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Ámbar y los restos del brillo - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 07 Hijas del mismo fuego
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9: 07 | Hijas del mismo fuego 9: 07 | Hijas del mismo fuego Simón salió del hospital cuando el reloj del hall marcaba poco después de las nueve de la mañana.

El sol ya estaba alto, pero no calentaba.

Era una luz blanca, directa, de esas que no consuelan ni esconden nada.

Afuera, la ciudad seguía funcionando como si nada: autos pasando, gente caminando rápido, el mundo avanzando sin esperar a nadie.

Se apoyó contra la pared exterior del hospital y cerró los ojos un segundo.

Respiró hondo.

El aire fresco le llenó los pulmones, pero no le acomodó el pecho.

Ámbar estaba con Sharon.

Tenía que ser así.

Pero dolía igual.

Se pasó una mano por la cara, cansado, como si llevara días sin dormir.

El cuerpo le pesaba.

La cabeza también.

───Simón…

Abrió los ojos.

Luna estaba a unos metros, con anteojos de sol y el pelo recogido de cualquier manera.

A su lado, Matteo, serio, atento, sosteniendo dos cafés que ya estaban fríos.

───Ya lo sabía ───dijo Luna antes de que él preguntara───.

Anoche soñé con ella.

Y esta mañana…

Ámbar me escribió.

Simón asintió despacio.

───Está en terapia intensiva ───explicó───.

Solo permiten una persona.

Está con Ámbar ahora.

Luna bajó los anteojos apenas, mirándolo a los ojos.

───¿Y tú?

Simón negó.

───No puedo entrar ───dijo───.

Y aunque pudiera…

ese lugar es de ella.

Matteo dejó uno de los cafés sobre un banco cercano y se acercó un poco más.

───¿Cómo estás?

───preguntó, directo.

Simón soltó una risa breve, sin humor.

───No lo sé ───respondió───.

Creo que cansado de ver cómo todo le duele a ella.

Luna frunció el ceño.

───¿A Ámbar?

Simón asintió.

───Siempre hay algo más ───continuó───.

Su pasado, su familia, ahora Sharon.

Cada vez que parece que puede respirar…

el mundo le vuelve a pegar.

Se quedó en silencio un segundo.

Trató de seguir hablando, pero la voz no le salió igual.

───Y yo estoy aquí ───dijo al fin───.

Mirando.

Sin poder hacer nada.

Las manos le temblaron apenas.

───La amo demasiado ───admitió───.

Y siento que no alcanza.

Que no alcanza con quererla, con cuidarla, con estar.

Nada alcanza cuando todo parece decidido a hacerla sufrir.

El quiebre fue inevitable.

Las lágrimas le llenaron los ojos antes de que pudiera frenarlas.

Bajó la cabeza, vencido, y el llanto salió crudo, silencioso al principio, después más fuerte.

───No quiero que sufra más ───dijo, con la voz rota───.

No quiero verla así toda la vida.

Luna no dudó.

Lo abrazó con fuerza, sin decir nada primero.

Como si entendiera que no había palabras para eso.

Matteo se acercó también, apoyándole una mano firme en la espalda.

───No sos débil ───dijo Luna, bajito───.

Sos alguien que ama de verdad.

Y eso siempre duele.

Simón respiró entrecortado.

───Siento que tengo que ser más ───susurró───.

Más fuerte.

Más útil.

───No ───respondió Matteo───.

Tenés que ser vos.

Eso es lo que la sostiene.

El llanto fue aflojando de a poco.

No porque el dolor se fuera, sino porque había sido compartido.

Simón se separó despacio.

Se secó la cara, avergonzado.

───Perdón…

───No pidas perdón por sentir ───lo cortó Luna───.

Ámbar no te ama por ser indestructible.

Simón levantó la vista hacia el edificio del hospital.

Las ventanas reflejaban el cielo claro de la mañana.

En algún lugar de ahí, Ámbar seguía peleando con el pasado, con el miedo, con el amor.

Y él iba a seguir ahí.

Aunque no pudiera entrar.

El Jam & Roller estaba abierto, funcionando…

pero claramente en modo supervivencia.

La música sonaba un poco más fuerte de lo habitual, una bandeja de muffins estaba mal rotulada (“SIN AZÚCAR” cuando claramente tenían azúcar) y la pizarra de promociones tenía escrita la palabra capuchino con doble “p”.

Jazmín estaba detrás del mostrador, con el celular pegado a la oreja, un delantal torcido y una lapicera mordida entre los dientes.

───Te juro, Delfi, que si Ámbar viera esto…

nos despide simbólicamente ───decía en voz baja───.

O peor: nos mira en silencio.

Eso es peor.

Del otro lado de la línea, Delfina se rio.

───Pero pará, ¿Cómo está ella?

¿Sabes algo nuevo?

Jazmín apoyó el codo en la caja registradora (que hizo bip sin motivo).

───Mal ───respondió, más seria───.

Muy mal.

Sharon en terapia intensiva, Simón destruido y Ámbar…

───tragó saliva─── Ámbar rota por dentro, aunque no lo diga.

───Pobre Ámbar…

───murmuró Delfi───.

Siempre le toca lo más difícil.

───Siempre ───asintió Jazmín───.

Y encima no quiere molestar a nadie.

Se guarda todo.

Se quedó callada un segundo.

Del otro lado, Delfi esperó.

───Y…

───continuó Jazmín, dudando───.

Emilia está acá conmigo.

───¿Emilia Emilia?

───preguntó Delfi, con tono sospechosamente divertido.

───Esa Emilia ───respondió Jazmín───.

La mexicana sería.

La de “no sonrío, pero te sostengo el mundo”.

Delfi rió más fuerte.

───Ajá…

Jazmín suspiró.

───Delfi…

me pasan cosas raras.

───¿Raras tipo “me siento incómoda” o raras tipo “me late el corazón como idiota”?

───disparó Delfi.

Jazmín se quedó mirando al frente, donde Emilia intentaba (sin éxito) acomodar una fila de patines por talle.

───Lo segundo ───admitió───.

Y eso es lo que me asusta.

───¿Porqué es Emilia o porque es mujer?

───preguntó Delfi, directa.

Jazmín bajó la voz.

───Porque es mujer ───dijo───.

O sea…

yo nunca pensé esto.

Nunca.

Y ahora me pongo nerviosa cuando se me acerca.

Me dan ganas de hacerla reír.

Y cuando me mira así, seria, siento que hice algo mal aunque no haya hecho nada.

───Jaz ───dijo Delfi, más suave───.

Sentir no te convierte en nada que no seas.

Solo te dice que estás viva.

───Pero…

───dudó───.

¿Y si no es “normal”?

───Normal es sufrir sola ───respondió Delfi───.

Esto no.

Esto es descubrir.

Jazmín sonrió apenas.

───Sos muy sabia para ser alguien que se ríe de memes de gatos.

───Los gatos enseñan mucho ───dijo Delfi───.

Escúchame: no te apures, no te etiquetes, no te escondas.

Sentí.

Y fíjate qué pasa.

Jazmín respiró hondo.

───Gracias…

───De nada.

Y ahora corta antes de que Emilia te escuche decir su nombre con voz de novela turca.

───¡No hago eso!

───susurró Jazmín, indignada.

───Ajá ───rió Delfi───.

Beso.

Y cuídate.

Cortaron.

Jazmín dejó el celular sobre el mostrador justo cuando Emilia apareció de golpe frente a ella, con una bandeja en la mano.

───Oye…

───dijo Emilia───.

¿Dónde va esto?

Jazmín pegó un saltito.

───¡AH!

───exclamó───.

¿Vos caminás o te teletransportás?

Emilia arqueó una ceja.

───Camino ───respondió───.

En silencio.

Porque alguien puso música fuerte.

Jazmín se sonrojó.

───Era para ambientar.

El Roller sin música es…

tristeza con ruedas.

Emilia apoyó la bandeja.

───¿Esto va aquí?

───preguntó señalando los muffins.

Jazmín miró.

───Sí.

No.

Esperá…

esos son los sin azúcar.

Emilia la miró fijo.

───Jazmín…

eso tiene dulce de leche arriba.

───Bueno, sin azúcar añadida emocionalmente ───improvisó───.

Es un concepto.

Emilia soltó una risa breve.

Casi imperceptible.

Pero risa.

Y eso fue suficiente para que a Jazmín se le desordenara todo por dentro.

───Che ───dijo Jazmín, nerviosa───.

Gracias por quedarte hoy.

Por Ámbar.

───No lo dudé ───respondió Emilia, más seria───.

Ella nos necesita funcionando.

Aunque sea así…

───miró alrededor─── medio caóticamente.

───Esto no es caos ───defendió Jazmín───.

Es creatividad.

Emilia la observó un segundo más de lo normal.

───¿Estás bien?

───preguntó───.

Te noto extraña.

Jazmín se encogió de hombros.

───Sí…

no.

O sea…

sí, pero con sentimientos confusos, Roller lleno, cafetera fallando y vos mirándome como si esperaras que yo sepa qué hacer.

Emilia ladeó la cabeza.

───No espero eso ───dijo───.

Solo espero que no rompas nada.

───No prometo nada ───sonrió Jazmín.

Emilia volvió a sonreír.

Apenas.

Pero lo hizo.

Y mientras el Jam & Roller seguía girando, torpe pero vivo, algo más empezaba a tomar forma entre ellas.

Sin nombres.

Sin etiquetas.

Pero real.

El pasillo de terapia intensiva estaba más silencioso que el resto del hospital.

No por falta de gente, sino por respeto.

Como si todos supieran que ahí el tiempo dolía distinto.

Ámbar estaba sentada en una silla de plástico, con la espalda apoyada contra la pared, las manos rodeando un vaso de café ya frío.

Miraba el piso, sin verlo.

Luna se acercó despacio y se sentó a su lado, dejando apenas un espacio prudente entre ellas.

No invadió.

No preguntó de inmediato.

───Simón me dijo que estabas adentro ───dijo Luna, suave───.

Que solo podía entrar una persona.

Ámbar asintió.

───Sí…

───respondió───.

Me quedé un rato…

y me terminé quedando dormida.

Ella sigue en coma.

Se hizo un silencio breve.

No incómodo.

Cargado.

───Soñé con ella ───dijo Luna de pronto───.

Con Sharon.

Ámbar levantó la vista.

La miró por primera vez desde que se sentaron juntas.

───Yo también soñé con ella muchas veces ───admitió───.

Aunque estuviera despierta.

Luna esbozó una sonrisa mínima.

Después bajó la mirada.

───Fue un sueño feo ───continuó───.

La mansión.

El incendio.

Todo lo que nunca terminó de quemarse.

Ámbar apretó los labios.

───Nada se terminó ahí ───dijo───.

Solo quedó suspendido.

Luna la miró de reojo.

───¿Cómo estás tú?

───preguntó───.

De verdad.

Ámbar soltó el vaso sobre el piso.

───Confundida ───respondió───.

Cansada.

Como si el universo me hubiera puesto a prueba el mismo día.

Luna frunció el ceño.

───¿El mismo día?

Ámbar respiró hondo.

Dudó un segundo.

Después, habló.

───Sylvana trabaja en el Jam & Roller.

Luna se quedó quieta.

───¿Sylvana…?

───repitió───.

¿Tu mamá biológica?

Ámbar asintió.

───Empezó justo ahora.

Como si nada.

Como si no supiera que yo soy la encargada.

Como si…

───se encogió de hombros─── como si la vida quisiera burlarse.

Luna la miró con atención.

───Entonces el mismo día que vuelve tu mamá biológica…

───empezó.

───Mi otra mamá termina en terapia intensiva ───completó Ámbar───.

Sí.

Luna negó despacio.

───Eso es demasiado incluso para nuestra familia ───murmuró───.

Ámbar soltó una risa breve, sin humor.

───¿Viste?

Nunca hacemos las cosas simples.

Se quedaron calladas un instante más.

───Es raro ───dijo Luna───.

Vos sos su hija.

Yo soy su sobrina.

Pero…

───dudó─── a veces siento que somos primas de algo que se rompió hace mucho.

Ámbar la miró.

Esa frase le llegó hondo.

───Sí ───respondió───.

Como si nos hubieran dejado una herencia emocional que nadie explicó cómo usar.

Luna apoyó el hombro contra el de ella.

───Yo la odié mucho tiempo ───confesó───.

Y todavía me cuesta no hacerlo.

Ámbar cerró los ojos un segundo.

───Yo también ───dijo───.

Y aun así…

acá estoy.

───Porque es tu mamá ───dijo Luna.

───Porque fue lo único parecido a una madre que tuve ───corrigió Ámbar───.

Aunque haya amado mal.

Luna suspiró.

───¿Y Sylvana?

───preguntó───.

¿Qué vas a hacer con eso?

Ámbar miró hacia la puerta de terapia intensiva.

───No lo sé ───admitió───.

Me cuesta pensar en conocer a alguien que me dio la vida mientras la que me crió se me puede ir.

Luna la tomó de la mano.

Firme.

───No tenés que resolver todo hoy ───dijo───.

Hoy solo sobreviví.

Eso ya es bastante.

Ámbar apretó su mano de vuelta.

───Gracias ───murmuró───.

Por estar.

Por no juzgar.

Luna sonrió, triste.

───Somos familia ───respondió───.

Aunque no sepamos bien cómo.

Se quedaron así, juntas, mirando una puerta cerrada que separaba la vida del miedo.

Dos primas.

Dos hijas de un mismo incendio que todavía no se apagaba.

Y, sin decirlo, ambas supieron que ese lazo recién empezaba a redefinirse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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