Alma vinculada al juego - Capítulo 83
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Capítulo 83: Capítulo 81 — Cuando el mundo dejó de ser uno
La guerra se detuvo.
No con victoria.
No con rendición.
Con retirada.
Los ejércitos comenzaron a retroceder casi al mismo tiempo, como si una orden muda hubiera recorrido el mundo. Tropas demoníacas se replegaron hacia fisuras cerradas a medias. Magos de otros reinos cortaron sus canalizaciones. Las bestias invocadas se disiparon sin resistencia.
No fue coordinación.
Fue miedo lúcido.
Nyxaria permanecía en el centro de la ciudad, inmóvil, su presencia aún extendida como una sombra que nadie se atrevía a cruzar.
—Se van… —murmuró Kaelis, incrédulo—.
—De verdad se están yendo.
Ruhn cerró lentamente los círculos de contención.
—No porque hayan perdido.
—Sino porque ya entendieron el precio.
Arthur observó desde lo alto de la muralla.
No sonreía.
No suspiraba aliviado.
—Esto no es el final —dijo—.
—Es una pausa incómoda.
Sophia habló en su mente.
La retirada no sigue patrones estratégicos convencionales.
—Lo sé.
Es una reacción sistémica.
Arthur frunció el ceño.
—¿A qué?
Sophia tardó un segundo más de lo habitual.
A algo que aún no entendemos.
Fue entonces cuando el mundo tembló.
No como un terremoto.
No como un impacto.
Fue más parecido a cuando una palabra mal dicha cambia el sentido de toda una conversación.
El cielo se tensó.
Y se abrió.
Los portales
Primero uno.
Luego cinco.
Luego cientos.
Aparecieron en montañas, mares, desiertos, capitales, ruinas antiguas y lugares donde nadie debería haber podido abrir nada.
No eran iguales.
Algunos eran circulares, estables, silenciosos.
Otros se retorcían como heridas que no querían cerrar.
Unos brillaban con colores imposibles.
Otros absorbían la luz.
—No son dimensionales —dijo Ruhn, pálido—.
—Esto no es Vacío.
Astraea alzó la vista, con el pulso acelerado.
—Son… profundos.
Arthur cerró los ojos.
Sophia habló, esta vez con una tensión que nunca antes había usado.
No detecto una fuente única.
—¿Eiren?
No puedo afirmarlo.
Arthur abrió los ojos.
—Pero tampoco negarlo.
Desde uno de los portales, algo observó.
No cruzó.
No atacó.
Miró.
Y el portal se cerró.
La pregunta imposible
La noticia se propagó más rápido que cualquier ejército.
El mundo ya no estaba en guerra.
Estaba abierto.
Y nadie sabía a qué.
Tres días después, se convocó la reunión más grande registrada en la historia de ese mundo.
No fue un concilio.
No fue un reino.
Fue una necesidad.
La Asamblea del Umbral
Se reunieron en la Ciudad de Arthur.
No porque fuera la más poderosa.
Sino porque era la única que había resistido sin colapsar.
Reyes.
Reinas.
Archimagos.
Representantes élficos.
Enviados de iglesias.
Observadores neutrales.
Incluso entidades que jamás se habían mostrado en público.
Nyxaria no estaba sentada.
Estaba de pie, al fondo.
Presente.
No dominante.
Su sola existencia mantenía las discusiones honestas.
Arthur ocupó el centro.
No como monarca.
Como punto fijo.
—No los llamé para decidir quién tiene la culpa —dijo—.
—Ni para señalar a Eiren sin pruebas.
Murmullos.
—Los llamé porque el mundo ya no es cerrado —continuó—.
—Y fingir que lo es… nos va a matar.
Un archimago de túnica blanca habló.
—Es evidente que esto es obra de Eiren Valcross.
Arthur negó.
—Es posible.
—No evidente.
Se hizo un silencio incómodo.
—Los portales no siguen un patrón de conquista —dijo Arthur—.
—No todos conducen a mundos hostiles.
—Ni siquiera sabemos si conducen a mundos vivos.
Una representante élfica habló con voz baja.
—Uno de los portales se abrió en Lathariel.
—Del otro lado… había un bosque.
—Pero no era nuestro tiempo.
Nyxaria levantó la cabeza.
—Algunos no llevan a mundos —dijo—.
—Llevan a consecuencias.
Todos la miraron.
—No todos los mundos sobreviven a ser observados —continuó—.
—Y no todos los observadores quieren cruzar.
Arthur la miró.
—¿Qué viste?
Nyxaria respondió sin rodeos.
—Hambre.
—Orden absoluto.
—Silencio sin muerte.
—Y lugares donde… yo no sería bienvenida.
Eso heló la sala.
Sophia habló, proyectándose solo una vez más.
—La apertura de estos portales no es un ataque inmediato.
—Es una redistribución de realidad.
Arthur cerró el puño.
—Entonces esta guerra no era por territorios.
Miró a todos.
—Era por preparación.
Un rey humano tragó saliva.
—¿Preparación para qué?
Arthur respondió con frialdad absoluta.
—Para dejar de ser el único mundo en juego.
Lo inesperado
Un mensajero irrumpió.
No corriendo.
No gritando.
Pálido.
—Señor… —dijo—.
—Uno de los portales se activó de nuevo.
Arthur no preguntó dónde.
—¿Y?
—Algo cruzó.
—No atacó.
—No habló.
Nyxaria cerró los ojos.
—Entonces ya empezó.
Arthur asintió.
—No la guerra.
—La era.
Miró a la asamblea.
—A partir de hoy, este mundo ya no decide solo.
—Y cualquiera que crea que puede cerrarse…
—va a desaparecer primero.
El mundo había sobrevivido a la guerra.
Pero acababa de perder algo más importante.
Su aislamiento.
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