Amon, el Legendario Señor Supremo - Capítulo 1
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1: Capítulo 1: Amon Tang 1: Capítulo 1: Amon Tang Tumbado en una cama se encontraba un chico de 17 años; su nombre era Amon Tang.
Amon era un joven apuesto con un cuerpo firme y musculoso.
En aquel momento, yacía inconsciente en una cama de hospital.
—Ya llevé a Elijah con la familia Smith, ¿y ahora quieres que me haga cargo de otro hijo?
—Maicon Ferreira estaba irritado por este hostigamiento interminable—.
¿Qué escuela aceptaría fácilmente a un estudiante como Amon?
—Yo quise quedarme con Elijah en aquel entonces, ¿y ahora me endilgas a Amon solo porque no lo quieres?
—Por su tono de voz, Sonia Tang estaba claramente incómoda.
Lucharon sin descanso por la custodia de Elijah cuando solicitaron el divorcio.
Al final, Elijah quiso irse con su padre y el caso se dio por cerrado.
En aquel entonces, nadie quiso a Amon.
Ambos renunciaron a su custodia y, al final, se desentendieron de él.
Los abuelos Tang se compadecieron de Amon.
Por eso, cuidaron de él durante 11 años.
—Sonia, amor mío —dijo Julius Queiroz con una sonrisa amable mientras le sostenía la mano—.
No me molesta que tu hijo viva en nuestra casa.
Tú aceptaste a mis dos hijas, lo mínimo que puedo hacer es devolverte el favor.
—Pero…
—¡Nada de peros!
—siguió sonriendo Julius—.
Ahora está solo; sus abuelos murieron en un incendio.
Necesita a su madre más que nunca.
Maicon se sintió aliviado al oír aquello.
—Estupendo, ya me voy.
—No quiso ni esperar a que su hijo recuperara la consciencia.
Su actual esposa le había ordenado que no se llevara a Amon de vuelta a casa.
Por miedo a que cambiaran de opinión, Maicon Ferreira se marchó lo más rápido que pudo.
«¡Qué hombre tan inútil!», maldijo Sonia para sus adentros, pero también era madre.
Y, por mucho que temiera que Amon pudiera causar problemas, todavía sentía algo por él.
*
Su coche estaba abajo.
Un BMW azul con matrícula y las letras del Continente Platino.
Cuando Amon despertó, no pronunció palabra.
Tenía un aire de matón de pies a cabeza y Sonia no estaba segura de si sería capaz de comportarse.
Tras hablar con el médico, Julius y Sonia llevaron a Amon directamente a su casa.
—Ahora que mis padres…
—Sonia vaciló al llegar al frente de la casa y, mirando a Amon, dijo—: Ya que vas a empezar a vivir con nosotros, tienes que comportarte; no puede ser como antes con toda tu violencia.
Amon se limitó a asentir.
Sonia no sabía si de verdad la estaba escuchando o no.
Al bajar del coche, Sonia dijo: —Aquí hay una habitación de invitados, puedes usarla por ahora.
Ella se dio la vuelta primero y abrió el camino.
Julius le dio una palmada en el hombro a Amon y no parecía tenerle miedo; incluso le sonrió con amabilidad al mirarlo.
—Vamos, este también será tu hogar.
—De acuerdo.
—Amon asintió.
Caminaba con las manos en los bolsillos, siguiendo a la pareja.
La casa no tenía nada de sorprendente; no era pequeña, estaba hecha de madera blanca y tenía dos plantas.
—Amor, voy a recoger a Julia y a Maisa del colegio.
Puedes ir enseñándole la habitación a Amon.
—Tras besar a Sonia en la mejilla, Julius se marchó después de abrir la puerta de la casa.
En la segunda planta, Sonia iba delante y Amon la seguía.
Como la casa de sus abuelos se había incendiado, no tenía equipaje.
Al abrir la puerta del dormitorio al final del pasillo de la segunda planta, a la izquierda, apareció la habitación de invitados.
No era pequeña, sino de un tamaño razonable, con una cama de matrimonio y un armario vacío con algunos otros muebles.
Al pulsar el interruptor, la luz de la lámpara de araña del dormitorio se encendió.
—Descansa primero.
Si necesitas algo, solo llámame; estaré en el piso de abajo.
—Sonia dijo algunas cosas más antes de bajar a la cocina.
Cuando ella se fue, Amon Tang cerró la puerta con llave.
Su expresión era gélida.
Tenía las manos tan apretadas que las uñas se le clavaban en las palmas, y la sangre goteaba por debajo de sus dedos.
A Amon le costaba controlar su ira y, si no la liberaba, le era difícil volver a la normalidad.
Se acercó a la cama y se sentó resoplando; parecía que se había convertido en un toro, respirando con fuerza y bufando sin parar.
Aún tenía las manos fuertemente apretadas y ni siquiera le importaba el dolor.
En el pasado, quizá ya lo habría destrozado todo en la habitación, pero esta vez no fue tan impulsivo.
A las 18:30, alguien llamó a la puerta.
—Amon, Julius ha vuelto y quiere que conozcas a Julia y a Maisa.
Ambas están abajo y quieren verte —resonó la voz de Sonia.
Abajo, Julia le susurraba algo a Maisa.
Cuando vieron a Amon bajar las escaleras, las dos chicas se sorprendieron un poco.
Amon medía 185 cm y tenía un cuerpo fuerte, su rostro era apuesto con ojos color miel.
Su mirada tenía un aire peligroso, y su forma de caminar lo hacía parecer un delincuente.
Maisa tuvo que admitir que, de todas las personas que había conocido en su vida, ningún hombre tenía una mirada tan penetrante como la de Amon.
Amon se acercó con ambas manos en los bolsillos del pantalón y se sentó frente a las dos chicas.
Julius y Sonia se sentaron al lado de ellas.
Sonia, a pesar de ser la madre de Amon, le tenía miedo; su sola mirada le provocaba ganas de apartar la vista y no volver a mirarlo.
—Soy Amon Tang.
—La indiferencia en su voz era tan fría que los hizo estremecerse.
Julius pensó que se comportaba así porque estaba a la defensiva por haber perdido a sus abuelos, y sonrió: —Estas dos son mis hijas, Maisa y Julia.
Espero que os llevéis bien.
Tienen la misma edad que tú.
—¡Hmpf!
—bufó Maisa y apartó la mirada.
Le pareció que Amon era demasiado arrogante.
—Soy Julia —dijo ella con una risita—.
No te preocupes por mi hermana, está de mal humor.
Mientras que Julia tenía pechos grandes y un cuerpo esbelto, Maisa era casi tan plana como una pista de aterrizaje, pero tenía más trasero que Julia, y ambas tenían el pelo morado oscuro y los ojos de color pardo verdoso.
Las dos chicas eran hermosas, de hecho, las más populares del instituto, y rara vez discutían a pesar de tener personalidades tan diferentes.
—No pasa nada.
—Amon tenía una mirada aguda al dar su sencilla respuesta.
—Ehm…
He preparado la cena —dijo Sonia, que estaba inquieta, con una sonrisa forzada—.
¿Por qué no comemos primero?
—No tengo hambre, quiero dormir.
—El tono de Amon era frío y tranquilo, y le provocó un escalofrío a Sonia.
—V-Vale, puedes irte —tartamudeó Sonia.
No sabía por qué le tenía tanto miedo a ese hijo suyo—.
Si te da hambre, avísame y te calentaré la comida.
Maisa miró a Amon con una sensación de sumo ridículo mientras cruzaba las piernas despreocupadamente.
En el silencio, parecía insinuar: «¿No estás siendo demasiado arrogante?».
En la mesa de la cena.
—Mamá, ¿va a ir al mismo instituto que nosotras?
—preguntó Maisa, fingiendo desinterés—.
Por cierto, ¿en qué curso está?
—Ehm…
—Sonia se sintió avergonzada para responder.
Con un suspiro, dijo con aire apocado—: Recibió educación en casa, sus abuelos le enseñaron.
—Ah…
—Maisa no se lo esperaba; quiso reírse, pero se contuvo.
—Mamá, ¿qué nivel de genética tiene?
—preguntó ahora Julia.
Sintió que el ambiente se estaba volviendo extraño y quiso cambiar de tema.
—Aún no he tenido la oportunidad de preguntárselo, así que tampoco lo sé.
—Sonia no había tenido ocasión de abordar el tema y, como su linaje no era muy bueno y además no había muchos recursos en el pueblo de los abuelos de Amon, no tenía muchas esperanzas.
*
En el dormitorio, Amon sacó las manos de los bolsillos y, por extraño que pareciera, las marcas de las uñas y la sangre que había goteado de ellas habían desaparecido.
– –
<Gen de Furia + 1>
<Has alcanzado el Vigésimo Primer Nivel del Gen de Furia>
– –
Los textos aparecieron en la retina de Amon.
A pesar de que hacía tiempo que no lo veía suceder, lo ignoró.
Amon se tumbó en la cama mientras controlaba su respiración.
Sus abuelos le habían enseñado durante mucho tiempo, y ahora ya no era tan impulsivo como para perder el control con tanta facilidad.
Pero eso no significaba que le resultara fácil controlar su furia.
Sus cejas, ligeramente arqueadas, tenían la arrogancia de un hombre joven y, si se miraba de cerca, incluso parecían esconder cierta crueldad.
A los 5 años, Amon había desbloqueado el Gen de Furia.
Desde entonces, tuvo un comportamiento extremadamente violento y apenas podía controlarse.
Esta fue también la razón principal por la que sus padres no quisieron su custodia y por la que se lo endosaron a sus abuelos.
*
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Editado por: IsUnavailable
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