Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Ámbar y los restos del brillo
  4. Capítulo 15 - 15 13 El pasado también llama
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

15: 13 | El pasado también llama 15: 13 | El pasado también llama El reloj marcaba las ocho y veinte cuando abrió los ojos.

Durante unos segundos no recordó nada.

Ese instante breve (casi piadoso) en el que la mente todavía no alcanza al cuerpo.

Después, el peso volvió.

No como un golpe, sino como una manta húmeda que se le cayó encima.

Sharon estaba muerta.

La palabra apareció clara, sin dramatismo.

Como una verdad ya asentada.

Simón seguía dormido a su lado.

Respiraba lento, profundo.

Ámbar lo observó un momento largo.

Pensó que, de no ser por él, tal vez no habría podido levantarse ni el día anterior, ni ese, ni quién sabe cuántos más.

Se movió despacio para no despertarlo.

Caminó hasta la cocina con los pies desnudos, sintiendo el frío del piso como una forma rudimentaria de volver al presente.

Preparó café.

El ruido de la cafetera le resultó exagerado, casi invasivo.

Sharon odiaba ese sonido.

La idea apareció sola, sin que Ámbar la buscara.

───A vos no te gustaba ───murmuró al aire.

El silencio no respondió.

Apoyó las manos sobre la mesada y cerró los ojos.

No lloró.

No había lágrimas.

Solo una sensación extraña: como si el mundo hubiera perdido una capa de profundidad.

Todo seguía ahí, pero distinto.

Simón apareció en la puerta unos minutos después.

───Buen día ───dijo, con esa voz rasposa de recién despierto.

Ámbar giró apenas la cabeza.

───Buen día.

Se acercó por detrás y la abrazó sin palabras.

No fue un abrazo fuerte.

Fue uno de esos que no buscan consolar sino acompañar.

Ámbar apoyó la espalda contra su pecho.

───Hoy va a ser raro ───dijo ella.

───Sí ───respondió él───.

Pero no estás sola.

Desayunaron casi en silencio.

No incómodo.

Cuidado.

Simón fue el primero en romper el silencio.

───¿Quieres que te acompañe hoy al Roller?

───preguntó, como quien ofrece algo simple, sin imponer.

Ámbar negó despacio.

───No…

───dijo, y después dudó───.

O sí.

No sé.

Capaz más tarde.

Simón sonrió apenas.

Se sentó frente a ella con la taza entre las manos.

───Entonces voy a estar cerca ───dijo───.

Por si cambiás de idea.

Ámbar levantó la mirada.

Lo observó con atención, como si recién entonces lo viera completo.

Las ojeras leves, el pelo todavía desordenado, la calma que había aprendido a tener incluso cuando todo alrededor se rompía.

───No sé cómo hacés ───murmuró.

───¿Hacer qué?

───Ser tan perfecto ───respondió───.

No huir cuando todo se vuelve pesado.

Simón apoyó la taza y estiró la mano sobre la mesa.

Ámbar la tomó sin pensarlo.

───No me quedo por obligación ───dijo───.

Me quedo porque eres tú.

Me quedo por ti, mi reina.

Ese gesto simple (las manos unidas, el desayuno tibio, la mañana avanzando sin permiso) fue suficiente para que Ámbar sintiera algo nuevo mezclarse con el dolor.

No alivio.

No felicidad.

Algo más parecido a una certeza.

───Anoche pensé algo ───dijo, después de un rato.

Simón no la apuró.

Esperó.

───Con Sharon…

───continuó Ámbar─── siempre hubo cosas que no pregunté.

No porque no quisiera, sino porque…

no podía.

Como si hacerlo fuera romper algo.

Apretó un poco más su mano.

───Ahora ya está roto ───dijo, sin dureza───.

Y me siento culpable por pensarlo, pero también siento que…

quizás ahora sí sea el momento.

───¿El momento de qué?

───preguntó Simón, con suavidad.

Ámbar respiró hondo.

───De enfrentar la verdad de mi pasado.

De dejar de hacer como si no importara quién fui antes de Sharon.

Simón asintió despacio.

───Eso no borra lo que ella fue para ti ───dijo───.

Ni lo que te dio.

───Lo sé ───respondió Ámbar───.

Pero siento que si no lo hago ahora, nunca lo voy a hacer.

Y no quiero vivir el resto de mi vida con esta pregunta clavada acá.

Se tocó el pecho.

───No quiero seguir siendo una versión incompleta de mí misma.

Simón se levantó y rodeó la mesa.

Se arrodilló frente a ella para quedar a su altura.

───Entonces no lo seas ───dijo───.

Pero hacelo a tu ritmo.

No porque Sharon ya no esté.

Hacelo porque tú estás viva.

Ámbar tragó saliva.

───Tengo miedo.

───Eso no va a desaparecer ───respondió él───.

Pero no tienes que atravesarlo sola.

Ella apoyó la frente contra la suya.

───Prometeme que no me vas a soltar cuando empiece a doler de verdad.

Simón no dudó.

───Amor…

───dijo, con una sonrisa triste───.

Ya estamos en lo que duele de verdad.

Y sigo acá.

Ámbar cerró los ojos.

Por un segundo, solo por uno, sintió que el mundo volvía a tener profundidad.

No la de antes.

Otra.

Más frágil.

Más real.

───Gracias ───susurró.

───Siempre ───respondió él.

Se quedaron así un rato más, abrazados en medio de una cocina común, de una mañana cualquiera, de una vida que no había pedido permiso para seguir.

Y aunque Sharon ya no estaba, Ámbar entendió algo que no había logrado poner en palabras hasta ese momento: No estaba avanzando porque el dolor se hubiera ido.

Estaba avanzando porque el amor seguía ahí.

El Jam & Roller ya estaba despierto.

No lleno, no caótico, pero vivo.

El sonido de las ruedas sobre la pista se mezclaba con música baja y el tintinear de tazas en la barra.

Ese movimiento constante que no exigía nada, pero acompañaba.

Jazmín estaba sentada en uno de los bancos altos, con un café que ya se había enfriado.

Lo revolvía sin tomarlo, distraída, mirando a la pista sin mirar realmente.

Emilia estaba del otro lado, ajustándose los patines con movimientos firmes, casi mecánicos.

Siempre parecía segura de lo que hacía.

Incluso cuando no lo estaba.

───¿No vas a patinar?

───preguntó Emilia, sin mirarla, concentrada en el nudo.

───Sí…

───respondió Jazmín───.

O sea…

después.

Emilia levantó la vista apenas.

───Ese “después” tuyo suele ser nunca.

Jazmín sonrió, nerviosa.

───Estoy…

pensando.

───Eso también suele ser peligroso en ti ───dijo Emilia, ya de pie.

No lo dijo con dureza.

Tampoco con burla.

Lo dijo como quien ya conoce el terreno.

Emilia entró a la pista y dio una vuelta lenta, segura, como si el cuerpo supiera exactamente qué hacer sin pedir permiso.

Jazmín la siguió con la mirada, apoyando el mentón en la mano.

Pensó (otra vez) que Emilia no se parecía a nadie que hubiera conocido antes.

No era delicada.

No era suave.

No era cuidadosa con las palabras.

Pero tenía algo que desarmaba igual.

Emilia volvió hacia el borde y se detuvo frente a ella.

───¿Me vas a mirar todo el día o te vas a subir?

Jazmín parpadeó.

───¿Yo?

No, estaba mirando a…

todos.

───Mentís horrible ───dijo Emilia, directa───.

Pero sube igual.

Jazmín dudó un segundo más de lo necesario.

Después se puso los patines con torpeza, golpeándose un poco el tobillo en el proceso.

───Ay ───murmuró.

───¿Te lastimaste?

───preguntó Emilia enseguida.

Demasiado rápido.

Demasiado atenta.

───No, no ───dijo Jazmín───.

Fue más el susto.

Emilia la miró unos segundos.

Como evaluando algo que no sabía bien cómo nombrar.

Después le tendió la mano.

───Okey.

Yo te sostengo.

Jazmín la miró.

A la mano.

A Emilia.

Volvió a la mano.

───No hace falta…

───Jazmín ───la interrumpió───.

Si te caés, te vas a romper algo.

Y no quiero cargar con eso.

───Ah ───dijo Jazmín, y tomó su mano───.

Bueno.

Si es por responsabilidad civil…

Emilia resopló, pero no soltó.

Salieron a la pista despacio.

Jazmín estaba rígida, concentrada de más, como si cada movimiento fuera una ecuación complicada.

───Relajá ───le dijo Emilia───.

No te va a atacar el piso.

───Eso decís vos ───respondió Jazmín───.

Yo ya tuve experiencias traumáticas.

Emilia sonrió apenas.

Un gesto mínimo, pero real.

───Miráme a mí ───dijo───.

Copiá el movimiento.

Jazmín intentó hacerlo.

Falló.

Se desestabilizó y terminó apoyándose más de la cuenta en Emilia.

───Perdón ───dijo rápido───.

Perdón, perdón, perdón…

Emilia la sostuvo por la cintura sin pensarlo.

───Tranquila ───dijo───.

Ya te tengo.

El contacto duró apenas unos segundos más de lo necesario.

Pero fue suficiente.

Jazmín sintió calor.

No vergüenza.

No torpeza.

Calor.

───Gracias ───murmuró.

Emilia la soltó despacio, como si recién entonces notara dónde tenía las manos.

───De nada ───respondió, más seca de lo habitual.

Siguieron patinando un poco más, en silencio.

Jazmín se animó a mirarla de reojo.

───¿Puedo preguntarte algo?

───dijo.

───Depende ───respondió Emilia───.

Pero preguntá.

───¿Vos…

sos así con todo el mundo?

Emilia frunció el ceño.

───¿Así cómo?

Jazmín hizo un gesto vago.

───Atenta.

Presente.

De…

quedarte.

Emilia se detuvo en seco.

───No ───dijo───.

No con todo el mundo.

Jazmín sintió que el pecho le daba un pequeño salto.

───Ah ───dijo───.

Perdón.

No quise…

───Con vos sí ───agregó Emilia.

No fue romántico.

No fue suave.

Fue honesto.

Casi bruto.

Jazmín se quedó muda.

───Y no sé por qué ───continuó Emilia───.

Eso es lo que me molesta.

La miró, incómoda consigo misma.

───Porque no soy de complicarme.

Y con vos…

me complico.

Jazmín tragó saliva.

Sonrió, nerviosa, auténtica.

───Bueno ───dijo───.

Si te sirve de consuelo…

yo estoy complicada desde hace rato.

Emilia la miró.

Largo.

Sin ironía.

Sin escape.

───Genial ───dijo al final───.

Entonces estamos en problemas.

Jazmín rió bajito.

───Sí ───admitió───.

Pero no se siente tan mal.

Emilia no respondió.

Pero volvió a tomarle la mano para seguir patinando.

Y esta vez, ninguna de las dos la soltó.

El Jam & Roller estaba en su ritmo habitual cuando Ámbar llegó.

No entró como alguien que busca refugio, sino como quien vuelve a un lugar que le pertenece.

Saludó con un gesto breve, revisó la pista, intercambió un par de palabras con el personal.

Ejercía su rol de encargada con una naturalidad casi automática, como si el cuerpo supiera qué hacer incluso cuando el alma todavía iba un paso atrás.

Apoyada en la barra, revisaba unas planillas cuando sintió una presencia conocida a su lado.

───No sabía si venir o no ───dijo Mónica.

Ámbar levantó la vista.

La vio ahí, con ese gesto sereno que siempre parecía contener algo más grande que las palabras.

───Me alegra que hayas venido ───respondió.

Mónica dejó su bolso sobre la barra y la miró con atención.

───¿Cómo estás…

de verdad?

Ámbar soltó el aire despacio antes de responder.

───Rota ───dijo───.

Y al mismo tiempo…

tranquila.

Y eso me confunde.

Mónica asintió, como si no necesitara más explicación.

───La muerte no siempre es solo pérdida ───dijo───.

A veces también es descanso.

Ámbar bajó la mirada.

───Duele admitirlo ───confesó───.

Pero hay momentos en los que siento alivio.

Sharon ya no sufre.

Ya no pelea.

Ya no está atrapada en su propio cuerpo.

Se quedó en silencio unos segundos.

───Y después me siento culpable por pensarlo.

Mónica apoyó una mano suave sobre la de ella.

───El amor no desaparece porque la persona muera ───dijo───.

Pero el sufrimiento tampoco tiene por qué quedarse.

Ámbar cerró los ojos un instante.

───Con ella se fue una parte enorme de mi historia.

Y ahora…

no sé qué hacer con lo que quedó pendiente.

Mónica la miró con atención.

───¿Sylvana?

Ámbar asintió.

───Está ahí ───dijo───.

En el mismo lugar donde trabajo.

Donde soy quien soy.

Y no puedo dejar de pensar que, si Sharon ya no está…

tal vez sea hora de mirar de frente lo que siempre evité.

───¿Y qué te da miedo?

───preguntó Mónica.

Ámbar no respondió enseguida.

───Descubrir que no me guste la verdad ───dijo al fin───.

O peor…

que me importe demasiado.

Mónica sonrió con una ternura profunda.

───El origen no te define ───dijo───.

Pero conocerlo puede ayudarte a entenderte.

Y eso nunca es una traición a quien te crió.

Ámbar asintió, despacio.

───No quiero lastimar a nadie ───murmuró.

───Ámbar ───respondió Mónica───.

A veces crecer también duele.

Pero no es lo mismo que herir.

En ese momento, una sombra se detuvo del otro lado de la barra.

───Perdón ───dijo una voz───.

No quería interrumpir.

Ámbar levantó la vista.

Sylvana estaba ahí.

No llevaba uniforme.

No parecía una empleada en ese instante.

Era solo una mujer de pie, con los hombros tensos y los ojos cargados de algo que no sabía bien cómo ofrecer.

───Solo quería…

darte el pésame ───dijo───.

Por Sharon.

Hubo un silencio breve.

Denso.

───Gracias ───respondió Ámbar.

La palabra salió correcta, pero seca.

Sin matices.

Mónica captó el clima de inmediato.

Miró a Ámbar y le hizo un gesto casi imperceptible, invitándola a decidir.

Ámbar respiró hondo.

Sintió el corazón acelerarse, pero no retrocedió.

Levantó la mirada hacia Sylvana.

───¿Podemos hablar?

───preguntó───.

Después.

En algún momento.

Sylvana abrió los ojos apenas, sorprendida.

───Sí ───respondió───.

Cuando quieras.

Ámbar asintió.

No sonrió.

No se disculpó.

Pero tampoco huyó.

Y mientras Mónica se alejaba con discreción, Ámbar supo que ese simple pedido no cerraba nada…

pero abría, por primera vez, una puerta que había estado demasiado tiempo cerrada.

El pasado la esperaba.

Y esta vez, estaba dispuesta a mirarlo de frente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo