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Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 10 Antes de que se apague la voz
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12: 10 | Antes de que se apague la voz 12: 10 | Antes de que se apague la voz El primer sonido que Ámbar reconoció no fue una palabra.

Fue su nombre.

───Ámbar…

No fue fuerte.

No fue claro.

Pero fue real.

Ámbar levantó la cabeza de golpe, como si el cuerpo hubiera reaccionado antes que la mente.

El cuello le dolía por haber dormido sentada, torcida, aferrada a una vigilia que ya no distinguía del sueño.

Parpadeó varias veces, desorientada.

El monitor seguía sonando.

Pero algo era distinto.

───Ámbar…

───repitió la voz.

Se levantó de la silla casi sin sentir las piernas.

Se acercó a la cama con pasos torpes, temblando, como si el miedo fuera demasiado grande para dejarla moverse rápido.

───¿Mamá…?

───susurró.

Sharon tenía los ojos abiertos.

No enfocados.

No buscando nada.

Era una mirada perdida, opaca, como siempre había sido desde la oscuridad definitiva.

Respiraba con dificultad, pero lo hacía sola.

El tubo ya no estaba.

Ámbar sintió que algo se le rompía por dentro y, al mismo tiempo, se armaba.

───Estoy acá ───dijo, acercándose más───.

Estoy acá, mamá.

Sharon giró apenas el rostro hacia el sonido.

───Mi…

Ámbar ───dijo, con esfuerzo.

Esa voz.

Esa forma de decir su nombre.

Ámbar se llevó una mano a la boca.

Las lágrimas le brotaron sin permiso, sin aviso.

───No hablés ───pidió───.

No te esfuerces.

Sharon negó apenas con la cabeza.

───No…

───murmuró───.

Tengo…

que hacerlo ahora.

Ámbar apoyó la mano sobre la cama, cerca del brazo de Sharon.

No la tocó de inmediato.

Como si todavía no se atreviera a confirmar que era real.

───Te escucho ───dijo, rota───.

Te escucho.

Sharon respiró hondo.

Cada inhalación parecía costarle una vida.

───Siempre…

quise controlarlo todo ───dijo───.

Siempre creí…

que amar era…

sostener fuerte.

Ámbar bajó la cabeza.

───Yo lo sé.

───No ───corrigió Sharon, con una mueca que quiso ser sonrisa───.

No lo sabés…

del todo.

Vos sos…

lo mejor que hice en mi vida ───dijo───.

Aunque te haya hecho daño.

Ámbar negó con la cabeza, desesperada.

───No digas eso ahora.

───Sí ───insistió Sharon───.

Ahora…

porque después…

no voy a poder.

Las lágrimas empezaron a caerle sin control.

───Yo te elegí ───continuó Sharon───.

No la sangre…

no el dinero…

no el apellido.

A vos.

Siempre a vos.

Ámbar se inclinó hacia adelante.

Apoyó la frente contra el borde de la cama.

───Yo también te elegí ───dijo───.

Incluso cuando me dolías.

Una lágrima se deslizó por su sien.

───Te amé…

como supe ───susurró───.

Y no fue suficiente.

───Fue lo que tuviste ───respondió Ámbar───.

Y yo…

yo no necesitaba perfección.

Solo que no te fueras.

El silencio se instaló un instante.

Pesado.

Vivo.

───No quiero irme ───dijo Sharon, casi inaudible.

Ámbar levantó la cabeza de golpe.

───Entonces no lo hagas ───pidió───.

Quedate.

Peleá.

Como siempre.

Sharon sonrió apenas.

Una sonrisa triste, cansada.

───Ya peleé demasiado ───dijo───.

Ahora…

quiero despedirme bien.

Ámbar sintió que el mundo se le desarmaba.

───No…

───susurró─── no me dejes.

Sharon levantó apenas la mano.

No llegó a tocarla.

───Escuchame ───pidió.

Ámbar lo hizo.

───Vos…

vas a estar bien ───dijo Sharon───.

Aunque ahora no lo creas.

Tenés amor.

Tenés a Simón.

Tenés fuerza.

Yo…

ya no tengo nada que darte.

───Tenés mi vida ───respondió Ámbar───.

Siempre la tuviste.

Sharon respiró hondo.

───Quiero escuchar a Luna ───dijo───.

Antes de…

irme.

Ámbar cerró los ojos un segundo.

Asintió.

───Voy a llamarla.

Antes de alejarse, Sharon habló una vez más: ───Gracias…

por quedarte hasta el final.

Ámbar salió al pasillo casi corriendo.

Simón estaba de pie, rígido, como si hubiera estado sosteniendo el aire con el cuerpo.

───Está despierta ───dijo Ámbar───.

Pide escuchar a Luna.

Simón la sostuvo de los hombros.

───Estoy acá, mi reina ───dijo───.

Todo el tiempo.

El teléfono de Luna sonó dos veces antes de que atendiera.

───¿Ámbar?

───la voz de Luna llegó enseguida─── ¿Pasó algo?

Ámbar cerró los ojos un segundo.

Tomó aire.

───Sí…

───dijo─── Sharon despertó.

Del otro lado hubo silencio.

───¿Despertó?

───repitió Luna, casi en un susurro.

───Está consciente ───aclaró Ámbar───.

Muy débil.

Los médicos dicen que…

───tragó saliva─── que no está bien.

La voz se le quebró.

───Me pidió por vos ───agregó───.

Dijo que quiere escucharte.

Luna no respondió de inmediato.

Matteo estaba a su lado, sentado en el sillón, observándola sin decir nada.

La conocía lo suficiente como para saber que algo pesado acababa de caerle encima.

───No sé si puedo ───dijo Luna al fin───.

Ámbar…

yo no sé qué decirle.

No sé si quiero verla así.

Ámbar apoyó la espalda contra la pared del pasillo.

───No te llama para que arregles nada ───respondió───.

Ni para que la perdones.

Solo…

───respiró hondo─── quiere escucharte.

Y yo siento que…

si no venís ahora, después puede ser tarde.

Del otro lado, Luna cerró los ojos.

La imagen del incendio volvió como un golpe: el fuego, el humo, los gritos que nunca se dijeron.

Todo lo que había quedado suspendido.

───Tengo miedo ───admitió───.

Miedo de abrir algo que cerré hace años.

───Yo también tengo miedo ───dijo Ámbar───.

Pero estoy acá.

Con ella.

Y…

───su voz se volvió más suave─── no quiero que cargues con un “qué hubiera pasado si”.

Silencio otra vez.

Matteo apoyó una mano sobre la rodilla de Luna.

───Andá ───dijo, sin presionarla───.

No para ella.

Para vos.

Luna lo miró.

Él le sostuvo la mirada, firme, tranquilo.

───Yo te acompaño ───agregó───.

Hasta donde quieras.

Luna volvió a llevar el teléfono a la oreja.

───Voy ───dijo finalmente───.

Dame unos minutos.

Ámbar cerró los ojos, aliviada.

───Gracias ───susurró───.

De verdad.

───No me agradezcas ───respondió Luna───.

Esto…

esto lo necesito yo también.

Cortaron.

Luna se levantó despacio.

Tomó su abrigo casi sin pensar.

───¿Estás segura?

───preguntó Matteo, con cuidado.

───No ───respondió ella───.

Pero hay cosas que no se hacen desde la seguridad.

Él asintió y tomó las llaves.

Mientras salían, Luna pensó que no iba a ese hospital como sobrina enojada, ni como víctima del pasado.

Iba como alguien que, por primera vez, estaba dispuesta a escuchar.

Aunque doliera.

Aunque quemara.

Aunque fuera la última vez.

Luna entró a la habitación despacio, casi sin hacer ruido, como si temiera que cualquier paso brusco pudiera romper algo que ya estaba resquebrajado.

El hospital olía igual que siempre, pero ahí dentro el aire parecía distinto.

Más espeso.

Más final.

Sharon estaba recostada, semiincorporada, rodeada de máquinas que respiraban por ella y con ella.

El rostro pálido, las facciones cansadas.

Los ojos abiertos, perdidos en un punto que no veía, pero que parecía escuchar todo.

Ámbar estaba a su lado.

Al sentir a Luna, levantó la vista.

───Está acá ───dijo en voz baja───.

Voy a salir un momento.

Luna la miró, agradecida y aterrada al mismo tiempo.

Ámbar apretó su mano un segundo antes de retirarse, dejándolas solas.

El silencio quedó suspendido entre las dos.

Sharon fue la primera en romperlo.

───Sol…

───murmuró, con la voz gastada, pero consciente───.

Puedo sentirte.

Estás cerca.

Luna se quedó quieta.

El nombre le atravesó el pecho como una astilla.

───Sí ───respondió───.

Estoy acá.

Sharon esbozó una sonrisa mínima, cansada.

───Nunca necesité verte para saber cuándo estabas ───dijo───.

Siempre te reconocí por el silencio que hacías cuando estabas enojada conmigo.

Luna apretó los labios.

───No vine a pelear ───dijo───.

Vine porque…

porque dijeron que querías escucharme.

───Sí ───asintió Sharon───.

Antes de que no pueda.

La frase quedó flotando.

Cruda.

Sin rodeos.

Luna respiró hondo y se acercó un poco más, hasta quedar al lado de la cama.

No la tocó.

───No sé por dónde empezar ───admitió.

───Decí lo que nunca dijiste ───pidió Sharon───.

Aunque duela.

Luna cerró los ojos.

───Me doliste ───dijo───.

Mucho.

Me dolió que sobreviviera y que después me dejaras sola.

Me dolió que nunca me miraras como…

como alguien que también había perdido todo.

Sharon tragó saliva.

Los dedos le temblaron apenas sobre la sábana.

───No supe cómo ───susurró───.

Cada vez que te escuchaba respirar…

escuchaba el incendio otra vez.

───Pero yo era una niña ───replicó Luna───.

Y necesitaba a mi tía.

No a una sombra.

Las lágrimas empezaron a caerle sin permiso.

───Te odié ───confesó───.

Durante años.

Porque era más fácil que aceptar que te necesitaba y no estabas.

Sharon respiró hondo, como si cada palabra fuera un peso físico.

───Tenés derecho ───dijo───.

A odiarme.

A dolerte.

A no perdonarme nunca.

Luna la miró, sorprendida.

───¿Eso es todo?

───preguntó───.

¿Aceptar y ya?

Sharon negó lentamente.

───No ───respondió───.

Es decirte que te amé igual.

Mal.

Torpe.

Desde lejos.

Pero te amé.

Una lágrima se deslizó por la sien de Sharon, perdiéndose en la almohada.

───Cuando te fuiste…

pensé que te había salvado de mí ───continuó───.

No entendí que también te estaba abandonando.

Luna se llevó una mano al pecho.

───Yo solo quería que me llamaras Sol ───dijo───.

Una vez.

Para saber que todavía importaba.

Sharon buscó con dificultad, moviendo la mano en el aire, a ciegas.

Luna dudó…

y entonces dio un paso adelante y tomó esa mano.

Sharon la apretó con una fuerza sorprendente.

───Importaste siempre ───dijo───.

Fuiste lo único que me recordaba que el fuego no se había llevado todo.

Luna lloraba en silencio ahora.

───Tengo miedo de soltarte así ───admitió───.

De que esta sea la última vez.

Sharon sonrió con tristeza serena.

───No me estás soltando ───respondió───.

Me estás mirando de frente por primera vez.

Y eso…

───respiró hondo─── eso me alcanza.

Luna se inclinó un poco más.

───No sé si puedo perdonarte ───dijo, honesta───.

Pero tampoco quiero seguir cargando con esto.

───Entonces dejalo acá ───pidió Sharon───.

No conmigo.

En vos.

El monitor marcó un ritmo irregular.

Sharon apretó la mano de Luna una última vez.

───Gracias por venir, Sol ───susurró───.

Gracias por no dejarme ir sin escucharme…

ni sin decirme lo que dolía.

Luna apoyó la frente sobre el borde de la cama.

───Adiós, tía ───dijo───.

Ojalá…

ojalá en otro lugar haya menos fuego.

Sharon no respondió con palabras.

Pero su pulgar se movió apenas, acariciando el dorso de la mano de Luna.

Como un gesto final.

Como una despedida.

Cuando Luna salió de la habitación, sabía que algo se había cerrado.

No sin dolor.

No sin cicatriz.

Pero por fin, sin silencio.

Luna se había ido.

Finalmente, solo quedaban Ámbar y Simón junto a Sharon.

El monitor seguía marcando el pulso de Sharon, irregular, cansado.

La respiración era trabajosa, como si cada inhalación necesitara una decisión consciente.

Ámbar estaba sentada junto a la cama, sosteniendo la mano de Sharon con las dos suyas.

Simón permanecía del otro lado, de pie, atento, conteniéndose para no invadir, pero sin irse.

Nunca yéndose.

Sharon fue la primera en hablar.

───Simón…

───dijo, girando apenas el rostro hacia donde percibía su presencia───.

Todavía estás acá.

───Sí ───respondió él───.

No me voy.

Sharon sonrió.

No con los labios: con algo más profundo.

───Gracias ───murmuró───.

Por quedarte siempre.

Simón tragó saliva.

───No tiene que agradecerme nada.

───Sí ───insistió ella───.

Vos hiciste lo que yo no supe.

Ámbar frunció el ceño, sin soltarla.

───Sharon…

───Déjame decirlo ───pidió, con suavidad───.

Antes de quedarme sin voz.

Sharon respiró hondo, y luego continuó: ───Cuidaste a Ámbar cuando yo solo sabía protegerla desde el silencio.

La amaste cuando yo confundí amor con distancia.

La sostuviste cuando yo creí que endurecerme era la única forma de no perderla.

Simón negó lentamente, con los ojos vidriosos.

───Yo no la salvé ───dijo───.

Ella es fuerte sola.

Sharon giró apenas la cabeza, como si pudiera mirarlo.

───No ───respondió───.

Nadie se salva solo de la oscuridad.

Y vos…

vos fuiste su luz cuando yo no pude serlo.

Simón bajó la mirada.

Una lágrima cayó, silenciosa.

───Sos un gran hombre ───continuó Sharon───.

Y una mejor persona.

Gracias por amar a mi hija como yo no siempre supe hacerlo.

Ámbar apretó más fuerte su mano.

───No digas eso ───susurró───.

Vos me amaste.

A tu manera…

pero lo hiciste.

Sharon volvió su atención hacia ella.

Aunque no podía verla, parecía enfocarla por completo.

───Ámbar…

mi Ámbar.

El nombre sonó distinto.

Desnudo.

Frágil.

───Perdóname ───dijo───.

Por la frialdad.

Por las palabras que no dije.

Por las veces que te hice sentir sola estando yo ahí.

Ámbar negó con la cabeza, las lágrimas cayéndole sin control.

───No…

no tenés que…

───Sí ───la interrumpió───.

Porque te dolí.

Y porque te debía algo mejor.

El monitor marcó un pitido más lento.

Sharon respiró con dificultad, pero siguió.

───Te escuché ───confesó───.

Cuando me hablaste de Sylvana.

Ámbar se quedó helada.

───¿Me…

me escuchaste?

───Sí ───asintió───.

Todo.

Sé que está de vuelta.

Sé que trabaja en el Jam & Roller.

Sé que volvió el mismo día que yo…

───se detuvo un segundo─── que yo empecé a irme.

Ámbar rompió en llanto.

───Tengo miedo ───admitió───.

Miedo de acercarme.

Miedo de traicionarte.

Sharon sonrió con una ternura agotada.

───No me traicionás ───dijo───.

Me honrás.

Con esfuerzo, levantó apenas la mano, buscando a ciegas.

Ámbar se inclinó enseguida para que pudiera tocar su rostro.

Sharon apoyó los dedos en su mejilla húmeda.

───Andá ───le pidió───.

Conocé tu origen.

Preguntá.

Dudá.

Enfurecete si hace falta.

Pero no vivas con huecos.

Ámbar sollozaba abiertamente.

───Vos sos mi mamá ───dijo───.

Siempre lo vas a ser.

───Y vos sos lo mejor que hice en esta vida ───respondió Sharon───.

Incluso cuando no supe demostrarlo.

El monitor volvió a sonar, más lento aún.

Sharon respiró hondo, como juntando las últimas fuerzas.

───No tengas miedo de amar ───susurró───.

Ni de perder.

El amor siempre vale la pena…

incluso cuando duele así.

Sus dedos se aflojaron un poco.

───Simón…

───murmuró───.

Cuidala.

───Con mi vida ───respondió él, quebrado.

Sharon sonrió una última vez.

───Entonces…

puedo descansar.

El pitido se volvió continuo.

Plano.

Inapelable.

───No…

───susurró Ámbar───.

No, no, no…

Sharon…

mamá…

Nadie respondió.

El silencio cayó como una bomba.

Ámbar soltó un grito desgarrador, animal, que le nació desde un lugar que nunca había tocado.

───¡MAMÁ!

Se dobló sobre sí misma, cayendo hacia adelante.

Simón la sostuvo justo a tiempo, rodeándola con los brazos mientras ella se deshacía contra su pecho.

Golpeaba su camisa, temblaba, gritaba entre sollozos.

───¡No se puede ir!

¡No ahora!

¡No así!

Simón la apretó contra él, besándole la cabeza, la frente, el pelo rubio empapado en lágrimas.

───Estoy acá, amor ───repetía───.

Estoy acá.

No estás sola.

Mi reina…

no estás sola.

Ámbar lloraba sin control, sin forma, sin defensa.

El cuerpo de Sharon permanecía inmóvil.

Por primera vez en su vida, Ámbar estaba verdaderamente huérfana.

Y por primera vez, se permitía caer.

Sharon Benson había muerto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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