Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 27 Cuando el tiempo se rompe
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29: 27 | Cuando el tiempo se rompe 29: 27 | Cuando el tiempo se rompe Saltó temporal.
El tiempo había pasado sin pedir permiso.
No de golpe, no con estruendo.
Había pasado como pasan las cosas importantes: lento, silencioso, acomodándose en el cuerpo.
Ámbar estaba recostada en la cama de la mansión Benson, con varias almohadas sosteniéndole la espalda.
El vientre ya no era solo una presencia: era el centro de todo.
De la habitación.
De sus movimientos.
De su respiración.
Simón estaba a su lado, sentado, con una mano apoyada sobre la panza.
No la movía.
No hacía círculos.
Simplemente estaba ahí, como si ese contacto fuera suficiente para decirlo todo.
───Se mueve más a la noche ───dijo Ámbar, con una sonrisa cansada───.
Como si supiera que ahí paramos.
Simón inclinó apenas la cabeza, atento, concentrado.
───Capaz ya heredó lo nocturno ───respondió───.
O capaz sabe que es cuando estamos los dos.
Ámbar lo miró.
Ese Simón.
El que no necesitaba demostrar nada.
El que no tenía miedo de quedarse quieto.
───Faltan…
───empezó a decir ella.
───Pocos días ───completó él───.
Muy pocos.
Ámbar apoyó una mano sobre la de Simón.
───¿Tenés miedo?
───preguntó.
Simón no respondió de inmediato.
Miró la panza, como si la respuesta estuviera ahí.
───Sí ───admitió───.
Pero no como antes.
No es miedo a equivocarme.
Es miedo a que el tiempo pase rápido.
A no darme cuenta de cuándo crece.
Ámbar tragó saliva.
───Eso me pasa a mí también.
Se quedaron en silencio.
El tipo de silencio que no incomoda.
El que descansa.
───Todavía no puedo creer que no quieras saber qué es ───dijo Simón, con una media sonrisa───.
Todo el mundo pregunta.
Ámbar exhaló despacio.
───Pasé la vida entera queriendo saber todo antes.
Anticiparme.
Controlar.
Defenderme ───dijo───.
Esta vez no quiero.
Quiero sorprenderme.
Quiero que sea lo primero que no planeo.
Simón acercó el rostro a la panza.
───Hola ───susurró───.
Sea quien seas…
llegá tranquilo.
Te estamos esperando.
Ámbar sintió un nudo inmediato en el pecho.
───Cuando hablás así…
───dijo, con la voz quebrándose─── me cuesta no llorar.
Simón levantó la mirada.
───Es que ya te amo ───dijo───.
Y todavía no te vi.
Ámbar cerró los ojos un segundo.
───Nunca pensé que iba a llegar a este lugar ───confesó───.
A estar así.
En paz.
Con miedo, sí…
pero sin huir.
Simón se acercó y apoyó la frente contra la de ella.
───No tienes que saber hacerlo perfecto ───dijo───.
Solo estar.
Como estás ahora.
Ámbar sonrió, cansada, plena.
───Prométeme algo.
───Lo que sea.
───Que pase lo que pase…
no nos soltemos.
Simón entrelazó sus dedos con los de ella, firme.
───No me fui antes ───dijo───.
No me voy ahora.
La habitación quedó envuelta en una calma extraña.
Como si todo estuviera esperando.
Como si el tiempo, por primera vez, estuviera a punto de romperse.
El hall del aeropuerto estaba lleno de ruido, de ruedas arrastrándose, de nombres pronunciados por altoparlantes y de abrazos que se anticipaban antes de verse.
Jazmín caminaba de un lado al otro, inquieta.
Emilia permanecía a su lado, más quieta, con la mirada fija en la puerta de arribos internacionales.
───Si tarda cinco minutos más, exploto ───dijo Jazmín.
───Llegó de Francia, no de la esquina ───respondió Emilia, divertida───.
Respirás y listo.
Jazmín sonrió, pero no dejó de mirar.
Y entonces la vio.
Delfi apareció entre la gente con una valija clara, gafas de sol enormes y una campera perfectamente elegida, como si incluso el cansancio le quedara bien.
───¡DELFIIII!
───gritó Jazmín sin pensarlo.
No esperó respuesta.
Corrió directo hacia ella y la abrazó con fuerza, casi levantándola del piso.
───¡Pará, Jaz!
───rió Delfi───.
¡Me vas a desarmar!
───Te fuiste fashion y volviste icono ───dijo Jazmín, separándose apenas para mirarla de arriba abajo───.
Ese look…
Francia te hizo muy bien.
Delfi se acomodó el pelo, cómplice.
───Aprendí de las mejores ───respondió───.
Pero vos…
vos estás distinta.
La mirada de Delfi pasó de Jazmín a Emilia.
No fue una pregunta.
Fue una lectura.
───Hola ───dijo Delfi, sonriendo───.
Emilia, ¿la misma Emilia que conocía?
───La misma ───respondió Emilia───.
Bienvenida.
Delfi levantó una ceja, divertida.
───Ok…
después me cuentan todo ───dijo.
Caminaron juntas hacia un costado, buscando un lugar más tranquilo.
───¿Y Ámbar?
───preguntó Delfi, sin rodeos───.
Decime que está bien.
───Está a días de parir ───respondió Jazmín, orgullosa───.
En modo diosa cansada.
───¿Nena o varón?
───preguntó Delfi─── Le pregunté varias veces y no me cuenta nada.
Emilia negó con la cabeza antes de que Jazmín respondiera.
───No quiso saber.
Delfi abrió los ojos, sorprendida.
───¿Ámbar?
¿La control freak histórica?
Jazmín rió.
───Esa misma ───dijo───.
Pero está distinta.
Más tranquila.
Más ella.
Delfi sonrió con suavidad.
───Eso es crecer ───murmuró.
Hizo una pausa y volvió a mirar a Jazmín y Emilia juntas, sin distancia entre ellas.
───Bueno ───dijo───.
Ahora sí.
¿Qué me perdí?
Jazmín entrelazó los dedos con los de Emilia, sin esconderse.
───Somos novias.
Delfi las observó un segundo.
Luego sonrió, amplia, sincera.
───Por fin ───dijo───.
Se les nota.
Emilia soltó una risa breve.
───¿De verdad?
───Muchísimo ───respondió Delfi───.
Y estoy orgullosa.
Miró a Jazmín con atención.
───De vos especialmente ───agregó───.
De todo lo que lograste.
De quién sos hoy.
No te achicaste.
No te perdiste.
Jazmín sintió un nudo en la garganta.
───Gracias ───dijo───.
Viniendo de vos…
pesa bien.
Delfi abrió los brazos y las envolvió a ambas en un abrazo.
───Y ahora ───dijo, separándose───, llévenme con Ámbar.
Antes de que ese bebé decida nacer sin conocerme.
Las tres rieron, caminando juntas entre la gente.
Algunas distancias, incluso las más largas, nunca rompen lo esencial.
El restaurante era pequeño y luminoso, lejos del ruido del centro.
Una elección consciente.
Ámbar había querido algo simple, sin miradas ajenas, sin escenarios que obligaran a fingir nada.
Sylvana ya estaba sentada cuando llegaron.
Se levantó apenas los vio.
No con urgencia, no con culpa.
Con una sonrisa suave, genuina.
───Hola ───dijo.
───Hola ───respondió Ámbar.
El beso en la mejilla fue natural.
No hubo tensión.
Tampoco exageración.
Solo un gesto que, meses atrás, habría sido impensado.
Simón saludó con respeto y se sentaron los tres.
Durante los primeros minutos hablaron de cosas pequeñas.
El clima.
El lugar.
El tráfico.
Como si estuvieran aprendiendo a caminar en terreno nuevo.
Sylvana fue la primera en mirar el vientre de Ámbar sin disimulo.
───Estás hermosa ───dijo───.
Cansada…
pero hermosa.
Ámbar sonrió.
───Me siento como un planeta con gravedad propia.
Simón rió, orgulloso.
───Confirmo.
Sylvana observó la escena con una ternura que no intentó ocultar.
───¿Falta poco, no?
───preguntó.
───Muy poco ───respondió Ámbar───.
Ya no hago planes a más de dos días.
Sylvana asintió, comprensiva.
───¿Seguís sin querer saber el sexo?
───Sí ───dijo Ámbar, segura───.
Quiero que sea sorpresa.
Algo que no controle.
Sylvana sonrió apenas.
───Eso habla de cuánto cambiaste.
Ámbar la miró.
───Habla de cuánto estoy aprendiendo.
El pedido llegó.
Comieron despacio.
Sin silencios incómodos.
Sin discursos pendientes.
En un momento, Sylvana apoyó la mano sobre la mesa, cerca de la de Ámbar.
No la tocó.
Esperó.
Ámbar fue quien acortó la distancia.
El gesto fue mínimo.
El significado, enorme.
───Gracias por estar ───dijo Ámbar───.
Así.
Sin invadir.
Sin reclamar.
Sylvana respiró hondo.
───Gracias por dejarme ───respondió───.
Nunca supe cómo hacerlo antes.
Ámbar la observó con una calma nueva.
───No somos lo que fuimos ───dijo───.
Y eso está bien.
Sylvana asintió, con los ojos brillosos.
───A veces pienso que este bebé…
───dijo, dudando─── nos dio una segunda oportunidad.
Ámbar negó suavemente.
───No ───dijo───.
Nos dio una primera.
De verdad.
Sylvana sonrió, emocionada.
Simón las miró en silencio, entendiendo que ese momento no necesitaba su voz, solo su presencia.
Cuando el almuerzo terminó y se levantaron para irse, Sylvana abrazó a Ámbar.
Esta vez, sin rigidez.
Sin miedo.
───Te quiero ───dijo Sylvana, bajito.
Ámbar no se tensó.
No dudó.
───Yo también ───respondió.
No como deuda.
No como consuelo.
Como elección.
Salieron juntos del lugar.
El vínculo no estaba completo.
No era perfecto.
Pero por primera vez, era real.
Y eso, para Ámbar, ya era todo.
El almuerzo en la mansión Benson transcurría con esa calma familiar que solo se logra cuando ya no hay nada que demostrar.
La mesa estaba servida en el jardín.
El sol entraba entre los árboles y el ruido de la ciudad quedaba lejos, como si el mundo exterior no tuviera permiso para interrumpir.
Luna y Matteo estaban sentados uno al lado del otro.
No necesitaban tocarse todo el tiempo, pero cada gesto los delataba: una rodilla que buscaba la otra, una sonrisa compartida, miradas que no pedían explicación.
Miguel hablaba de cualquier cosa.
Del trabajo.
De un viaje pendiente.
De planes prácticos.
Mónica lo escuchaba con media sonrisa, sabiendo que, en algún momento, la conversación iba a desviarse.
Y ocurrió.
───Estuve pensando…
───dijo Luna, de pronto, mientras acomodaba la servilleta───.
En el futuro.
En nosotros.
Miguel levantó la vista, interesado.
───Ajá…
Matteo la miró, atento pero relajado.
La conocía lo suficiente para saber cuándo algo importante venía en camino.
───Me gustaría ser madre ───dijo Luna, sin dramatismo───.
Algún día.
El silencio fue inmediato.
Miguel llevó el vaso a la boca…
y se atragantó.
───¿PAPÁ?
───exclamó Luna, alarmada.
Mónica golpeó suavemente la espalda de Miguel, pero ya estaba riéndose.
───Respirá, Miguel.
No es ahora.
No te vas a morir hoy.
Miguel logró recomponerse, con los ojos abiertos de par en par.
───¿Madre?
───repitió───.
¿Tú?
¿Ahora?
───Dije “algún día” ───aclaró Luna, divertida───.
No “mañana”.
Matteo intervino con una sonrisa nerviosa pero sincera.
───Miguel, le prometo que todavía no le vamos a dar un infarto oficial.
Mónica soltó una carcajada.
───A mí me parece precioso ───dijo.
Miguel negó con la cabeza, todavía procesando.
───Es que…
───dijo─── yo todavía la veo patinando por la casa con auriculares gigantes.
Luna se levantó y rodeó la mesa para abrazarlo.
───Eso no se va ───dijo───.
Solo se transforma.
Miguel la abrazó con fuerza, resignado pero emocionado.
───Está bien ───murmuró───.
Pero avisá con tiempo.
Todos rieron.
Matteo tomó la mano de Luna cuando volvió a sentarse.
───Cuando llegue ese momento ───dijo───, va a ser porque lo elegimos.
Como todo.
Luna lo miró con amor pleno.
───Eso es lo que quiero ───respondió───.
Elegirte en cada etapa.
Mónica los observó en silencio, con esa mirada que mezcla orgullo y nostalgia.
───Sean felices ───dijo───.
Lo demás se acomoda.
El almuerzo continuó entre bromas, anécdotas y risas.
Miguel seguía fingiendo calma, pero cada tanto miraba a Luna como si necesitara memorizarla.
Porque entendía, aunque le costara admitirlo, que su hija ya no estaba soñando el futuro.
Lo estaba construyendo.
Y lo hacía, por fin, acompañada.
La tarde entraba de costado por los ventanales del departamento.
No hacía calor, pero el aire estaba cargado de esa electricidad suave que antecede a los cambios grandes.
Ámbar estaba sentada en el sillón, con las piernas elevadas y una mano apoyada sobre el vientre, que ya no dejaba lugar a dudas.
Jazmín y Delfi ocupaban el piso, rodeadas de almohadones.
Emilia estaba cerca de la cocina, sirviendo algo de tomar.
Simón iba y venía, atento sin ser invasivo.
───No puedo creer que falten días ───dijo Delfi, mirándola como si necesitara convencerse───.
DÍAS, Ámbar.
Ámbar sonrió, cansada y feliz al mismo tiempo.
───Yo tampoco ───admitió───.
A veces me despierto pensando que todavía falta un montón…
y después me acuerdo de que no.
Jazmín la miró de arriba abajo, con dramatismo.
───Es oficial ───sentenció───.
Estás más madre que persona.
───Gracias, Jaz ───respondió Ámbar, seca.
───Lo digo con amor ───se defendió───.
Amor y miedo.
Delfi se acercó y se sentó a su lado.
La observó en silencio unos segundos, con los ojos brillosos.
───Te ves…
distinta ───dijo───.
No por la panza.
Por la calma.
Ámbar bajó la mirada.
───Me costó llegar acá.
Delfi asintió.
───Lo sé.
Apoyó la mano con cuidado sobre el vientre de Ámbar.
───Prometo ser la mejor tía del mundo ───dijo, con emoción genuina───.
La que lleva a desfiles, la que enseña a combinar colores, la que…
───Pará ───la interrumpió Jazmín, incorporándose de golpe───.
Eso es MI territorio.
Delfi la miró, divertida.
───¿Perdón?
───Moda ───aclaró Jazmín───.
Yo soy la tía que sabe de moda.
Vos sos…
no sé…
la tía internacional.
Emilia se rió desde la cocina.
───¿Existe eso?
───Sí ───respondió Jazmín───.
Vuelve de Francia y te juzga el outfit sin hablar.
Delfi cruzó los brazos.
───Mirá, nena, yo estudié esto.
───Y yo lo vivo ───replicó Jazmín.
Ámbar las miró discutir con una sonrisa amplia.
───Paren ───dijo───.
Va a tener muchas tías.
No es competencia.
───Sí es ───dijeron Jazmín y Delfi al mismo tiempo.
Se quedaron mirándose un segundo…
y estallaron en risa.
Simón apareció con vasos en la mano.
───¿Todo bien aquí o necesito casco?
───preguntó.
───Estamos definiendo quién va a ser la mejor tía ───explicó Emilia.
Simón asintió, serio.
───Ah, tema importante.
Emilia le respondió en automático, con sonrisa cómplice: ───La neta, sí.
Jazmín frunció el ceño.
───¿Qué dijeron?
Simón y Emilia se miraron.
───Nada ───dijo Simón───.
Cosas normales.
───No mientan ───replicó Jazmín───.
Cuando hablan así es porque me están excluyendo.
Emilia se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla.
───Tranquila, amor.
Solo estamos diciendo que tú eres intensa.
───¿QUÉ?
Simón soltó una carcajada.
───Perdón, perdón ───dijo───.
Traducción libre.
Jazmín cruzó los brazos, ofendida.
───No me gusta que conspiren en otro idioma.
───Es cultura ───respondió Emilia, divertida───.
Adáptate.
Delfi observaba la escena con una sonrisa suave, como si estuviera viendo algo que nunca imaginó posible.
───Mirá todo lo que construiste ───le dijo a Ámbar, en voz baja───.
No estás sola.
Nunca más.
Ámbar sintió un nudo en la garganta.
───Eso es lo que más me emociona ───confesó───.
Que mi hija o hijo llegue a esto.
A este ruido.
A estas risas.
Delfi la abrazó con cuidado.
───Va a llegar amado o amada ───dijo───.
Eso se nota.
Jazmín se sumó al abrazo, exagerada.
───Y con unos outfits increíbles.
Emilia las rodeó a todas.
Simón las miró desde unos pasos atrás, con esa mezcla de gratitud y asombro que le despertaba la vida cuando, por una vez, no dolía.
La tarde siguió avanzando entre risas, recuerdos y promesas dichas al pasar.
Nadie lo sabía todavía, pero esa iba a ser una de las últimas tardes así.
Antes de que todo cambiara.
La noche había caído sin anunciarse.
El departamento estaba en penumbra, iluminado apenas por una lámpara del living y la luz tibia que entraba desde la calle.
Ámbar estaba recostada de costado en la cama, con la espalda apoyada en el pecho de Simón.
Él le acariciaba el vientre con movimientos lentos, casi circulares, como si quisiera memorizar esa forma antes de que dejara de ser solo de ellos dos.
───Faltan tres días ───dijo Ámbar, más para sí misma que para él.
───Eso dice el calendario ───respondió Simón───.
Pero este bebé nunca respetó demasiado los planes.
Ámbar sonrió.
───Como su madre.
Simón bajó la cabeza y besó su hombro.
───¿Estás nerviosa?
Ámbar pensó un segundo.
───Estoy…
expectante ───dijo───.
Es raro.
Ya no siento miedo como antes.
Siento que algo se está cerrando y abriendo al mismo tiempo.
Simón apoyó la frente contra la suya.
───Pase lo que pase ───dijo───, no estás sola.
Te lo prometo otra vez si hace falta.
───No hace falta ───respondió ella───.
Ya lo sé.
Se quedaron en silencio.
El tipo de silencio que no incomoda, que acompaña.
De pronto, Ámbar frunció el ceño.
───Simón…
───¿Qué?
Ella se incorporó apenas.
───Sentí algo raro.
───¿Contracción?
Ámbar negó, confundida.
───No…
fue distinto.
Hubo un segundo exacto.
Uno solo.
Ámbar abrió los ojos.
───Simón ───dijo, ahora con claridad───.
Simón.
Él se tensó al instante.
───¿Qué pasó?
Ámbar miró la sábana.
───Rompí bolsa.
El mundo se reorganizó en medio segundo.
Simón se puso de pie de golpe.
───¿Ahora?
───Ahora ───confirmó ella, respirando hondo───.
Y no creo que sea una falsa alarma.
Simón pasó una mano por su cara, intentando pensar.
───Ok.
Ok.
Bien.
Tranquilos.
Todo bien.
───Simón ───dijo Ámbar───.
No estamos tranquilos.
───No, claro que no ───admitió───.
Pero vamos a fingirlo.
Fue hacia el placard, agarró una campera, el bolso que ya estaba preparado desde hacía días.
───Tres días antes ───murmuró───.
Tres días antes.
Ámbar se levantó con cuidado.
───Siempre fui impuntual ───dijo, intentando sonreír.
Simón volvió hacia ella, le sostuvo el rostro con ambas manos.
───Ey ───dijo───.
Mirame.
Ella lo hizo.
───Esto es real ───continuó───.
Está pasando.
Y lo estamos haciendo bien.
Ámbar asintió, con los ojos brillosos.
───Tengo miedo ───admitió.
───Yo también ───respondió él───.
Pero es el miedo correcto.
La ayudó a ponerse la campera.
Le dio un beso corto, firme.
───Vamos a conocer a nuestra hija o hijo ───dijo───.
Hoy.
Ámbar apoyó la frente en su pecho por un segundo.
───Hoy ───repitió.
Salieron del departamento a toda prisa.
El ascensor pareció eterno.
La ciudad seguía funcionando como si nada, ajena al momento exacto en que dos vidas estaban a punto de cambiar para siempre.
Cuando el auto arrancó, Simón apretó el volante con una mezcla de nervios y emoción.
Ámbar apoyó una mano en su vientre.
───Ya vamos ───susurró───.
Ya vamos.
Y el plan, cuidadosamente armado durante meses, quedó atrás.
Porque cuando llega el momento, la vida no pide permiso.
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