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Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 25

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25: 23 | Volver a casa 25: 23 | Volver a casa Habian pasado unos días.

El alta fue sencilla.

Sin aplausos, sin dramatismo.

Un médico repasando indicaciones, una enfermera sonriendo con cuidado, papeles firmados con una letra que todavía le temblaba un poco.

Ámbar se levantó despacio de la cama del hospital.

El cuerpo respondía, pero no como antes.

Todo era más lento.

Más consciente.

Simón estuvo a su lado en todo momento, atento a cada gesto, sin tocarla hasta que ella misma le buscó la mano.

───Estoy bien ───le dijo, como si necesitara convencerse también.

Él asintió.

No discutió.

Aprendía rápido cuándo acompañar y cuándo simplemente estar.

El auto no fue hacia su departamento.

Ámbar lo supo incluso antes de que Simón lo dijera.

───¿Te parece bien…?

───empezó él, con cuidado───.

Pensé que quizá en la mansión estarías más contenida.

Al menos unos días.

Ámbar miró por la ventanilla.

La ciudad pasaba, indiferente.

Y entonces entendió que no quería volver a un lugar nuevo.

No todavía.

───Sí ───respondió───.

Quiero ir a casa.

Casa.

No el lugar donde vivía ahora.

El lugar donde había sido.

La mansión Benson apareció detrás de los árboles como un recuerdo intacto.

Demasiado grande.

Demasiado llena de historia.

Ámbar tragó saliva apenas el auto se detuvo.

No tuvo tiempo de prepararse.

La puerta se abrió y Luna fue la primera en salir.

No corrió.

Caminó rápido, con los ojos brillantes, como si no quisiera asustarla.

Matteo venía detrás, nervioso, sonriendo sin saber bien qué hacer con las manos.

Miguel y Mónica esperaban más atrás.

Juntos.

Firmes.

───Ámbar…

───dijo Luna apenas la vio.

No hizo falta más.

Se abrazaron con cuidado, como si el cuerpo de Ámbar fuera de cristal.

Pero el abrazo fue real.

Fuerte.

Necesario.

───Me alegra tanto verte acá ───susurró Mónica, cuando le tocó el turno───.

Esta también es tu casa.

Miguel apoyó una mano en su hombro.

Un gesto simple, paternal, sincero.

───Nos quedamos tranquilos sabiendo que estás acá ───dijo───.

Y felicitaciones…

a los dos.

Simón se tensó un segundo.

Ámbar lo sintió.

Entrelazó los dedos con los de él antes de que pudiera pensar demasiado.

───Gracias ───respondió Simón───.

De verdad.

Matteo sonrió, emocionado.

───Vas a estar bien ───le dijo a Ámbar───.

Todos vamos a estar acá.

Ella miró la mansión.

El jardín.

Las ventanas.

El lugar donde había aprendido a amar, a odiar, a caerse y levantarse.

───Solo unos días ───aclaró, casi para sí misma───.

───Los que necesites ───respondió Luna sin dudar.

Ámbar respiró hondo antes de entrar.

No estaba volviendo al pasado.

Estaba eligiendo cuidarse.

Y por primera vez en mucho tiempo, no lo hacía sola.

La tarde caía lenta sobre la mansión Benson.

La casa estaba en ese punto extraño entre el movimiento y la calma.

Voces apagadas a lo lejos, pasos que no apuraban, el sonido suave de una ventana abierta dejando entrar aire fresco.

Ámbar estaba sentada en uno de los sillones del living, con una manta liviana sobre las piernas, mirando sin mirar del todo.

Luna apareció desde el pasillo con dos tazas entre las manos.

───Hice té ───dijo───.

No sabía cuál te gustaba, así que elegí uno imposible de odiar.

Ámbar esbozó una sonrisa.

───Gracias.

Luna se sentó frente a ella, sin invadir.

Apoyó la taza sobre la mesa baja.

Durante unos segundos no hablaron.

No porque no hubiera qué decir, sino porque ninguna sentía apuro.

───Es raro verte aquí otra vez ───dijo Luna al fin───.

Pero…

no se siente mal.

Ámbar bajó la mirada a la taza caliente entre sus manos.

───Para mí también ───admitió───.

Pensé que iba a sentirme fuera de lugar.

Como una invitada permanente.

Luna negó despacio.

───Nunca lo fuiste.

Ámbar levantó la vista, sorprendida.

Luna sostuvo la mirada, serena.

───Tal vez antes sí nos hicimos creer eso ───continuó───.

Pero no era real.

El silencio volvió, más profundo.

Ámbar respiró hondo.

───Si alguien nos hubiera dicho hace años que íbamos a estar así…

───murmuró─── tranquilas, hablando sin medir cada palabra…

Luna sonrió, apenas.

───Nos hubiéramos reído.

───O peleado ───agregó Ámbar.

Ambas soltaron una risa breve, sin ironía.

Con aceptación.

───Éramos muy distintas ───dijo Luna───.

O eso creíamos.

Ámbar asintió.

───Yo estaba siempre a la defensiva ───confesó───.

Todo lo vivía como una amenaza.

Incluso vos.

Luna no discutió.

───Yo tampoco fui inocente ───dijo───.

Me costó entender de dónde venía tanta dureza.

Ámbar apretó los dedos alrededor de la taza.

───No sabía cómo pedir lugar sin atacar.

Luna inclinó un poco la cabeza, comprensiva.

───Y aun así…

───dijo─── acá estamos.

Ámbar sonrió, con una mezcla de orgullo y alivio.

───Supongo que crecer es eso ───comentó───.

Dejar de pelear por sobrevivir y empezar a elegir con quién quedarse.

Luna la observó un segundo más, con atención real.

───Me alegra que te quedes unos días ───dijo───.

Esta casa puede ser ruidosa, intensa…

pero sabe cuidar.

Ámbar tragó saliva.

───Eso me da un poco de miedo ───admitió───.

No estoy acostumbrada a que me cuiden sin condiciones.

Luna apoyó los codos en las rodillas.

───No tienes que hacer nada para merecerlo ───dijo───.

Nunca lo tuviste que hacer.

Ámbar sintió un nudo subirle al pecho.

Parpadeó, pero no lloró.

Todavía no.

───Sharon estaría feliz de verte así ───dijo Luna de pronto, con suavidad.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Ámbar bajó la mirada.

───La extraño todos los días ───susurró───.

Incluso ahora que siento cosas buenas…

hay momentos en los que quisiera contarle todo.

Luna asintió despacio.

───Ella siempre quiso que te permitieras ser feliz sin sentir culpa ───dijo───.

Lo decía, aunque no siempre supiera cómo demostrarlo.

Ámbar cerró los ojos un instante.

───Aprendí tarde ───murmuró───.

Pero creo que…

al final, me escuchó.

Luna estiró la mano y la apoyó sobre la de Ámbar.

El gesto fue simple.

Firme.

───Sharon fue parte del camino ───dijo───.

No se va porque ya no esté.

Ámbar respiró hondo.

Esta vez, una lágrima se le escapó sin ruido.

───Gracias ───dijo───.

Por no odiarme más.

Por no haberme soltado cuando era más fácil hacerlo.

Luna negó.

───Gracias a vos ───respondió───.

Por quedarte cuando podrías haberte ido.

Se quedaron así unos segundos.

Dos mujeres que habían sido enemigas.

Que habían aprendido a mirarse sin miedo.

Que ya no necesitaban ganar nada.

Afuera, la tarde terminaba de caer.

Y por primera vez en mucho tiempo, Ámbar sintió que ese lugar no le exigía nada.

Solo estar.

Simón salió al jardín despacio.

Se notaba cansado, pero distinto.

Como si el cansancio no pesara igual.

───¿Te escapaste?

───preguntó Matteo, sin mirarlo.

───Un poco ───respondió Simón───.

Demasiada emoción junta.

Matteo sonrió de costado.

───Bienvenido a la mansión Benson.

Acá eso es bastante normal.

Simón se apoyó a su lado.

Durante unos segundos no hablaron.

No hacía falta llenar el silencio.

───Me alegra verte así ───dijo Matteo al fin───.

Más tranquilo.

Simón soltó una risa breve.

───No sé si es la palabra ───admitió───.

Pero…

sí.

Más plantado, supongo.

Matteo lo miró entonces, con atención real.

───Vas a ser papá ───dijo───.

Eso no te cae a cualquiera.

Simón bajó la mirada, pasó la mano por la nuca.

───Todavía me cuesta decirlo en voz alta ───confesó───.

No porque no lo quiera…

sino porque siento que no estoy listo.

Matteo asintió, comprensivo.

───Nadie lo está ───dijo───.

El que dice lo contrario miente o no entendió nada.

Simón sonrió, aliviado.

───¿Y si fallo?

───preguntó───.

¿Y si no sé qué hacer cuando dependa de mí?

Matteo apoyó los codos en la baranda.

───Vas a fallar ───dijo, directo───.

Seguro.

Todos los hombres fallamos.

Simón lo miró, sorprendido.

───Pero ───continuó Matteo─── lo importante no es no equivocarse.

Es quedarse.

Pedir perdón.

Volver a intentar.

Simón respiró hondo.

───Eso puedo hacerlo.

───Ya lo hacés ───respondió Matteo───.

Con Ámbar, con los demás…

con vos mismo.

Simón miró hacia el interior de la casa, donde sabía que Ámbar estaba descansando.

───Nunca pensé que iba a querer esto ───dijo en voz baja───.

Una casa, una familia…

algo que no se rompa al primer golpe.

Matteo sonrió apenas.

───A veces uno no elige el deseo ───dijo───.

Solo decide no huir cuando llega.

Simón asintió.

───Quiero ser un buen padre ───dijo───.

No perfecto.

Presente.

Matteo levantó la botella, a modo de brindis improvisado.

───Con eso alcanza para empezar.

Simón chocó la suya contra la de él.

───Gracias ───dijo───.

Por hablarme así.

Como amigo.

Matteo lo miró, serio y sincero.

───Eso somos.

El cielo terminaba de oscurecer.

Desde adentro llegaba el sonido lejano de voces y risas.

Simón respiró profundo, como quien se prepara para algo grande.

No tenía todas las respuestas.

Pero, por primera vez, no sentía ganas de escapar.

Ámbar se sentó despacio, con Simón a su lado.

La mansión Benson tenía ese efecto extraño: imponía y abrazaba al mismo tiempo.

Era un lugar lleno de historia.

De heridas.

De intentos.

Y, ahora, de segundas oportunidades.

Mónica observó la mesa completa antes de hablar.

Miguel a su lado, Luna frente a Ámbar, Matteo un poco más relajado que de costumbre.

Mónica tomó su copa.

───Antes de empezar ───dijo, con voz suave pero firme───, me gustaría decir algo.

Todos levantaron la vista.

───Esta casa ha visto muchas cosas ───continuó───.

Momentos difíciles, errores, silencios…

pero también crecimiento.

Y hoy, tenemos una noticia que nos invita a mirar hacia adelante.

Miró a Ámbar con ternura.

───Por la vida que viene en camino ───dijo───.

Por Ámbar.

Y por el amor que está construyendo con Simón.

Levantó la copa.

───Y porque este hogar siempre tenga espacio para sanar.

Las copas se alzaron.

El sonido del brindis fue suave, íntimo.

Ámbar bajó la mirada un segundo.

Respiró hondo.

───Yo…

───empezó, y se detuvo.

No era fácil hablar ahí.

En esa mesa.

En ese lugar.

───Quería decir algo también ───continuó, con la voz apenas temblada───.

Volver a esta casa no es solo descansar.

Es enfrentar muchas cosas que fui…

y todo lo que no supe hacer bien.

Luna la miraba con atención real.

Sin juicio.

───Este lugar me recuerda a Sharon ───dijo Ámbar, con cuidado───.

Y a Alfredo.

A todo lo que hicieron por mí…

y a todo lo que ya no pueden ver.

El silencio se volvió respetuoso.

Nadie la interrumpió.

───Me duele que no estén ───continuó───.

Me duele no poder mostrarles en quién me estoy convirtiendo.

Decirles que estoy intentando hacerlo distinto.

Simón apoyó su mano sobre la de ella.

Ámbar apretó los dedos, buscando fuerza.

───Y también quiero agradecer ───dijo, levantando la vista───.

A vos, Luna.

Y a ustedes, Miguel, Mónica.

Los miró uno por uno.

───Porque me amaron incluso cuando yo no supe amar bien ───confesó───.

Incluso cuando lastimé, cuando me defendí atacando, cuando creí que no merecía nada de esto.

La voz se le quebró apenas, pero no se detuvo.

───Gracias por no soltarme ───dijo───.

Por dejarme volver.

Por abrirme esta casa…

y el corazón.

Luna sonrió con los ojos brillosos.

Miguel asintió en silencio.

Mónica se llevó una mano al pecho, conmovida.

───Hoy me siento feliz ───concluyó Ámbar───.

Y en paz.

Y eso, para mí, ya es muchísimo.

Levantó la copa con cuidado.

───Por los que nos cuidaron ───dijo───.

Por los que están.

Y por lo que viene.

Las copas chocaron de nuevo.

Más firmes esta vez.

La cena comenzó entre conversaciones suaves, risas tímidas y miradas cómplices.

Afuera, la noche envolvía la mansión Benson con calma.

Y Ámbar, sentada ahí, supo que no estaba regresando al pasado.

Estaba construyendo algo nuevo sobre él.

El pasillo estaba en silencio cuando subieron.

La mansión Benson, de noche, tenía otro pulso.

Más lento.

Más íntimo.

Las luces bajas dibujaban sombras conocidas en las paredes, recuerdos que ya no dolían como antes.

Ámbar caminó despacio.

No por cansancio físico solamente, sino por respeto.

Volver a ese cuarto no era un gesto menor.

La puerta se abrió sin ruido.

Su habitación.

Todo estaba distinto y, al mismo tiempo, igual.

El mobiliario había cambiado, pero el aire seguía siendo el mismo.

Ese que había sido refugio, campo de batalla y, por momentos, prisión.

Ahora no sentía miedo.

Sentía una extraña calma.

Simón dejó la luz tenue encendida.

───¿Estás bien?

───preguntó.

Ámbar asintió.

───Sí ───respondió───.

Solo…

estoy volviendo a mí.

Se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos con cuidado.

Simón la imitó, sin apuro, como si el tiempo por fin les hubiera dado tregua.

Ámbar se recostó despacio.

El cuerpo todavía le pedía suavidad.

Simón se acomodó a su lado, sin invadir, pero cerca.

Ella giró la cabeza para mirarlo.

───Gracias por quedarte acá ───dijo.

───Gracias por dejarme ───respondió él.

Ámbar respiró hondo, con los ojos cerrados.

───Te amo ───dijo, simple, sin miedo.

Simón bajó la cabeza hasta besarle la frente.

───Yo también te amo ───respondió───.

Más de lo que supe decir alguna vez.

Ámbar abrió apenas los ojos y lo miró.

───Gracias por elegirme incluso cuando yo no sabía cómo quedarme.

Simón apoyó su frente contra la de ella.

───Siempre fuiste vos.

Ámbar sonrió.

Apoyó una mano sobre su pecho, escuchando el ritmo tranquilo de su corazón.

Luego llevó la otra al vientre.

Simón cubrió ambas con la suya.

No dijeron nada más.

No hacía falta.

La mansión Benson descansaba.

Los fantasmas se habían vuelto recuerdos.

Y en esa habitación que alguna vez fue escenario de tanto dolor, Ámbar cerró los ojos.

Por primera vez, no para huir.

Para dormir en paz.

Junto a Simón.

Y con el futuro, esperando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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