
—Quieren decidir qué eres.
Areskhan no habló.
Solo observó el horizonte.
Eiren se giró hacia Nyssara.
—Ve —ordenó—.
—Haz que entiendan la diferencia entre fe… y poder.
Nyssara inclinó la cabeza.
—Como ordenes.
El aire se desgarró cuando desapareció.
El ejército sagrado nunca vio venir el ataque.
Nyssara cayó desde el cielo como una sentencia.
No habló.
No declaró guerra.
Actuó.
El primer golpe desintegró la vanguardia. No hubo sangre. Solo ausencia. Los cuerpos dejaron de existir donde la magia demoníaca los tocó.
Los paladines intentaron reaccionar.
Las bendiciones fallaron.
—¡No responde! —gritó uno—.
—¡La luz no responde!
Nyssara avanzó caminando.
Cada paso suyo convertía el terreno en ruinas negras.
Cada gesto arrancaba almas de sus cuerpos.
No era una masacre caótica.
Era una limpieza.
Cuando el Arzobispo intentó invocar un milagro mayor, Nyssara lo atravesó con una lanza de energía pura.
—Tu dios no está aquí —dijo por primera vez—.
—Mi señor, sí.
El Reino Santo de Heliovar dejó de existir ese día.
La noticia se propagó como veneno.
En la ciudad de Arthur, el impacto fue inmediato.
—Una iglesia entera… —murmuró alguien—.
—Borrada.
Sophia habló con gravedad.
—Nyssara actuó por orden directa de Eiren.
—Esto no fue advertencia. Fue precedente.
Arthur apretó los puños.
—Esto va a escalar.
Akira ya estaba de pie.
—Entonces no podemos dejarla seguir.
Arthur la miró.
—Akira—
—No —interrumpió—.
—Si nadie la detiene, esto se vuelve exterminio.
Astreia frunció el ceño.
—Nyssara no es alguien que puedas enfrentar sola.
Akira miró a Mora.
—No estaré sola.
Mora asintió sin dudar.
—Puedo llevarnos —dijo—.
—No a un lugar… sino a donde esté ocurriendo la matanza.
Sophia intervino.
—Akira… si haces esto, Eiren te notará.
Akira sonrió, tensa.
—Entonces que lo haga.
Mora extendió la mano.
El espacio no se dobló.
El concepto respondió.
—Tránsito Axiomático —susurró.
No eligió coordenadas.
Eligió una verdad:
“Donde la destrucción demoníaca está ocurriendo ahora mismo.”
El mundo desapareció.
Nyssara sintió la llegada antes de verla.
Akira apareció frente a ella, espada en mano, respirando con dificultad. Mora cayó a su lado, estabilizando el portal conceptual.
—Aléjate de ellos —ordenó Akira.
Nyssara se detuvo.
Por primera vez… sonrió.
—Así que tú eres —dijo—.
—La que decidió intervenir.
—Esto termina aquí.
Nyssara inclinó la cabeza ligeramente.
—No —respondió—.
—Esto es exactamente donde empieza.
Muy lejos de allí, Eiren abrió los ojos.
Sophia lo sintió.
Arthur también.
—Akira… —murmuró Arthur.
Eiren sonrió.
—Interesante —dijo en voz baja—.
—Ella eligió moverse.
La atención del mundo más peligroso…
acababa de caer sobre ella.
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