Alma vinculada al juego - Capítulo 60
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Capítulo 60: CAPÍTULO 58 La Conquista no pregunta
Nyssara se arrodilló.
No por debilidad.
Por protocolo.
Eiren no estaba sentado en ningún trono. Permanecía de pie, observando un mapa vivo del mundo: líneas de influencia, puntos de resistencia, zonas que pronto dejarían de existir.
—Interferencia confirmada —dijo Nyssara—.
—Akira. La humana sin sistema.
—Sobrevivió.
Kaelthar sonrió levemente.
—Interesante.
Nyssara continuó:
—Solicito permiso para eliminarla.
—Su afinidad representa una anomalía creciente.
Eiren no respondió de inmediato.
Giró ligeramente el rostro.
—¿Qué opinas tú? —preguntó a Kaelthar.
El Jinete de la Conquista cruzó los brazos.
—Matarla ahora sería… ineficiente.
—Ella ya ha elegido oponerse.
—Eso la hace más útil viva.
Nyssara frunció el ceño.
—Mi señor—
—No —interrumpió Eiren con calma absoluta—.
—No irás tú.
Nyssara alzó la mirada.
—¿Entonces…?
Eiren sonrió.
—Que vaya la Conquista.
Kaelthar dio un paso adelante.
El aire tembló.
—No para matarla —continuó Eiren—.
—Todavía.
—Quiero ver qué tan firme es su decisión… cuando esté sola.
Nyssara inclinó la cabeza.
—Entendido.
Akira apenas podía mantenerse en pie.
Cada respiración era un esfuerzo consciente. Pensamiento Acelerado seguía activo, no por ventaja, sino por supervivencia.
—Mora… —murmuró—.
—Ahora.
Mora asintió, pálida pero firme.
—Tránsito Axiomático —susurró—.
—A casa.
El concepto respondió.
El espacio comenzó a plegarse.
Y entonces…
Se rompió.
No colapsó.
Fue interceptado.
El mundo se volvió blanco por una fracción de segundo.
Akira sintió cómo algo cortaba la conexión conceptual.
—¿Qué…? —alcanzó a pensar.
El traslado ocurrió.
Pero incompleto.
Mora cayó al suelo de la ciudad de Arthur, jadeando, con el corazón a punto de explotar.
Akira no llegó.
Arthur se puso de pie de golpe.
El cristal frente a él —un artefacto de observación vinculado a Sophia— mostraba estática.
—¡Akira! —gruñó.
Sophia intentó recalibrar.
—Interferencia absoluta —dijo—.
—Origen: entidad conceptual mayor.
La imagen se estabilizó… solo un segundo.
Arthur vio la silueta.
Alta.
Elegante.
Una presencia que no necesitaba imponerse.
Kaelthar.
El Jinete levantó lentamente la cabeza.
Y miró directamente al cristal.
Arthur sintió una presión brutal en el pecho.
—Arthur —dijo Sophia con urgencia—.
—Ha detectado el canal.
Kaelthar levantó una mano.
No apuntó.
No atacó.
Decidió.
El cristal se agrietó desde dentro.
No estalló.
Se volvió inútil.
—Conexión perdida —susurró Sophia—.
Arthur apretó los dientes hasta sangrar.
—Maldito…
El lugar volvió al silencio.
Akira estaba sola.
El aire pesaba distinto. No hostil. Dominante.
Kaelthar dio un paso adelante.
Cada pisada afirmaba una verdad simple:
Este lugar me pertenece mientras esté aquí.
—Tu compañera escapó —dijo—.
—Eso fue intencional.
Akira forzó su cuerpo a mantenerse erguido.
—Entonces… —dijo con voz ronca—.
—¿Vienes a matarme?
Kaelthar la observó con interés genuino.
—No.
Otro paso.
—Vengo a ver si realmente elegiste esto.
—O si solo reaccionaste.
Pensamiento Acelerado gritaba advertencias imposibles de procesar.
Probabilidad de victoria: 0%
Probabilidad de supervivencia: indeterminada
Akira cerró el puño.
—No retrocedo.
Kaelthar sonrió.
No como un demonio.
Como un conquistador que ya decidió el resultado.
—Bien —dijo—.
—Entonces empecemos.
El mundo contuvo la respiración.
Akira y Kaelthar quedaron frente a frente.
Sin escape.
Sin testigos.
Solo decisión.
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