Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 15 Cuando el cuerpo sabe
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17: 15 | Cuando el cuerpo sabe 17: 15 | Cuando el cuerpo sabe El agua caía caliente sobre su espalda, constante, casi hipnótica.
Ámbar apoyó la frente contra los azulejos y cerró los ojos.
Dejó que el vapor llenara el baño, que el sonido del agua tapara cualquier pensamiento que intentara ordenar demasiado pronto lo que había vivido ese día.
La charla con Sylvana no volvía en forma de imágenes claras, sino como sensaciones sueltas.
Frases incompletas.
Silencios más largos que las palabras.
No había gritos.
No había reproches.
Y, sin embargo, algo se había movido de lugar.
No dolía como ella había imaginado.
Eso era lo que más la descolocaba.
Se pasó el jabón por los brazos, por el cuello, por el pecho, con movimientos lentos, casi distraídos.
Cuando el aroma le llegó de golpe (demasiado intenso, demasiado presente) sintió una leve náusea, breve, inesperada.
Nada grave.
Apenas un mareo que la obligó a apoyar una mano en la pared.
───Qué raro…
───murmuró para sí.
Respiró hondo.
El malestar se disipó tan rápido como había llegado.
Había sido un día largo, pensó.
Eso es todo.
Cerró la canilla y salió de la ducha envuelta en la toalla.
El espejo, empañado, le devolvió una versión borrosa de sí misma.
No se limpió enseguida.
Se observó así, indefinida, como si esa falta de nitidez encajara mejor con lo que sentía.
No estaba rota.
Pero tampoco estaba igual.
Cuando salió del baño, Simón estaba sentado en la cama, apoyado contra el respaldo, revisando algo en el celular.
Levantó la vista apenas la escuchó.
───Ey ───dijo, con una sonrisa suave───.
¿Cómo estás?
Ámbar dudó un segundo antes de responder.
───No sé ───admitió───.
Tranquila…
pero rara.
Simón dejó el celular a un lado.
───¿Rara mal o rara nuevo-terreno?
Ella esbozó una sonrisa mínima.
───Todavía no lo sé.
Se sentó a su lado, con la toalla todavía puesta, y apoyó la cabeza en su hombro.
Simón pasó un brazo alrededor de ella sin decir nada, como si hubiera entendido que ese gesto era más útil que cualquier pregunta.
───Anoche te movías mucho ───dijo él al cabo de un rato.
───Soñé mucho ───respondió Ámbar───.
Pero no me acuerdo qué.
───Eso suele ser peor ───comentó Simón.
Ella asintió en silencio.
Después levantó la vista y lo miró.
───No te conté cómo fue ───dijo.
───No ───respondió él───.
Y no pasa nada si no quieres hacerlo ahora.
Ámbar lo sostuvo con la mirada unos segundos más.
───Quiero ───dijo finalmente───.
Solo…
necesito hacerlo despacio.
Simón apoyó la frente contra la de ella.
───Todo contigo es despacio ───dijo───.
Y está bien así.
Ámbar sonrió, esta vez un poco más.
Se quedó observándolo.
Pensó, no por primera vez, en lo extraño que era amar a alguien que no pedía versiones mejores, ni respuestas rápidas, ni finales cerrados.
Alguien que se quedaba incluso cuando ella no sabía exactamente qué ofrecer.
───Tengo miedo de lo que venga ───confesó───.
No por lo que ya sé…
sino por lo que todavía falta.
Simón deslizó el pulgar con suavidad sobre su brazo.
───No tenés que resolverlo todo hoy ───dijo───.
Ni mañana.
Ni sola.
Ámbar apoyó una mano sobre su pecho, sintiendo el latido firme, real.
───Hoy, cuando hablaba con ella ───continuó───, me di cuenta de algo.
Pasé tanto tiempo intentando no mirar atrás…
que nunca me pregunté qué quería hacer con eso después.
Simón la escuchaba sin interrumpir.
───Y ahora siento que, si no sigo, me voy a quedar a mitad de camino ───dijo Ámbar───.
Como si hubiera abierto una puerta que ya no puedo cerrar.
───Tal vez no tengas que cerrarla ───respondió él───.
Tal vez solo tenés que aprender a atravesarla.
Ámbar cerró los ojos un momento.
Sintió, otra vez, ese cansancio extraño.
No físico.
Algo más hondo.
Se acomodó mejor contra él.
───¿Te molesta que todavía no sepa bien quién soy?
───preguntó, casi en un susurro.
Simón soltó una risa baja, incrédula.
───Ámbar…
───dijo───.
Yo te amo mientras lo descubrís.
No cuando lo tengas claro.
Ella respiró hondo.
Sintió un nudo en la garganta, pero no lloró.
───Prometeme algo ───dijo.
───Lo que quieras.
───Que si en el camino me pierdo un poco…
me vas a esperar.
Simón besó su sien.
───Ya lo estoy haciendo.
Ámbar se quedó en silencio.
El estómago volvió a revolverse apenas, de forma leve.
Pensó en decir algo, pero decidió no hacerlo.
No todavía.
Se limitó a acomodarse mejor entre sus brazos, como si su cuerpo, antes que su cabeza, ya supiera dónde quedarse.
Por ahora, eso alcanzaba.
La noche seguía avanzando afuera, lenta, silenciosa.
El departamento estaba en penumbra, iluminado apenas por una lámpara encendida en el living.
No había música.
No hacía falta.
Simón fue hasta la cocina y volvió con dos vasos de agua.
Le alcanzó uno a Ámbar y se sentó a su lado, apoyando la espalda contra el respaldo del sillón.
───Tomá ───dijo───.
Te noto un poco apagada.
Ámbar aceptó el vaso, dio un sorbo pequeño…
y volvió a sentirlo.
Esa incomodidad leve, inesperada, que le cerró el estómago por un segundo.
No fue dolor.
Fue algo más difuso.
Más raro.
Frunció el ceño sin querer.
───¿Te sientes mal?
───preguntó Simón enseguida.
───No…
───respondió─── o no sé.
Es como si el cuerpo estuviera…
cansado de una forma distinta.
Apoyó el vaso en la mesa baja y se recostó un poco más contra él.
Simón pasó un brazo por detrás de sus hombros y la atrajo con naturalidad, sin dramatizar.
───Fueron días muy intensos ───dijo.
Ámbar asintió, pero no respondió de inmediato.
Cerró los ojos.
Escuchó la respiración de Simón, regular, tranquila.
Le resultó extrañamente reconfortante.
Más de lo habitual.
───Hoy, cuando hablé con Sylvana…
───dijo al fin─── pensé que me iba a romper.
Simón bajó un poco la cabeza para escucharla mejor.
───¿Y qué pasó?
───No me rompí ───respondió───.
Y eso me descolocó más que si hubiera pasado.
Se giró apenas para mirarlo.
───No sentí bronca.
Ni rechazo.
Sentí…
curiosidad.
Y tristeza.
No por mí.
Por ella.
Simón no dijo nada.
La dejó seguir.
───Y después me sentí culpable ───agregó───.
Como si entenderla fuera una forma de traicionar a Sharon.
Simón negó con la cabeza, despacio.
───Sharon fue tu mamá ───dijo───.
Eso no cambia porque quieras saber de dónde vienes.
Ámbar apretó los labios.
───Ella me crió ───susurró───.
Me sostuvo cuando no sabía cómo hacerlo.
Me amó incluso desde su dureza.
Simón tomó su mano.
───Y eso nadie lo borra ───respondió───.
Ni Sylvana, ni la verdad, ni el tiempo.
Ámbar respiró hondo.
Sintió que algo se acomodaba dentro suyo.
No sanaba.
Pero encontraba lugar.
───A veces pienso que tengo miedo de completar el rompecabezas ───admitió───.
Como si, cuando lo haga, ya no pueda volver atrás.
Simón se inclinó y apoyó la frente contra la de ella.
───No tienes que volver atrás ───dijo───.
Tienes que seguir siendo tú.
Con todo.
Ámbar sonrió apenas.
───Siempre sabés qué decir.
───No ───respondió él───.
Solo me quedo.
Ese silencio que siguió no fue vacío.
Fue cálido.
Ámbar volvió a apoyar la cabeza en su pecho.
Cerró los ojos.
Sintió el cansancio recorrerle el cuerpo de una forma distinta, más profunda.
Como si no viniera solo del duelo.
───Simón…
───dijo de pronto.
───¿Sí?
───Si algún día tuviera una hija…
───empezó, y se detuvo.
Simón esperó.
No la presionó.
Ámbar negó suavemente, como si se hubiera asustado de su propio pensamiento.
───Nada ───dijo───.
Perdón.
Es tarde.
Simón le besó el cabello.
───Cuando quieras terminar esa frase, voy a estar escuchando.
Se levantaron juntos y fueron a la habitación.
No prendieron la luz.
La oscuridad fue suficiente.
Se acostaron de costado, uno frente al otro.
Ámbar acomodó el cuerpo contra el suyo con una familiaridad que ya no necesitaba explicaciones.
Simón la rodeó con un brazo, firme, protector.
───Voy a seguir ───dijo ella, con la voz ya más baja───.
No mañana.
Pero pronto.
───¿Seguir qué?
───Buscando la verdad ───respondió───.
Todo lo que falta.
Todo lo que nunca me dijeron…
y lo que yo misma evité.
Simón besó su frente.
───No importa lo que encuentres ───dijo───.
Yo voy a estar.
Ámbar sonrió en la oscuridad.
───Eso es lo que más miedo me da ───susurró───.
Y lo que más me sostiene.
El sueño empezó a vencerla.
Sin aviso.
Sin resistencia.
Antes de dormirse, apoyó una mano sobre su vientre de forma inconsciente.
Un gesto mínimo.
Natural.
Como si el cuerpo supiera algo que la mente todavía no alcanzaba.
Simón respiraba parejo.
Estaba ahí.
Afuera, la noche seguía su curso.
Adentro, entre dos cuerpos que se elegían incluso en la fragilidad, algo nuevo comenzaba a abrirse paso en silencio.
Y todavía nadie lo sabía.
Ámbar se despertó un par de horas después, sin saber exactamente por qué.
No fue un sobresalto ni una pesadilla.
Fue más bien una sensación leve, insistente.
Como si el cuerpo le hubiera pedido atención antes que la cabeza.
La habitación seguía oscura.
Simón dormía profundamente a su lado, de espaldas, con una mano apoyada cerca de la suya.
Ámbar se quedó quieta unos segundos, escuchando su respiración, intentando entender qué la había sacado del sueño.
Entonces lo sintió otra vez.
Un malestar suave.
No dolor.
No náuseas claras.
Algo más parecido a una incomodidad difusa, difícil de explicar.
Se llevó una mano al estómago de forma automática y frunció el ceño.
───Qué raro…
───murmuró nuevamente.
Se incorporó despacio para no despertarlo y se sentó al borde de la cama.
El piso estaba frío bajo sus pies, pero no le importó.
Necesitaba moverse un poco.
Caminar.
Aclararse.
Fue hasta el baño y se miró en el espejo con la luz baja.
Tenía los ojos cansados, pero distintos.
Más atentos.
Como si algo adentro suyo estuviera en silencio, esperando.
Se apoyó en la bacha y respiró hondo un par de veces.
El malestar cedió apenas.
No del todo.
Pero lo suficiente como para no alarmarla.
───Debo estar agotada ───se dijo.
Volvió a la habitación y se metió otra vez en la cama.
Esta vez se acomodó más cerca de Simón, casi buscándolo sin darse cuenta.
Él se movió apenas, todavía dormido, y la rodeó con el brazo con un gesto automático, aprendido.
Ámbar apoyó la frente entre sus omóplatos y cerró los ojos.
Pensó en Sylvana.
En su voz contenida.
En las palabras que habían quedado suspendidas entre ellas.
En todo lo que todavía no se había dicho.
No sintió urgencia.
Tampoco rechazo.
Sintió algo nuevo: una calma tensa, como la que precede a una decisión importante.
Voy a seguir, pensó.
Aunque duela.
Aunque no me guste lo que encuentre.
Simón se movió un poco y murmuró algo ininteligible.
Ámbar sonrió apenas y apoyó la mano en su pecho, sintiendo el latido firme bajo la piel.
───Estoy acá ───susurró, sin saber bien para quién.
El sueño volvió de a poco.
No profundo.
Pero suficiente.
Cuando volvió a despertar, la luz del amanecer empezaba a filtrarse por la ventana, suave, pálida.
Simón seguía dormido.
Ámbar se quedó observándolo unos segundos largos, repasando mentalmente todo lo que habían atravesado juntos.
Pensó en Sharon.
Pensó en Sylvana.
Pensó en ella misma.
Y por primera vez desde la muerte de su madre, no sintió que estuviera suspendida en el aire.
No estaba completa.
No estaba en paz.
Pero estaba avanzando.
Se acomodó otra vez contra Simón y apoyó la mano sobre su abdomen, esta vez con un gesto más consciente, aunque sin comprenderlo del todo.
───Voy a enfrentar lo que falta ───murmuró───.
Todo.
Simón, medio dormido, la apretó un poco más contra su cuerpo, como si hubiera escuchado.
Ámbar cerró los ojos.
Todavía había verdad por descubrir.
Todavía había heridas abiertas.
Pero también había amor.
Había compañía.
Y había vida, abriéndose paso en silencio, esperando su momento.
Y esta vez, Ámbar no le tuvo miedo.
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