Alma vinculada al juego - Capítulo 79
- Inicio
- Todas las novelas
- Alma vinculada al juego
- Capítulo 79 - Capítulo 79: Capítulo 77: Hermanos del Caos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 79: Capítulo 77: Hermanos del Caos
La dimensión se cerró detrás de ellos como una herida cauterizada.
No había cielo.
No había suelo.
Solo una extensión infinita de materia oscura solidificada, atravesada por corrientes de energía que parecían relámpagos congelados en el aire.
El jinete de la ciudad de Arthur cayó primero, clavando un pie en el vacío sólido y frenando su inercia con una onda expansiva que partió el espacio en fragmentos luminosos. Su armadura vibró, absorbiendo la energía residual del traslado dimensional.
Frente a él, flotando sin esfuerzo alguno, estaba su hermano.
El Jinete del Caos enviado por Eiren.
Su presencia aplastaba.
No por aura.
Por densidad.
Cada centímetro de su cuerpo concentraba una cantidad absurda de poder bruto, comprimido como una estrella a punto de colapsar.
—Así que este es el lugar que elegiste para morir —dijo, sonriendo—. Considerado… pero inútil.
El jinete de Arthur no respondió.
Activó su habilidad.
Habilidad Única: “Dominio de Inercia Absoluta”
El espacio alrededor de su cuerpo se deformó.
Toda fuerza que intentara actuar sobre él —impacto, aceleración, presión— quedaba reducida a cero durante una fracción infinitesimal de tiempo. No anulaba ataques. Los detenía en seco.
El jinete de Eiren atacó sin aviso.
Desapareció.
No fue velocidad común.
Fue supresión de distancia.
Apareció frente a su hermano con el puño ya extendido.
El impacto ocurrió…
y no ocurrió.
El puño quedó detenido a un milímetro del rostro del jinete de Arthur, el aire temblando como vidrio a punto de romperse.
—¿Qué…? —murmuró el jinete de Eiren.
El jinete de Arthur respondió con un golpe directo al torso.
No usó técnica.
No usó energía.
Solo fuerza concentrada.
El impacto lanzó al jinete de Eiren kilómetros atrás, atravesando capas enteras de materia dimensional como si fueran papel mojado.
Pero se detuvo en seco.
Rió.
—Interesante.
Su cuerpo se tensó.
Habilidad Única: “Motor de Ruina”
Cada célula de su cuerpo comenzó a sobreacelerarse, rompiendo sus propios límites físicos. No aumentaba poder mágico. Aumentaba potencia mecánica pura.
El suelo dimensional se desintegró bajo sus pies cuando arrancó.
El siguiente choque fue brutal.
Puño contra puño.
El sonido no fue un estruendo.
Fue un apagón.
La dimensión perdió el sonido por un segundo entero.
Luego, la onda expansiva partió el espacio en múltiples direcciones, formando grietas que no se cerraban.
Ambos retrocedieron.
El jinete de Arthur escupió sangre.
El de Eiren sonreía.
—Sigues siendo el mismo. Defiendes. Contienes. Yo… destruyo.
Desapareció de nuevo.
Apareció detrás.
Patada descendente.
El jinete de Arthur activó su dominio, pero esta vez la fuerza lo atravesó.
El Motor de Ruina había superado el umbral.
Salió disparado hacia abajo, estrellándose contra el vacío sólido, creando un cráter infinito.
Antes de levantarse, el jinete de Eiren ya estaba allí.
Puñetazo tras puñetazo.
Cada impacto comprimía el cuerpo de su hermano contra la dimensión misma.
—Arthur te domesticó —escupió—. Te volvió blando.
El jinete de Arthur rugió.
La armadura se abrió.
Segunda Activación: “Vector Cero”
Todo su cuerpo perdió masa durante una fracción de segundo.
Desapareció del golpe final.
Apareció arriba.
Caída libre.
No como ataque.
Como proyectil.
Impactó con ambos puños sobre el jinete de Eiren, lanzándolo hacia arriba, atravesando capas dimensionales hasta quedar suspendidos en un vacío absoluto.
El jinete de Eiren tosió sangre.
Por primera vez.
—Bien… —dijo—. Entonces deja de contenerte.
El Motor de Ruina entró en sobrecarga total.
Su cuerpo comenzó a fracturarse…
pero no se detenía.
Velocidad imposible.
Golpes invisibles.
El dominio del jinete de Arthur se rompía una y otra vez.
Cada impacto lo empujaba más allá de sus límites.
Su habilidad no podía seguir el ritmo.
El último golpe fue definitivo.
Un puñetazo directo al pecho.
No explosión.
No onda.
Colapso interno.
El jinete de Arthur fue lanzado a través de la dimensión, su armadura destrozándose, su cuerpo perdiendo conciencia mientras caía en la oscuridad infinita.
El jinete de Eiren flotó, respirando con dificultad, su cuerpo cubierto de grietas luminosas.
—Siempre fuiste fuerte —dijo en voz baja—.
—Pero no lo suficiente.
La dimensión comenzó a cerrarse.
Y en otro lugar…
Arthur seguía luchando por su existencia.
La guerra apenas estaba mostrando su verdadero rostro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com