Alma vinculada al juego - Capítulo 82
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Capítulo 82: Capítulo 80 — Lo que queda cuando uno cae
La ciudad seguía en pie.
Eso, por sí solo, ya era extraño.
Las murallas estaban dañadas.
Las barreras de Ruhn mostraban grietas visibles.
Los canales mágicos ardían por sobreuso.
Pero el verdadero problema no era externo.
Era el vacío de mando.
Arthur no estaba.
Y el mundo lo sabía.
—Si vuelve a caer otra oleada así… —murmuró Kaelis, apoyándose en su lanza—
—no la detenemos.
Nadie lo contradijo.
Nyxaria estaba en el centro de la ciudad.
De pie.
Inmóvil.
No protegía.
No atacaba.
No imponía.
Observaba.
Cada latido acelerado.
Cada pensamiento de huida.
Cada duda no dicha.
Eryndor no estaba a su lado.
Y eso se sentía.
Akira fue la primera en notarlo.
—Nyxaria… —dijo con cautela—
—¿Dónde está tu hermano?
La Jinete de la Muerte tardó unos segundos en responder.
—Derrotado —dijo al fin.
Silencio inmediato.
—¿Derrotado cómo? —preguntó Ruhn, sin alzar la voz.
Nyxaria giró la cabeza hacia ellos.
Su expresión no era triste.
Ni furiosa.
Era solemne.
—Cuando un Jinete del Caos pierde contra otro… —explicó—
—no muere.
Alzó la mirada, como si pudiera ver más allá del cielo.
—Regresa a nuestra dimensión.
—Sin cuerpo.
—Sin forma.
—Como un residuo consciente.
Akira apretó los dientes.
—¿Puede volver?
Nyxaria negó lentamente.
—No pronto.
—Quizá nunca, en esta guerra.
Hizo una pausa.
—Khaeltar no solo lo venció.
—Lo expulsó del plano.
Las palabras cayeron con peso real.
Arthur no estaba.
Eryndor tampoco.
Y la ciudad lo sabía, incluso sin entenderlo.
Un nuevo impacto sacudió la cúpula.
Esta vez, una grieta real se abrió.
Un grito se escapó de la multitud.
No de dolor.
De pánico.
Ese fue el instante exacto.
Nyxaria lo sintió como un tirón interno.
—Ah… —susurró—.
—Aquí es.
Se giró completamente hacia la ciudad.
—Escuchen bien —dijo, sin alzar la voz—.
—No actué antes porque mientras una ciudad cree…
—todavía es humana.
Extendió la mano.
—Pero cuando empieza a quebrarse desde dentro…
—ya no es defensa.
—Es masacre anunciada.
El aire se detuvo.
—Por eso ahora —continuó—.
—Y no antes.
Sus ojos brillaron.
—Quien ataque esta ciudad a partir de este momento…
—ha elegido su final.
No fue un hechizo.
Fue una selección.
La Muerte decide
No hubo explosiones.
No hubo gritos.
Los atacantes simplemente dejaron de existir.
Magos canalizando a kilómetros de distancia se desplomaron, con la conexión rota, sin entender por qué.
Comandantes levantando órdenes se quedaron quietos… y cayeron.
Criaturas invocadas perdieron su ancla y se deshicieron como ceniza.
No todos.
Solo aquellos cuya voluntad había cruzado el límite de “seguir atacando”.
—No está exterminando ejércitos… —murmuró Ruhn—
—Está castigando decisiones.
Kaelis cayó de rodillas, exhausto.
—Nos salvó…
Nyxaria no lo miró.
—No.
—Les compré tiempo.
—Nada más.
La presión externa desapareció.
La guerra se detuvo.
No porque hubiese terminado.
Sino porque alguien más fuerte dijo basta.
El regreso incompleto
Arthur cayó entre mundos.
No con violencia.
Con desgaste.
Rodó, se apoyó en una rodilla y respiró hondo.
Algo en él estaba distinto.
No roto.
Endurecido.
Gormand Void seguía allí.
Pero ya no reaccionaba impulsivamente.
Esperaba órdenes.
—Volví… —dijo Arthur en voz baja—.
—Tarde.
Sophia habló en su mente.
Te sentí desaparecer durante un intervalo crítico.
—Lo sé.
Cambiaste.
Arthur no lo negó.
—Entendí algo.
—Esto no se gana siendo el más fuerte.
—Se gana sobreviviendo al desgaste.
Se puso de pie.
El mundo, literalmente, se apartó para dejarlo pasar.
—Eiren usó todo esto como acumulador —dijo—.
—Cada choque.
—Cada muerte.
—Cada liberación de poder.
Sophia confirmó.
Está abriendo portales entre mundos. No dimensiones. Orígenes.
Arthur cerró los ojos un segundo.
—Entonces ya dio el primer paso.
El paso de Eiren
El portal estaba completo.
No vibraba.
No brillaba.
Simplemente existía.
Del otro lado, un mundo distinto.
Ordenado.
Frío.
Definido.
Eiren Valcross avanzó sin prisa.
—Arthur sobrevivió —dijo—.
—Eryndor cayó.
—La Muerte actuó.
Sonrió apenas.
—Perfecto.
Cruzó el umbral.
Y el portal se cerró tras él.
El rey vuelve
Arthur apareció en la plaza central.
No hubo explosión.
No hubo luz.
Simplemente estuvo allí.
La ciudad lo vio.
Y guardó silencio.
Nyxaria estaba frente a él.
—Llegas tarde —dijo.
Arthur asintió.
—Lo sé.
Miró alrededor.
Las grietas.
Los restos.
La calma antinatural.
—Eryndor…
Nyxaria no esquivó la mirada.
—Fue vencido.
—Y no volverá en esta guerra.
Arthur cerró los ojos.
Solo un segundo.
—¿Y tú?
—Actué cuando hacerlo antes habría convertido esta ciudad en algo que no querías —respondió—.
—Esperé hasta que no había otra opción.
Arthur la observó.
Luego asintió.
—Hiciste bien.
Nyxaria parpadeó.
No sonrió.
Pero algo en ella se relajó.
Arthur dio un paso adelante.
—Esta guerra ya no es defensiva.
—Ya no reaccionamos.
Alzó la mirada.
—Ahora elegimos el ritmo.
—Y el lugar.
El mundo escuchó.
Y entendió una cosa clara:
Arthur había vuelto.
Pero ya no era el mismo rey.
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