Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 17 El nombre que faltaba
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19: 17 | El nombre que faltaba 19: 17 | El nombre que faltaba Salieron del Jam & Roller sin decir demasiado.
El mediodía estaba claro, casi indiferente.
Ámbar caminaba al lado de Sylvana con las manos en los bolsillos del abrigo, el cuerpo un poco tenso, el estómago revuelto.
No sabía si era por los mareos que venía arrastrando desde hacía días o por la certeza de que, una vez que cruzaran esa puerta, ya no habría forma de volver atrás.
Sylvana le indicó el camino.
Fueron pocas cuadras.
Ninguna de las dos habló.
No hacía falta.
El departamento quedaba en un segundo piso.
Subieron juntas la escalera.
Sylvana abrió con llave y dejó pasar primero a Ámbar, casi con timidez.
───Es acá ───dijo───.
Perdón… es chico.
Ámbar miró alrededor.
Era humilde, discreto, silencioso.
Nada sobraba.
Nada faltaba.
Un sillón gastado pero cuidado, una mesa de madera clara con cuatro sillas distintas entre sí, una ventana abierta por donde entraba el aire del mediodía.
Olía a comida casera.
───Está bien ───respondió Ámbar───.
Es lindo.
Sylvana sonrió apenas, como si ese comentario valiera más de lo que parecía.
───Preparé algo simple ───dijo mientras iba hacia la cocina───.
Arroz con verduras.
───Gracias.
Se sentaron frente a frente.
Sylvana sirvió los platos.
Ámbar miró el suyo un segundo de más.
El estómago volvió a darle esa sensación incómoda, profunda, que no lograba explicar.
Tomó el tenedor, lo apoyó otra vez.
───¿No tenés hambre?
───preguntó Sylvana, sin presión.
───Sí… un poco ───mintió───.
Solo estoy medio rara estos días.
Sylvana no insistió.
Comieron en silencio.
O mejor dicho: Sylvana comió.
Ámbar apenas probó un par de bocados.
El silencio no era incómodo, pero sí cargado.
Como si las palabras estuvieran esperando turno.
Finalmente, Sylvana dejó el tenedor a un lado.
───Dijiste que querías saber todo.
Ámbar levantó la vista.
───Sí.
───Todo de verdad.
───Sí ───repitió───.
Ya no quiero medias verdades.
Sylvana respiró hondo.
Juntó las manos sobre la mesa.
Las miró unos segundos antes de empezar.
───Yo tenía diecisiete años cuando quedé embarazada de vos.
Ámbar no reaccionó.
Lo sabía.
Pero escucharlo así, dicho sin rodeos, lo volvía real de otra manera.
───Vivía con mis padres ───continuó Sylvana───.
Clase media-baja.
Nada fácil, pero estable.
Tu papá… ───se detuvo─── tu papá venía de una familia completamente distinta.
Ámbar apretó los dedos alrededor del borde de la mesa.
───Muy rica.
Muy poderosa.
De esas familias donde el apellido pesa más que las personas.
Sylvana levantó la mirada.
───Nos conocimos de casualidad.
Yo trabajaba en una librería.
Él entró buscando un libro que ni siquiera sabía explicar.
Volvió al día siguiente.
Y al otro.
Sonrió apenas, un gesto atravesado de nostalgia.
───Nos enamoramos de verdad, Ámbar.
No fue un error.
No fue un capricho adolescente.
Nos queríamos.
El pecho de Ámbar se cerró un poco.
───Cuando supe que estaba embarazada… todo explotó ───dijo Sylvana───.
Mis padres entraron en pánico.
Los suyos también, pero por razones muy distintas.
───¿Querían que abortaras?
───preguntó Ámbar, sin rodeos.
Sylvana asintió.
───Todos.
Mis padres decían que iba a arruinar mi vida.
Los de él decían que yo iba a arruinar la de su hijo.
───¿Y él?
───Él quería tenerte ───respondió───.
Quería hacerse cargo.
Decía que nos íbamos a ir juntos, que iba a enfrentar a su familia.
La voz se le quebró apenas.
───No lo dejaron.
Sylvana respiró hondo antes de seguir.
───Me presionaron durante todo el embarazo.
Médicos, abogados, mi familia, la suya.
Me dijeron que no era suficiente como madre.
Que no tenía derecho.
───Pero no abortaste.
───Nunca ───dijo Sylvana, firme───.
Jamás lo dudé.
El silencio cayó pesado.
───Cuando naciste… ───cerró los ojos─── fue el día más feliz de mi vida.
Te tuve en brazos.
Él estaba ahí.
Te miramos como si el mundo se hubiera detenido.
Ámbar sintió un ardor detrás de los ojos.
───Pero duró poco ───continuó───.
A las pocas semanas, su familia actuó de verdad.
Abogados.
Amenazas.
Promesas.
Dijeron que vos no podías crecer conmigo.
Que otra familia podía darte todo lo que yo no.
───¿Y vos?
───Yo no tenía nada ───dijo Sylvana───.
Ni dinero, ni respaldo, ni poder.
Solo te tenía a vos.
La voz se le quebró por completo.
───Me obligaron a firmar la adopción ───dijo───.
Me dijeron que era lo mejor para vos.
Por supuesto que Sharon nunca supo nada de esto.
Solo sabía que era muy joven y que no podía tenerte.
Ámbar tragó saliva.
───¿Y él?
───preguntó.
Sylvana bajó la mirada.
───A él le dijeron que habías muerto.
El mundo pareció detenerse.
───Le dijeron que no sobreviviste al primer mes ───continuó───.
Y yo… confirmé esa mentira.
Ámbar sintió que algo se rompía adentro, sin ruido.
───¿Por qué?
───preguntó, apenas.
───Porque me lo exigieron.
Porque me amenazaron.
Porque ya no tenía nada.
Y porque pensé… ───respiró con dificultad─── pensé que así al menos vos ibas a estar a salvo.
El estómago de Ámbar volvió a revolverse.
Se llevó la mano al abdomen sin pensarlo.
───Después de eso ───dijo Sylvana─── mis padres me echaron de casa.
Tres meses después de que nacieras.
Dijeron que era una vergüenza.
Ámbar se levantó despacio y fue hasta la ventana.
Necesitaba aire.
───Toda mi vida pensé que nadie me había elegido ───dijo, de espaldas───.
Que había sido abandonada.
Sylvana se acercó un poco.
───No fue así ───dijo───.
Nunca.
───Pero igual me soltaste.
───Sí ───respondió Sylvana───.
Y es lo que más me va a doler siempre.
Se miraron largo.
No como madre e hija reconciliándose, sino como dos mujeres enfrentando una verdad brutal.
Ámbar fue la primera en volver a hablar.
───Decime algo más ───pidió, con la voz baja pero firme.
Sylvana asintió, preparada.
───Él ───continuó Ámbar───.
Mi papá.
Quiero saber quién es.
La palabra todavía le resultaba extraña en la boca.
───Su nombre ───agregó───.
Su apellido.
Si… si vive.
Sylvana cerró los ojos un segundo.
No para pensar.
Para sostenerse.
───Se llama Fernando Vilz ───dijo.
El nombre cayó pesado, definitivo.
Ámbar lo repitió en silencio, como si necesitara probar cómo sonaba dentro suyo.
───¿Vive?
───Sí ───respondió Sylvana───.
Hasta donde sé, vive.
───¿Dónde?
───En uno de los countrys más privados de Buenos Aires ───dijo───.
De esos lugares donde no entra nadie sin permiso.
Ámbar apoyó ambas manos en el marco de la ventana.
El aire ya no alcanzaba.
───¿Tiene familia?
Sylvana asintió.
───Sí.
Se casó.
Tiene hijos.
Eso fue demasiado.
No por celos.
No por enojo.
Por la dimensión.
Un hombre con una vida completa.
Una historia que siguió sin ella.
Un apellido que nunca llevó.
───¿Él sabe…?
───preguntó Ámbar, aunque ya intuía la respuesta.
───No ───dijo Sylvana───.
Para él, vos moriste cuando tenías un mes.
Ámbar cerró los ojos.
Fernando Vilz.
Vivo.
Con familia.
En un country.
Era información concreta.
Demasiado concreta para alguien que acababa de descubrir que su origen no era un vacío, sino una historia arrancada de raíz.
───No sé nada más ───agregó Sylvana, con honestidad───.
Nunca volví a verlo.
Nunca pude acercarme.
Nunca supe si alguna vez dudó de esa versión.
Ámbar se dio vuelta despacio.
───Gracias ───dijo.
Sylvana levantó la mirada, sorprendida.
───¿Por qué?
Ámbar no respondió.
No sabía explicarlo.
No era perdón.
No era cierre.
Era algo más simple y más hondo.
Verdad.
Tomó su abrigo del respaldo de la silla.
───Tengo que irme ───dijo.
───Ámbar… Ella negó con la cabeza.
───No puedo quedarme ahora ───agregó───.
No es contra vos.
Es… todo junto.
Sylvana asintió.
No intentó detenerla.
Ámbar caminó hasta la puerta.
La abrió.
Se detuvo un segundo, sin darse vuelta.
No dijo nada más.
Pero en ese silencio había algo distinto.
Una gratitud muda.
Dolorosa.
Verdadera.
Bajó las escaleras casi corriendo.
Apenas salió a la calle, el sol le pegó de lleno en la cara.
El ruido de la ciudad volvió de golpe.
Autos.
Voces.
Vida.
Apoyó la espalda contra la pared y respiró hondo.
Una vez.
Dos.
Tres.
Fernando Vilz.
Sintió ganas de llorar.
No lo hizo.
Sacó el celular con manos levemente temblorosas.
Buscó un nombre.
Marcó.
───¿Hola?
───respondió Mónica del otro lado.
Ámbar tragó saliva.
───Mónica… ───dijo───.
¿Podemos vernos?
───Claro, Ámbar.
¿Pasó algo?
Ámbar miró la calle, el cielo, su propia sombra sobre la vereda.
───Sí ───respondió───.
Y necesito hablar con vos.
Del otro lado, Mónica no dudó.
───Dime dónde.
Voy ya.
Ámbar cerró los ojos un segundo.
Por primera vez, sabía toda la verdad.
Por primera vez, encajaba su pasado.
Y por primera vez, comenzaba a saber quién fue antes de ser la villana.
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