Alma vinculada al juego - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - Capítulo 65: CAPÍTULO 63 Hambre, nombres y lo inevitable
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Capítulo 65: CAPÍTULO 63 Hambre, nombres y lo inevitable
Hambre observaba a Arthur como si fuera un acertijo mal planteado.
No con hostilidad.
No con hambre.
Con curiosidad genuina.
—Sabes —dijo, rascándose la nuca—, ya entiendo por qué mis hermanos siempre terminan obsesionándose con ciertas cosas.
Arthur frunció el ceño.
—¿Eso debería preocuparme?
—Probablemente —respondió Hambre con una sonrisa tranquila—. Pero no ahora.
Akira se sentó en el aire, literalmente, cruzando las piernas.
—Explícate antes de que Arthur saque conclusiones raras.
Hambre asintió.
—Los humanos normales… —comenzó— son recipientes.
—Algunos más grandes, otros más frágiles, pero todos llenables.
Miró a Arthur directamente a los ojos.
—Tú no.
Arthur sintió un leve tirón en el pecho. No dolor. Reconocimiento.
—Tu poder —continuó Hambre— no intenta llenarse.
—Intenta vaciar.
Akira arqueó una ceja.
—Eso sonó bastante ominoso.
—Es hermoso —corrigió Hambre—.
—Arthur Gorman Void…
Arthur parpadeó.
—Espera, ¿cómo sabes—?
—Porque resuena conmigo —respondió Hambre con total naturalidad—.
—Tu vacío no devora.
—Despoja.
El Vacío alrededor de Arthur respondió con una vibración leve, como si asentara.
—Por eso no te afecta mi territorio —dijo Hambre—.
—Porque no tienes miedo a la carencia.
—La comprendes.
Arthur se quedó en silencio unos segundos.
—Genial —dijo al final—.
—Soy compatible con el Jinete del Hambre.
Akira soltó una carcajada.
—¡Eso explica muchas cosas!
—Oigan —protestó Arthur—.
Hambre rió suavemente.
—¿Ves? —dijo—.
—Esto es lo que me agrada de ustedes.
—No me miran como un concepto andante que debe ser destruido.
Arthur respiró hondo.
—Hablando de destruir… —dijo—.
—Eiren ya llevó a dos Jinetes a nuestro mundo.
—Les puso nombres.
Hambre se tensó apenas.
—¿A cuáles?
—Conquista y Guerra.
Silencio.
Luego Hambre suspiró.
—Ah…
—Eso va a terminar mal.
Akira inclinó la cabeza.
—¿“Mal” nivel destruir continentes o “mal” nivel borrar ideas?
—Sí —respondió Hambre.
Arthur apretó los dientes.
—Entonces seguramente planean destruir el mundo.
Hambre los miró a ambos… y luego sonrió.
—Entonces iré con ustedes.
Arthur y Akira hablaron al mismo tiempo.
—¿Qué?
—¿Así sin más?
—Claro —dijo Hambre encogiéndose de hombros—.
—Si destruyen ese mundo…
Se quedó mirando el Vacío, pensativo.
—¿Cómo se supone que voy a conocer más personas como ustedes?
Akira se quedó callada.
Arthur lo miró fijamente… y luego asintió.
—Bien.
—Vienes con nosotros.
Hambre parpadeó.
—¿Eso fue… fácil?
—No lo arruines —respondió Arthur.
Akira sonrió.
—Además, alguien tiene que detener a tus hermanos cuando se pongan intensos.
Hambre soltó una risa sincera.
—Entonces… —dijo—
—mis hermanos tienen nombres ahora.
Arthur lo miró.
—Sí.
—Quiero uno.
Akira chasqueó los dedos.
—¡Eso suena justo!
Arthur lo pensó unos segundos.
—Algo que no sea… obvio.
Hambre levantó una ceja.
—Agradecería eso.
Arthur habló con calma.
—Eryndor.
El Vacío reaccionó.
El nombre se asentó.
Hambre—Eryndor—abrió los ojos con sorpresa real.
—…Me gusta.
Y entonces—
El Vacío se quebró.
No explotó.
No rugió.
Simplemente cedió.
Desde lo alto—si es que podía llamarse cielo—descendió una figura.
Presencia absoluta.
Silencio forzado.
Arthur sintió cómo cada instinto gritaba.
Akira se levantó de inmediato.
Eryndor dejó de sonreír.
Ella tocó el suelo.
Cabello oscuro.
Mirada fría.
Belleza imposible.
Arthur tragó saliva.
—…¿La Muerte?
Ella levantó la mirada lentamente.
—Así me llaman.
La presión cayó como un juicio.
Los tres adoptaron posición de combate.
La Jinete de la Muerte los observó.
—Qué interesante —dijo—.
—Parece que llegué tarde…
Y el mundo contuvo la respiración.
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