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Alma vinculada al juego - Capítulo 76

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Capítulo 76: CAPÍTULO 74 Lo que se prepara cuando no hay marcha atrás

Las campanas no volvieron a sonar.

No hacía falta.

La ciudad ya había entendido.

Arthur permaneció de pie en la plaza central mientras el eco del temblor anterior terminaba de disiparse. No miraba el cielo. Miraba a la gente. A los comerciantes que cerraban puestos sin que nadie se los pidiera. A los niños que eran tomados de la mano y llevados adentro. A los soldados que no esperaron órdenes para formar filas.

No había pánico.

Había aceptación.

—Cierren los accesos secundarios —ordenó Kaelis—.

—Pero mantengan las puertas principales visibles.

—No somos una fortaleza sitiada.

—Somos un punto firme.

La guardia se movió con precisión contenida. No corrían. No gritaban. Cada uno sabía su rol.

Arthur caminó hacia el centro de mando improvisado. Un mapa de la ciudad ya estaba extendido. Ruhn trazaba líneas de energía con los dedos, marcando zonas críticas.

—No vendrán todos a la vez —dijo el mago estratega—.

—Primero observarán.

—Luego probarán.

—Después justificarán.

Astraea asintió.

—Atacarán con “respuestas”.

—No con ejércitos.

Mora apareció junto a ellos.

—Ya hay ojos sobre nosotros —informó—.

—No espías comunes.

—Gente convencida de que hace lo correcto.

Arthur cerró los ojos un segundo.

Sophia habló en su mente.

—El conflicto ya no es territorial.

—Es narrativo.

—Si pierdes la historia, pierdes la ciudad incluso si resistes el asedio.

—Entonces no la perderemos —respondió Arthur en silencio—.

—La contaremos nosotros.

Abrió los ojos.

—Ruhn.

—Levanta barreras, pero que se vean.

—Quiero que sepan que estamos protegidos… no aislados.

—Entendido.

—Kaelis.

—Reorganiza la guardia.

—No quiero patrullas agresivas.

—Quiero presencia. Firme. Visible.

Kaelis sonrió con dureza.

—Como si estuviéramos diciendo “estamos aquí”.

—Sin pedir disculpas.

Arthur asintió.

Se giró hacia Astraea.

—Necesito que prepares círculos de contención.

—No para encerrar.

—Para resistir impactos que no entiendan reglas.

Astraea inhaló despacio.

—Eso implica aceptar que algo va a golpear.

—Lo sé.

Nyxaria permanecía un poco apartada.

No por orden.

Por elección.

Observaba a la ciudad con una atención casi dolorosa. Cada persona que pasaba, cada voz, cada gesto. Como si intentara memorizarlo todo antes de perderlo.

Eryndor se acercó a ella.

—No tienes que desaparecer —dijo—.

—No te lo han pedido.

—Aún —respondió Nyxaria—.

—Pero lo pensarán.

Eryndor se apoyó en una columna.

—Siempre piensan.

—Lo raro es cuando deciden.

Nyxaria apretó los labios.

—Yo no quiero decidir matar.

—Pero tampoco quiero irme.

Arthur se acercó.

—No te irás.

Ella lo miró, insegura.

—Ellos no van a entender eso.

—No —dijo Arthur—.

—Pero yo sí.

Se volvió hacia todos.

—Escuchen.

—No vamos a salir a “limpiar amenazas”.

—No vamos a demostrar poder.

—Vamos a existir.

Akira alzó una ceja.

—Eso suele enfurecer a la gente equivocada.

—Exacto.

Sophia intervino, proyectándose esta vez más allá de Arthur. Su voz no era fuerte. Era clara.

—Esta ciudad no será un arma.

—Será un límite.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue pesado.

Responsable.

Lira avanzó desde el fondo.

—Los refugios están listos.

—No para esconderse.

—Para aguantar.

Arthur asintió.

—Bien.

Mora reapareció, seria.

—Los caminos cambian.

—Algunos ya no llevan aquí.

—Otros llegan… demasiado fácil.

Ruhn levantó la vista.

—Eso significa que alguien está forzando probabilidades.

Arthur sonrió sin humor.

—Que lo intenten.

Miró la ciudad una vez más.

—No prometo que no sufriremos.

—No prometo que todos sobrevivirán.

Las miradas se clavaron en él.

—Pero prometo esto:

—Nadie aquí será sacrificado para que otros se sientan correctos.

Nyxaria sintió algo apretarle el pecho.

—Arthur… —murmuró—.

—Si me piden que me vaya…

—No te lo pediré.

Ella tragó saliva.

—Entonces me quedaré.

—Y si vienen…

—no destruiré esta ciudad.

Eryndor sonrió.

—Eso es más difícil que arrasarla.

—Bienvenida al verdadero caos.

En lo alto de una torre, una bandera fue izada.

No tenía símbolo divino.

No tenía emblema de conquista.

Solo un círculo incompleto.

Abajo, la ciudad respiraba.

Se organizaba.

Se endurecía.

Muy lejos de allí, alguien anotó:

“La ciudad no se rinde.”

Y en Nyssara, Eiren cerró el informe.

—Preparan defensas —dijo—.

—No ofensivas.

Kaelthar frunció el ceño.

—¿Eso no es un error?

Eiren negó lentamente.

—No.

—Es una declaración.

Apoyó la espalda en su trono.

—Cuando una ciudad decide no atacar…

—obliga al mundo a hacerlo.

Abrió los ojos, brillantes.

—Y el mundo nunca sabe hacerlo con cuidado.

La noche cayó sobre la ciudad de Arthur.

Y por primera vez…

nadie durmió creyendo que el mañana sería normal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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