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Alma vinculada al juego - Capítulo 68

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Capítulo 68: Capitulo 66 Lo que llegó con ellos

La ciudad no gritó.

Algunos soldados soltaron las armas.

Otros retrocedieron un paso.

La mayoría simplemente se quedó quieta, sin saber qué hacer.

Cuando Arthur cruzó el portal, lo notó de inmediato.

Las miradas.

Miedo.

Confusión.

Respeto forzado.

Akira apretó los dientes.

—Esto es malo… —murmuró—.

—Muy malo.

Nyxaria caminaba a su lado, observándolo todo con atención abierta.

No con frialdad.

Con interés.

—Es ruidoso —dijo—.

—Pero vivo.

Arthur la miró de reojo.

—¿Te molesta?

Ella negó lentamente.

—No.

—Nunca había visto tanta gente junta.

—Cada uno tiene un final distinto… es curioso.

Eryndor se mantuvo un poco más atrás.

—Hermana —dijo—.

—Estás afectando el entorno.

Nyxaria lo miró.

—Lo sé.

—Pero no estoy haciendo nada.

Y era verdad.

No liberaba poder.

No atacaba.

No imponía nada.

Aun así, la gente no se movía.

Arthur frunció el ceño.

—No es culpa tuya —dijo—.

—Es solo… lo que representas.

Nyxaria lo miró directamente.

—¿Eso te molesta?

Arthur negó.

—No.

—Pero sí va a llamar atención.

Como si el mundo hubiera escuchado—

Desde una de las murallas internas, alguien levantó la mano.

—¡Alto!

La voz fue clara. Firme. Entrenada.

Un grupo de soldados avanzó con cautela, lanzas al frente, escudos en alto.

No cargaron.

No atacaron.

Arthur los reconoció al instante.

—Es la guardia avanzada —dijo—.

—Kaelis está al mando.

Akira soltó el aire lentamente.

—Menos mal.

—Si era otro, ya nos estarían disparando.

Entre los soldados, un hombre dio un paso al frente.

Alto.

Cicatrices viejas.

La lanza apoyada en el suelo, pero lista.

—Arthur —dijo Kaelis, sin levantar la voz—.

—Llegas… acompañado.

Arthur asintió.

—Sí.

Kaelis miró a Eryndor primero.

Luego a Nyxaria.

No hubo miedo en su rostro.

Pero sí tensión.

—¿Aliados?

Arthur respondió sin rodeos.

—Sí.

Kaelis sostuvo la mirada unos segundos más.

Luego bajó la lanza apenas.

—Entonces la ciudad no atacará.

—Pero necesitamos explicaciones.

Nyxaria observó la escena con atención real.

—¿Él decide eso? —preguntó en voz baja.

—En parte —respondió Arthur—.

—Aquí nadie manda solo.

Nyxaria pareció considerar eso interesante.

Desde una torre cercana, runas se encendieron brevemente.

Un pulso suave recorrió el aire.

Arthur lo sintió.

En su mente, Sophia habló.

—Ruhn está activando análisis defensivo.

—No es hostil.

—Solo quiere entender qué eres… y qué no.

Arthur pensó la respuesta.

—Dile que no soy un problema.

—Eso ya lo sabe —respondió Sophia—.

—Pero ella no.

Arthur miró a Nyxaria.

—Te están observando —le dijo—.

—No para atacarte.

—Para aprender.

Nyxaria inclinó la cabeza.

—Eso está bien.

—Yo también estoy aprendiendo.

Dio un paso más… y esta vez nadie retrocedió.

Algunos soldados tensaron el cuerpo.

Otros apretaron los dientes.

Pero se quedaron firmes.

Nyxaria notó el cambio.

—Mira —dijo, casi satisfecha—.

—Ya no se movieron.

Akira sonrió de lado.

—Progreso.

Desde una calle lateral, una figura apareció de golpe, como si el espacio se hubiera doblado.

—Arthur.

Mora.

Se detuvo en seco al ver a Nyxaria… y a Eryndor.

—…Vaya.

Arthur levantó una mano.

—Todo bien.

Mora parpadeó.

—Eso dices tú siempre antes de que algo enorme pase.

Eryndor rió suavemente.

—Me agrada esta ciudad.

Nyxaria lo miró.

—A mí también.

—Tiene… resistencia.

Arthur exhaló despacio.

La ciudad no gritó.

No atacó.

No huyó.

Pero ya había aceptado algo:

Arthur había regresado.

Y no estaba solo.

La tensión no desapareció.

Solo se ordenó.

Los soldados se replegaron en formación, sin bajar las armas, pero tampoco apuntándolas.

Las runas de defensa siguieron activas, aunque estables.

La ciudad respiraba… con cuidado.

Kaelis dio una orden corta con la mano.

—Mantengan posiciones.

—Nadie actúa sin señal.

Luego miró a Arthur otra vez.

—Te estaban esperando.

Arthur asintió.

—Lo imaginé.

Desde el fondo de la plaza, alguien avanzó a paso rápido.

Túnica clara.

Bastón apoyado en el suelo con precisión medida.

Ruhn.

Sus ojos no se detuvieron en Arthur.

Fueron directo a Nyxaria.

No con miedo.

Con cálculo.

—Interesante… —murmuró—.

—La presión es constante, pero no agresiva.

Nyxaria ladeó la cabeza.

—¿Eso es bueno?

Ruhn parpadeó, sorprendido de que le hablara.

—Es… raro.

Arthur intervino.

—Ruhn, ella es Nyxaria.

—Aliada.

Ruhn asintió lentamente.

—Entonces agradeceré que se quede cerca de ti.

—Por seguridad de todos.

Nyxaria lo miró fijamente.

—No tengo problema con eso.

Desde otra calle, casi corriendo, apareció Lira.

Se detuvo de golpe al ver la escena.

—Arthur… —dijo—.

—¿Estás herido?

—No.

Ella soltó el aire… y entonces vio a Nyxaria.

La sanadora no retrocedió.

Pero sus manos temblaron apenas.

—Sientes… —murmuró—.

—Como si algo pudiera romperse solo por estar cerca.

Nyxaria bajó la mirada un segundo.

—No quiero romper nada.

Lira la miró con atención genuina.

—Entonces te quedas conmigo un rato.

—Por si acaso.

Nyxaria levantó la vista.

—¿Eso es una orden?

—No —respondió Lira—.

—Es una invitación.

Nyxaria pensó unos segundos… y asintió.

—Está bien.

Akira abrió los ojos, sorprendida.

—Te ganaste a la sanadora en cinco segundos.

—Eso es nuevo.

Nyxaria no respondió.

Solo observó a Lira caminar a su lado.

Un poco más lejos, desde una terraza elevada, dos figuras observaban.

Astraea fue la primera en moverse.

Saltó desde la baranda sin miedo, descendiendo suavemente, como si el aire la sostuviera.

Aterrizó frente a Arthur.

—Sabía que volverías… —dijo—.

—Pero no así.

Sus ojos se posaron en Nyxaria.

No hubo rechazo.

Hubo reconocimiento.

—Así que tú eres —murmuró—.

Nyxaria la miró.

—¿Nos conocemos?

Astraea sonrió levemente.

—No.

—Pero entiendo de dónde vienes.

Nyxaria pareció interesarse de inmediato.

—¿De verdad?

—Sí —respondió Astraea—.

—Y también sé que no estarías aquí si Arthur no lo permitiera.

Arthur la miró.

—Confié en ella.

Astraea asintió sin dudar.

—Eso basta.

Desde la mente de Arthur, Sophia habló.

—Arthur.

—¿Qué pasa?

—La ciudad está aceptando la anomalía.

—No por comprensión.

—Por confianza en ti.

Arthur observó a su gente.

Soldados tensos.

Magos atentos.

Civiles mirando desde lejos.

—Eso es peligroso.

—Sí —respondió Sophia—.

—Pero también es liderazgo real.

Arthur apretó la mandíbula.

—¿Y Nyxaria?

—Ella no es el problema inmediato —dijo Sophia—.

—El problema será cuando el mundo entienda que la Muerte puede quedarse.

Arthur miró a Nyxaria.

Ella estaba escuchando a Lira explicar algo sobre heridas comunes.

Atenta.

Curiosa.

—¿Está bien? —preguntó Arthur mentalmente.

Sophia hizo una pausa.

—Está… contenta.

—Eso es nuevo.

—Y potencialmente inestable.

Arthur exhaló.

—Siempre lo complicado.

Nyxaria levantó la vista y lo vio mirándola.

—Arthur.

—¿Sí?

—¿Me quedaré aquí esta noche?

La pregunta fue directa.

Sin dramatismo.

Sin inseguridad exagerada.

Arthur respondió igual de directo.

—Sí.

Nyxaria asintió.

—Bien.

—Quiero seguir observando este lugar.

Akira se acercó.

—Oye.

—Si vas a quedarte…

—Vas a tener que acostumbrarte a miradas raras.

Nyxaria ladeó la cabeza.

—Mientras no me pidan que me vaya, puedo soportarlo.

Arthur la miró.

—Nadie te va a pedir eso.

La ciudad seguía en silencio.

Pero ya no era el silencio del miedo inicial.

Era el silencio de algo que se acomoda, con cuidado, alrededor de lo imposible.

Y muy lejos de ahí…

Otros ojos también observaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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