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Alma vinculada al juego - Capítulo 80

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  4. Capítulo 80 - Capítulo 80: Capítulo 78 — Cuando el cielo aprendió a sangrar
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Capítulo 80: Capítulo 78 — Cuando el cielo aprendió a sangrar

La ciudad no celebró nada.

No hubo gritos.

No hubo discursos.

No hubo alivio.

Solo ruido.

El tipo de ruido que no viene del combate directo, sino de algo peor:

estructuras fallando, gente corriendo, magia sosteniéndose con los dientes apretados.

La cúpula defensiva seguía en pie.

Eso era lo único que podía decirse a favor del momento.

Pero ya no brillaba igual.

Las líneas de energía que antes fluían limpias ahora parpadeaban, como venas forzadas a transportar más sangre de la que podían soportar.

Ruhn estaba de rodillas.

Literalmente.

Ambas manos hundidas en el suelo grabado con runas, la espalda arqueada, los dientes apretados hasta sangrar.

—No… se… caigan… —murmuró.

Cada palabra era un esfuerzo físico.

Kaelis sostenía a dos guardias heridos mientras gritaba órdenes.

—¡Reubiquen civiles al segundo anillo!

—¡Nada de pánico!

—¡Si alguien corre sin dirección, lo arrastran de vuelta!

Nadie discutía.

No porque no quisieran.

Sino porque el aire mismo les recordaba que algo estaba mal.

La ausencia

Nyxaria fue la primera en entenderlo.

No por un cálculo.

No por una señal mágica.

Por instinto.

Se detuvo en seco en el centro de la ciudad.

Alzó la cabeza.

Y frunció el ceño.

—Arthur… —susurró.

No estaba.

No lejos.

No oculto.

Ausente.

Como si una pieza central del mundo hubiese sido arrancada sin permiso.

Astraea descendió junto a ella, alas tensas.

—La barrera sigue respondiendo a su firma —dijo—.

—Pero él no está aquí.

Nyxaria cerró los puños.

Por un segundo, la temperatura cayó.

La muerte —real, antigua— se agitó bajo la superficie.

—Eryndor… —dijo—.

No necesitó terminar la frase.

Ambas sabían.

La caída de Eryndor — consecuencias

En algún punto del plano roto donde los hermanos habían peleado, Eryndor había caído.

No muerto.

Pero derrotado.

Y eso importaba más.

El vínculo que sostenía parte del equilibrio de la ciudad se tensó… y se rompió.

No explotó.

No colapsó.

Simplemente dejó de sostener.

El resultado fue inmediato.

En el borde exterior de la cúpula, algo golpeó.

No un ejército.

No una bestia.

Un solo ataque.

Preciso.

Controlado.

Un impacto que no buscaba destruir la barrera… sino probarla.

La cúpula onduló.

Gente gritó.

Ruhn vomitó sangre.

—¡Resiste! —gritó—.

—¡Aún… aún puedo…!

Nyxaria giró.

Sus ojos ya no tenían humor.

Ni curiosidad.

Ni juego.

Solo cálculo frío.

—Kaelis —dijo—.

—Saca a la gente del primer anillo.

—¿Y tú? —preguntó él.

Ella sonrió.

Una sonrisa que no estaba destinada a humanos.

—Yo voy a hacer que tiemblen.

Desapareció.

El cielo se abre

Mientras tanto…

Lejos de allí…

Arthur cayó.

No al suelo.

A un vacío luminoso, donde el aire era denso como agua y cada movimiento se sentía observado.

Aterrizó de pie por reflejo.

Rodó.

Se levantó.

Y vio el cielo.

No azul.

No negro.

Blanco.

Un blanco absoluto, atravesado por estructuras doradas que parecían huesos de un dios muerto.

—Interesante —dijo una voz—.

Arthur giró.

El arcángel descendía lentamente.

Seis alas.

No de plumas.

De metal vivo.

Cada una grabada con símbolos que vibraban con poder físico, no simbólico.

Armadura completa.

Rostro visible.

Hermoso.

Frío.

—Arthur —continuó—.

—Anomalía.

—Error persistente.

Arthur escupió sangre del labio partido.

—¿Siempre hablan así… o te entrenaron para sonar imbécil?

El arcángel no reaccionó.

Solo extendió una mano.

Y el suelo explotó.

Arthur fue lanzado hacia atrás, atravesando columnas de luz sólida, impactando contra una estructura que colapsó como cristal.

Se levantó entre escombros.

Gormand Void rugió dentro de él.

—Dijiste que no debía existir —dijo Arthur—.

—Haz algo al respecto.

El arcángel sonrió.

Y atacó.

Arthur vs Arcángel — combate directo

No hubo advertencia.

Las alas del arcángel batieron una sola vez.

Eso bastó.

Arthur sintió el impacto antes de verlo.

Un golpe directo al pecho.

Costillas rompiéndose.

Cuerpo atravesando el aire como un proyectil.

Se estrelló contra el suelo, creando un cráter.

No se levantó de inmediato.

El arcángel cayó sobre él como un meteorito.

Puño descendente.

Arthur bloqueó con ambos brazos.

El impacto hundió el suelo otros diez metros.

Arthur gritó.

No de dolor.

De esfuerzo.

Empujó.

Giró.

Golpeó al arcángel en el rostro.

El sonido fue metálico.

El arcángel retrocedió un paso.

Arthur no le dio tiempo.

Rodilla al abdomen.

Codo a la mandíbula.

Puñetazo directo al ala izquierda.

Metal se deformó.

—Aceptable —dijo el arcángel—.

—Para algo que no debería respirar.

Extendió ambas manos.

Rayos de luz comprimida dispararon como lanzas.

Arthur esquivó dos.

La tercera le atravesó el hombro.

Sangre.

Carne quemada.

Arthur rugió.

Agarró la lanza con la mano herida.

La arrancó de su cuerpo.

Y la lanzó de vuelta.

El arcángel la bloqueó con el ala… y esa ala se partió.

Silencio.

Por primera vez, el arcángel miró con atención real.

—Interesante —repitió.

Arthur sonrió, sangrando.

—Te dije.

Y el combate empeoró.

Mientras tanto — la ciudad paga el precio

Nyxaria apareció fuera de la cúpula.

El campo de batalla era un caos controlado.

Ejércitos moviéndose.

Magos extranjeros lanzando hechizos desde kilómetros.

Criaturas invocadas probando puntos débiles.

Nyxaria caminó.

Cada paso hacía que algo muriera.

No explotaba.

No gritaba.

Simplemente caía.

Magos se desplomaban sin saber por qué.

Invocaciones se deshacían como ceniza húmeda.

—Retírense —dijo alguien—.

—¡RETÍRENSE!

No fue suficiente.

Nyxaria alzó la mano.

Y el cielo tembló.

No atacó la ciudad.

No tocó la barrera.

Solo dejó claro algo:

—Arthur no está —susurró—.

—Pero yo sí.

De vuelta al cielo blanco

El arcángel perdió dos alas más.

Arthur perdió un brazo.

Lo regeneró parcialmente con Gormand Void, deformado, grotesco.

Ambos sangraban.

Ambos seguían de pie.

—No importa cuánto luches —dijo el arcángel—.

—El orden siempre corrige.

Arthur escupió sangre.

—Entonces soy el error que no puedes borrar.

Se lanzó.

Golpe final.

No elegante.

No limpio.

Brutal.

Ambos chocaron en el centro del plano.

La dimensión se resquebrajó.

Cierre

En la ciudad, la cúpula seguía en pie.

Apenas.

Nyxaria miró al cielo.

—Vuelve —murmuró—.

—O voy a tener que ganar una guerra sin ti.

Muy lejos.

Eiren observaba.

Y sonreía.

—Ahora sí —dijo—.

—La guerra comenzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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