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Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 08 El peso de las horas
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10: 08 | El peso de las horas 10: 08 | El peso de las horas El médico habló despacio, como si cada palabra tuviera peso propio.

───El estado sigue siendo crítico, pero estable.

Ámbar asintió varias veces, aunque no estaba segura de haber entendido del todo.

O de querer hacerlo.

Las palabras crítico y estable convivían mal en su cabeza.

───Vamos a mantenerla sedada ───continuó───.

Las próximas horas son clave.

Horas.

No días.

No semanas.

Horas.

Cuando salieron del consultorio, el pasillo parecía más largo que antes.

Luna caminaba a su lado, en silencio.

No intentó animarla, ni hacer preguntas.

Había aprendido (a la fuerza) que Ámbar necesitaba espacio para procesar.

───Voy a volver a entrar un rato ───dijo Ámbar al llegar a la puerta de terapia───.

Aunque sea cinco minutos más.

Luna asintió.

───Yo me quedo aquí.

Ámbar entró sola.

El sonido de las máquinas seguía marcando un ritmo ajeno, casi cruel.

Sharon estaba ahí, inmóvil, frágil de una manera que nunca había sido.

No había órdenes, ni control ni dureza.

Solo un cuerpo quieto y una respiración prestada.

Ámbar se sentó a su lado.

───Nunca supe cómo hablarte sin pelear ───murmuró───.

Y ahora tengo todo el silencio del mundo.

La observó con atención.

Sus manos, su rostro.

Esa mujer que había sido tantas cosas, buenas y malas, seguía siendo su casa más contradictoria.

───Volvió ───dijo en voz baja───.

Mi mamá biológica.

Como si fuera un chiste malo.

Tragó saliva.

───Y no sé qué hacer con eso.

No ahora.

No de esta forma.

Se inclinó un poco hacia adelante.

───Pero vos…

vos no te podés ir ahora.

No cuando todavía hay cosas que no entendí.

Ni te perdoné.

Ni te agradecí.

El monitor siguió sonando igual.

───Quedate ───pidió, apenas audible───.

Aunque sea para que podamos despedirnos bien.

O empezar de nuevo.

No sé.

Se quedó un rato más, en silencio.

Después, se levantó despacio y salió.

El Jam & Roller había bajado un poco el volumen.

No porque alguien lo hubiera decidido, sino porque el ánimo general lo pedía.

Emilia limpiaba la barra con movimientos precisos.

Jazmín la observaba desde la caja, fingiendo revisar números que no entendía.

───Che…

───dijo Jazmín───.

¿Vos creés en esas cosas raras?

Tipo…

cuando todo pasa junto por alguna razón.

Emilia levantó la vista.

───Depende ───respondió───.

¿Raras cómo?

───Como…

que justo cuando todo parece ordenarse, algo viene y lo desarma ───explicó───.

O al revés.

Emilia pensó un segundo.

───Creo que la vida no espera a que estemos listos ───dijo───.

Solo pasa.

Jazmín suspiró.

───Eso es una respuesta muy adulta para un lugar donde hay patines fluorescentes.

Emilia sonrió apenas.

───Por eso trato de equilibrar.

Se quedaron en silencio un momento.

───Si Ámbar decide venir ───agregó Emilia───.

Aunque sea a trabajar un rato…

yo cubro lo que haga falta.

Jazmín la miró, sincera.

───Gracias.

No dijo por ella.

No hizo falta.

Simón volvió al hospital pasado el mediodía.

No entró de inmediato.

Se quedó un rato afuera, mirando el cielo, como si necesitara convencerse de que el mundo seguía ahí.

Cuando finalmente entró, encontró a Ámbar sentada sola en el pasillo.

───Ey…

───dijo, con cuidado.

Ella levantó la cabeza.

Estaba cansada, pero entera.

De esa forma peligrosa en la que uno aguanta demasiado.

───Hola.

Se sentó a su lado.

───Luna se fue hace un rato ───explicó ella───.

Dijo que volvía más tarde.

Simón asintió.

───¿Cómo está?

───Igual ───respondió Ámbar───.

Ni mejor ni peor.

Simón apretó los labios.

───Eso también es algo.

Ella lo miró.

Vio en él el cansancio, el miedo, las lágrimas secas de antes.

───Te vi llorar ───dijo.

Simón se tensó.

───No pasa nada ───continuó Ámbar───.

Gracias por hacerlo.

Él respiró hondo.

───No sé cómo ayudarte ───admitió.

Ámbar apoyó la cabeza en su hombro.

───Estando ───respondió───.

No te vayas.

Simón pasó un brazo alrededor de ella, con cuidado.

───Mi reina, no pienso irme a ningún lado.

Se quedaron así, mientras el hospital seguía funcionando alrededor, indiferente.

Y por primera vez desde que todo había empezado a romperse, Ámbar entendió algo con claridad incómoda pero real: no podía elegir cuándo llegaban las verdades, pero sí con quién atravesarlas.

Y eso, por ahora, iba a tener que ser suficiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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