Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 27
- Inicio
- Todas las novelas
- Ámbar y los restos del brillo
- Capítulo 27 - 27 25 Verdades al atardecer
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: 25 | Verdades al atardecer 27: 25 | Verdades al atardecer La tarde caía despacio sobre el cementerio.
No era un atardecer dramático.
El sol todavía estaba alto, pero ya no quemaba.
La luz era tibia, cansada, como si también ella hubiera vivido demasiado.
Ámbar caminaba tomada del brazo de Simón.
No hablaban.
No hacía falta.
El sonido de la grava bajo sus pasos marcaba un ritmo lento, casi respetuoso.
Cuando doblaron por el sendero central, Ámbar lo vio.
Rey estaba de pie frente a una tumba.
Saco oscuro, postura recta, las manos juntas delante del cuerpo.
No rezaba.
Miraba en silencio.
Ámbar reconoció la lápida antes de leer el nombre.
Se detuvo.
Rey giró apenas la cabeza y la vio.
No se sorprendió.
Esbozó una sonrisa breve, sincera.
───Hola, Ámbar.
───Hola, Rey ───respondió ella, acercándose.
Simón dio un paso atrás de forma natural.
Rey señaló la tumba con un gesto mínimo.
───Vengo seguido ───dijo───.
Sharon odiaría que lo dijera, pero…
no me gusta que esté sola.
Ámbar bajó la mirada.
Sintió un nudo inmediato en la garganta.
───Gracias ───dijo───.
De verdad.
Rey la miró con atención, con ese tipo de respeto que no necesita palabras grandes.
───Fue una mujer importante ───agregó───.
Y no solo para vos.
Ámbar asintió.
───Nunca te olvidaste de ella.
───No ───respondió Rey, sin dudar───.
Hay personas que no se olvidan.
Aunque no estén.
Hubo un silencio corto, cómodo.
───Te dejo ───dijo él finalmente───.
Sé que necesitas este momento.
Antes de irse, apoyó una mano sobre el hombro de Ámbar.
───Está orgullosa de vos ───dijo, simple───.
Siempre lo estuvo.
Rey se alejó sin mirar atrás.
Ámbar se quedó quieta unos segundos.
Luego avanzó hasta la tumba.
Simón permaneció a unos metros, respetando el límite invisible.
Ámbar se sentó frente a la lápida.
La tocó con la yema de los dedos, como si reconociera un contorno familiar.
───Hola…
───susurró.
La palabra le salió distinta esta vez.
Más pesada.
Más real.
───Vine tarde ───dijo───.
Pero necesitaba hacerlo así.
Sin apuro.
Sin ruido.
Inspiró hondo.
───Pasaron muchas cosas desde la última vez que te hablé.
El viento movió apenas las hojas de los árboles.
───Ya sé de dónde vengo ───continuó───.
Sylvana me contó todo.
Sé por qué me dejó.
Sé por qué vos me encontraste.
Cerró los ojos un segundo.
───No fue fácil entenderlo.
Me enojé.
Dudé.
Me dolió.
Pero ya no tengo preguntas que me quemen por dentro.
Abrió los ojos y miró el nombre grabado.
───También conocí a mi padre.
La frase quedó suspendida.
───No como una hija que llega tarde a una vida ───aclaró───.
Más bien como alguien que entiende que algunas verdades no siempre se dicen.
Tragó saliva.
───Decidí no romperle el mundo.
No sé si fue valentía o cobardía.
Tal vez un poco de las dos.
Apoyó la mano sobre la piedra.
───Pero necesitaba que supieras que ya no estoy perdida.
El silencio la envolvió.
───Voy a ser madre, Sharon.
La voz le tembló apenas.
───Estoy embarazada.
Una lágrima cayó sin aviso.
───Tengo miedo ───admitió───.
Mucho.
Nunca tuve una mamá como tal.
Nunca supe cómo se aprende esto.
No sé qué se hace cuando alguien depende de vos para todo.
Se abrazó a sí misma, inconsciente.
───Tengo miedo de fallar.
De no saber cuidar.
De no estar a la altura.
Las lágrimas empezaron a rodar con libertad.
───Y al mismo tiempo…
nunca sentí algo así ───susurró───.
Nunca sentí tantas ganas de quedarme.
Miró su vientre.
───Quisiera que estuvieras acá ───dijo───.
Que me dijeras que no necesito ser perfecta.
Que alcanza con amar.
Con estar.
Respiró hondo varias veces.
───Te extraño ───confesó───.
Incluso cuando sonrío.
Incluso cuando estoy bien.
Levantó la vista al cielo que empezaba a teñirse de naranja.
───Me hubiera gustado que vieras quién soy ahora.
No soy la chica que peleaba todo el tiempo.
Estoy cansada de defenderme del mundo.
Una pausa.
───Simón está conmigo ───agregó───.
De verdad.
No se fue.
No dudó.
Miró hacia donde él esperaba.
───Eso también lo aprendí de vos.
El amor no siempre hace ruido.
A veces simplemente se queda.
Pasó la mano por la lápida, despacio.
───No vine a despedirme ───dijo───.
Vine a contarte.
Porque aunque ya no estés…
seguís siendo mi casa.
Se quedó ahí un largo rato.
Cuando finalmente se levantó, Simón se acercó y la rodeó con el brazo.
Ámbar apoyó la cabeza en su pecho.
Antes de irse, volvió a mirar la tumba.
───Prometo ser feliz ───dijo───.
Por mí y por vos.
Y se fue.
La tarde siguió cayendo.
Sharon ya no estaba sola.
El camino de regreso fue silencioso.
Ámbar apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a encender sus luces.
Simón manejaba despacio, con una mano firme en el volante y la otra apoyada cerca de ella, sin tocarla, pero estando.
Cuando el auto se detuvo frente a la mansión Benson, Ámbar sintió algo parecido a un cierre.
Como si ese lugar volviera a recibirla en un momento clave de su vida.
Bajaron, cuando el teléfono de Ámbar vibró.
───Es Jazmín ───dijo, al ver la pantalla.
Atendió.
───Ámbar…
───la voz del otro lado estaba claramente nerviosa───.
Perdón.
Te juro que no fue a propósito.
Yo…
hablé de más.
Ámbar cerró los ojos un segundo.
───¿Qué pasó, Jaz?
───preguntó, con calma.
-Lo del embarazo.
Lo dije en voz alta en el Roller.
Emilia me miró como si me quisiera matar.
Y…
───dudó─── creo que alguien más escuchó.
Ámbar suspiró.
───Tranquila ───respondió───.
No pasa nada.
Después hablamos, ¿sí?
───¿No estás enojada?
───No ───dijo, sincera───.
Estoy cansada.
Nada más.
Cortó.
Guardó el teléfono.
───Ámbar.
La voz la detuvo en seco.
Giró.
Sylvana estaba allí, de pie, rígida, como si hubiera estado esperando.
No sonreía.
No parecía enojada.
Parecía…
alterada.
Simón se quedó a un costado, en silencio.
Sylvana dio un paso al frente.
───Necesito preguntarte algo ───dijo, sin rodeos.
Ámbar sostuvo su mirada.
───Te escucho.
Sylvana tragó saliva.
Por primera vez desde que se conocían, su voz no sonó firme.
───¿Estás embarazada?
El mundo pareció detenerse.
Ámbar no respondió de inmediato.
Miró la puerta de la mansión.
Miró a Simón.
Volvió a Sylvana.
La verdad, por fin, estaba dicha en voz alta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com