Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 28
- Inicio
- Todas las novelas
- Ámbar y los restos del brillo
- Capítulo 28 - 28 26 Elegir distinto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
28: 26 | Elegir distinto 28: 26 | Elegir distinto La mansión Benson había quedado en un silencio distinto.
No el de la madrugada ni el del cansancio, sino uno deliberado.
Un silencio elegido.
Luna había entendido antes de que nadie dijera nada.
Miguel y Mónica también.
No hubo preguntas ni advertencias.
Simplemente se retiraron a otra parte de la casa, como si ese espacio (el living amplio, las luces bajas, el eco suave de los pasos) hubiera sido reservado para algo que no debía tener testigos.
Ámbar y Sylvana quedaron solas.
Durante unos segundos, ninguna habló.
Sylvana fue la primera en sentarse.
No con comodidad, sino con rigidez.
Apoyó la cartera a un costado, como si necesitara desprenderse de algo antes de seguir.
Ámbar permaneció de pie, cruzada de brazos, sosteniéndose a sí misma.
───No vine a reclamar nada ───dijo Sylvana al fin───.
Solo…
necesito entender.
Ámbar la observó en silencio.
No había enojo en su mirada.
Tampoco ternura.
Había cansancio.
───Estoy embarazada ───dijo finalmente.
La frase no tuvo énfasis.
No buscó impacto.
Cayó como una verdad ya asumida.
Sylvana cerró los ojos un instante.
Respiró hondo, como si el aire no alcanzara.
───¿Hace cuánto?
───preguntó.
───Poco ───respondió Ámbar───.
Lo suficiente para saberlo.
No lo suficiente para sentirme preparada.
Sylvana asintió despacio.
───¿Simón lo sabe?
───Sí.
Desde el comienzo.
───¿Y…
estás bien?
Ámbar dudó.
No por no saber la respuesta, sino por decidir cuán honesta quería ser.
───Estoy…
atravesándolo ───dijo───.
Hay momentos que me siento fuerte.
Otros no.
Y eso también es parte.
Sylvana apoyó las manos sobre las rodillas.
Las miró, como si le pertenecieran a otra persona.
───Nunca pensé que me enteraría así ───admitió───.
Ni que me afectaría tanto.
Ámbar ladeó la cabeza.
───No te lo dije para sentir algo ───aclaró───.
Ni alegría, ni culpa.
Sylvana levantó la mirada.
───¿Entonces por qué?
Ámbar se sentó frente a ella, dejando una distancia prudente entre ambas.
───Porque esto nos va a unir aunque no queramos ───dijo───.
Y prefiero que sea con verdad.
El silencio volvió a instalarse.
───Yo no quiero ser como vos ───continuó Ámbar, sin rodeos.
Sylvana no se sobresaltó.
Lo esperaba.
───No lo digo como reproche ───aclaró───.
Lo digo como decisión.
Inspiró hondo.
───No quiero ausentarme.
No quiero desaparecer cuando duela.
No quiero que mi hija o hijo crezca preguntándose por qué su madre no estuvo.
La voz no le tembló.
Estaba firme.
Decidida.
───Yo sé que vos hiciste lo que pudiste ───agregó───.
Pero yo voy a hacer otra cosa.
Sylvana tragó saliva.
───Yo creí que irme era protegerte ───dijo───.
Pensé que alejarme era darte una oportunidad mejor que la mía.
───Lo sé ───respondió Ámbar───.
Ya no estoy enojada por eso.
Sylvana la miró, sorprendida.
───¿Entonces?
───Entonces no te absuelvo ───dijo Ámbar con calma───.
Pero tampoco te condeno.
Las palabras quedaron suspendidas.
───No necesito perdonarte para seguir ───continuó───.
Necesito no repetir.
Sylvana bajó la mirada.
───Cuando supe que estabas embarazada…
───confesó─── sentí miedo.
No por vos.
Por mí.
Por lo que eso dice de lo que fui.
Ámbar la observó con atención.
───No sos mi ejemplo ───dijo───.
Pero sos mi origen.
Y eso no se puede borrar.
Sylvana levantó la cabeza.
───¿Me estás dejando entrar a tu vida?
Ámbar negó suavemente.
───No ───dijo───.
No todavía.
Sylvana asintió, aceptando.
───Pero tampoco te estoy cerrando la puerta ───agregó Ámbar───.
Estoy aprendiendo a poner límites sin desaparecer.
Sylvana sonrió apenas.
Una sonrisa triste, pero honesta.
───Eso ya es más de lo que yo supe hacer ───admitió.
Ámbar apoyó una mano sobre su abdomen, inconsciente.
───Este embarazo me obligó a mirarte distinto ───dijo───.
No como madre.
Como mujer.
Como alguien que también tuvo miedo.
Sylvana respiró hondo.
───Si alguna vez necesitás algo…
───empezó a decir.
Ámbar la interrumpió con un gesto suave.
───No te voy a pedir que seas lo que no fuiste ───dijo───.
Pero tampoco te voy a negar la posibilidad de estar cerca.
A tu manera.
A mi ritmo.
Sylvana asintió, con los ojos brillosos.
───Eso alcanza ───dijo───.
Por ahora.
No se abrazaron.
No se pidieron perdón.
No se prometieron nada.
Pero cuando Sylvana se levantó para irse, Ámbar no apartó la mirada.
Y cuando Sylvana llegó a la puerta, se detuvo.
───Va a ser amado o amada ───dijo───.
Eso lo sé.
Ámbar respondió sin dudar: ───Eso sí.
La puerta se cerró con suavidad.
En la casa, el silencio volvió a acomodarse.
No como vacío.
Como algo nuevo que todavía estaba aprendiendo a existir.
Jazmín estaba sentada en el borde de la pista, con los patines puestos pero sin moverse.
Tenía los codos apoyados sobre las rodillas y la mirada perdida en algún punto indeterminado del lugar.
Emilia salió del mostrador con dos cafés.
Se acercó y le extendió uno.
───Se enfría si no lo tomás ───dijo.
Jazmín levantó la vista.
───Gracias.
Lo sostuvo entre las manos, pero no bebió.
───¿Hablaste con Ámbar?
───preguntó Emilia, sin rodeos.
───Sí ───respondió Jazmín───.
Me dijo que estaba todo bien.
Que después hablábamos.
Hizo una pausa.
───Eso es lo que más me preocupa.
Emilia sonrió apenas.
───Ámbar cuando dice “después” suele ser sincera ───dijo───.
No es de acumular.
Jazmín suspiró.
───Igual me siento una boluda.
Emilia se sentó a su lado.
───Metiste la pata ───admitió───.
Pero no por mala.
Por emocionada.
Jazmín la miró.
───Me dio miedo ───confesó───.
No lo de Sylvana.
Lo nuestro.
Emilia frunció el ceño.
───¿Qué tiene que ver?
Jazmín bajó la voz.
───Todo esto…
el embarazo de Ámbar, verla tan distinta, tan…
adulta ───dijo───.
Me hizo pensar que el tiempo pasa aunque una no esté lista.
Emilia la observó con atención.
───¿Y eso te asusta?
───Sí ───respondió Jazmín, sin vueltas───.
Porque yo siempre fui la que improvisa.
La que se ríe.
La que no piensa demasiado.
Jugó con el borde del vaso.
───Y con vos…
no quiero improvisar.
Emilia se quedó en silencio unos segundos.
───Yo tampoco ───dijo finalmente.
Jazmín levantó la mirada.
───¿En serio?
Emilia asintió.
───Me da miedo decirlo ───admitió───.
Porque decirlo lo vuelve real.
Y lo real se puede perder.
Jazmín sonrió, nerviosa.
───Somos un desastre.
───Un poco ───concedió Emilia───.
Pero honesto.
El ruido de las ruedas sobre la pista pasó cerca de ellas.
Nadie las miraba.
Nadie esperaba nada.
───Cuando Sylvana escuchó ───continuó Jazmín───, sentí que había cruzado una línea sin permiso.
Como si hubiera expuesto algo que no era mío.
Emilia apoyó una mano sobre la de ella.
───No fue una traición ───dijo───.
Fue un accidente.
Y los accidentes no definen lo que somos.
Jazmín respiró hondo.
───Yo no quiero ser una nota al pie en tu vida ───dijo───.
Ni un “casi”.
Emilia giró el cuerpo hacia ella.
───No lo eres ───dijo───.
Nunca lo fuiste.
El silencio que siguió fue denso, cargado.
───Emi…
───empezó Jazmín.
───Decilo ───la alentó Emilia.
Jazmín tragó saliva.
───Me estoy enamorando de vos.
No lo dijo en broma.
No lo dijo riéndose.
Lo dijo como se dicen las cosas importantes: despacio y sin red.
Emilia no respondió de inmediato.
Cerró los ojos un segundo, como si necesitara ordenar algo por dentro.
───Yo ya estoy ahí ───dijo al fin.
Jazmín exhaló el aire que no sabía que estaba conteniendo.
───¿Y ahora qué?
Emilia sonrió, con una calma nueva.
───Ahora nos elegimos ───dijo───.
Aunque dé miedo.
Aunque no sepamos cómo.
Jazmín apoyó la frente en su hombro.
───Me gusta eso ───murmuró───.
Elegirte.
Emilia rodeó su cintura con un brazo.
───A mí también ───respondió───.
Y no como secreto.
Jazmín levantó la cabeza.
───¿Entonces…?
Emilia la besó.
No fue apurado.
No fue torpe.
Fue simple y verdadero, como una decisión que ya estaba tomada hacía tiempo.
Cuando se separaron, Jazmín sonrió con los ojos brillosos.
───Creo que Ámbar estaría orgullosa ───dijo.
Emilia rió suavemente.
───Seguro diría algo ácido y después sonreiría.
Se quedaron juntas, mirando la pista.
A veces, mientras todo cambia alrededor, el acto más valiente es quedarse.
Y elegir.
Ámbar estaba recostada sobre la cama, de costado, con la cabeza apoyada en el pecho de Simón.
Él tenía un brazo rodeándole los hombros y la otra mano descansando, casi sin peso, sobre su vientre.
No hablaban.
Y aun así, se estaban diciendo todo.
Simón fue el primero en romper el silencio.
───Estoy orgulloso de ti.
Ámbar levantó apenas la cabeza para mirarlo.
───¿Por qué?
───preguntó, genuina.
───Por cómo hablaste con Sylvana ───respondió───.
Por no gritar.
Por no huir.
Por decir lo que necesitabas decir sin lastimar más.
Ámbar tragó saliva.
───No fue fácil.
───Lo sé ───dijo él───.
Justamente por eso.
Ella apoyó la frente contra su cuello.
───Tenía miedo de parecer débil ───confesó───.
De que pensarás que todavía me afecta demasiado.
Simón la apretó un poco más contra él.
───Mi reina…
───dijo con calma───.
Mostrar lo que duele no es debilidad.
Es coraje.
Ella cerró los ojos.
Se dejó estar.
Durante un rato solo se escuchó la respiración de ambos, acompasada.
Simón bajó la mirada hacia el vientre de Ámbar.
Dudó un segundo, como si siempre pidiera permiso, incluso ahora.
Después habló.
───Hola…
La palabra fue apenas un susurro.
Ámbar sonrió sin abrir los ojos.
───Otra vez ───murmuró.
───Siempre ───respondió él.
Deslizó la mano con más firmeza, pero con el mismo cuidado.
───No sé si eres hija o hijo ───continuó───.
Todavía no sé tu nombre.
Ni cómo vas a ser.
Hizo una pausa.
───Pero sí sé algo.
Ámbar sintió cómo la voz de Simón cambiaba apenas.
───Te vamos a cuidar ───dijo───.
Aunque nos equivoquemos.
Aunque tengamos miedo.
Aunque no sepamos qué hacer a veces.
Ámbar abrió los ojos.
Las lágrimas ya le empañaban la vista.
───Tu mamá es muy fuerte ───siguió Simón───.
Más de lo que ella cree.
Y yo…
yo voy a estar siempre.
No porque sea fácil.
Sino porque es lo que elijo.
Una lágrima cayó sobre la remera de Simón.
───No hagas eso…
───susurró Ámbar, quebrada.
───¿Qué cosa?
───Hablar así ───dijo───.
Me desarmás.
Simón sonrió y besó su cabeza.
───Es la verdad.
Ámbar se incorporó apenas, lo miró a los ojos y las lágrimas empezaron a salir sin freno.
───Te amo ───dijo, con la voz rota───.
Te amo demasiado.
A veces me asusta cuánto.
Simón le sostuvo el rostro entre las manos.
───No me asusta ───respondió───.
Me queda grande, pero no me asusta.
La besó.
No con apuro.
No con intensidad desbordada.
Con esa ternura que nace cuando ya no hay nada que demostrar.
Ámbar volvió a recostarse, apoyando la mano sobre la de él, sobre su vientre.
───Gracias por quedarte ───susurró.
───Gracias por dejarme ───contestó Simón.
La luz terminó de apagarse afuera.
En esa habitación, en ese silencio compartido, Ámbar entendió algo con una claridad nueva: No había borrado su historia, No había cerrado todas las heridas, Pero había elegido distinto.
Y esta vez, no estaba sola.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com