Amon, el Legendario Señor Supremo - Capítulo 126
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126: Capítulo 126: ¿MIEDO?
126: Capítulo 126: ¿MIEDO?
—Aguinaldo…
¡¿Cómo se atreve a hacerle eso a Aguinaldo?!
—murmuró Marcelo, con el rostro pálido como el papel.
El otro chico a su lado estaba igualmente pálido.
El miedo que sentía en ese momento no era menor que el de Marcelo.
Maicon y Elijah no estaban en mejor posición.
Ellos sabían muy bien que a Amon no le importaban lo suficiente como para dudar en hacerles algo similar o peor de lo que le había hecho a Aguinaldo.
Maisa miró a Elijah y dijo con tono burlón: —¿Ahora me pregunto qué es ese pajarito que vuela sobre tu cabeza, Elijah?
¿Es cosa mía o lleva un trozo de papel con unas letras grandes que dicen: MIEDO?
—¿M-MIEDO?
—Elijah se mordió la lengua y tartamudeó, quizá por la repentina pregunta.
Dio un paso atrás, pero sus piernas estaban débiles y le hacían parecer un gallina; sin embargo, aun así dijo: —¿Quién tiene miedo?
—¡Pff!
—Maisa se rio a carcajadas, hasta el punto de sujetarse el estómago con ambas manos.
¿Y en cuanto a los monstruos que se acercaban?
Bueno, Ariel se las arregló para encargarse de la mayoría y usó sus cuerpos para chocar contra los demás y retrasar su llegada.
La «conversación» era tan interesante que no quería interrupciones.
Después de hacerlo, incluso añadió mientras miraba a Maicon: —Parece que no es solo «el miedoso de Elijah» quien tiene un pajarito volando sobre su cabeza…
Aunque su voz era muy provocadora y estaba llena de sarcasmo, era a la vez muy seductora.
Se contradecía a sí misma de una forma impresionante.
—Ariel, tú…
—Maicon se sintió asqueado y dijo con resentimiento—: Siempre te he amado y he hecho todo por ti, así que, ¿por qué?, ¿por qué me tratas así?
—Tsk, ¿desde cuándo a alguien le gusta que un acosador lo acose?
Al menos a mí no.
Mis gustos no son tan raros —dijo Ariel con desdén, pero manteniendo la sonrisa—.
Una cosa es que te guste, sin embargo, te he rechazado más de una vez y te he dicho que te rindas, y aun así, ahí vas con esa cara de perrito abandonado, haciendo que parezca que eres la víctima.
Cielos, que me persigas es repulsivo.
¡Me das asco!
Al final, no mantuvo la sonrisa.
Llevaba mucho tiempo odiando a este chico que no la dejaba en paz.
Lo más frustrante era que él pensaba que, como le gustaba, podía perseguirla por todas partes.
Incluso cuando se cambió de escuela, este chico la persiguió como una molesta garrapata.
Tambaleándose por el impacto de sus palabras, a Maicon le costaba mantenerse en pie.
Su expresión se desencajó mientras miraba a Ariel con locura.
Sus ojos parecían los de un reptil, con una mirada errática que, sin embargo, siempre volvía a la dirección de Ariel.
Se tambaleó hacia ella y extendió su mano derecha.
Con la boca abierta por un momento, empezó a hablar: —¿Cómo puedes decirme eso?
¡Te quiero tanto, tantísimo!
¿Cómo puedes decirme eso?
¿Eh?
¿Eh?
¡Ariel!
¡Ariel, te quiero más que nadie!
¡Soy guapo, vengo de una buena familia, entré en una buena universidad y soy capaz de protegerte toda mi vida!
¡Todo esto, por ti!
Ariel, oh, Ariel, ¡créeme, nadie será jamás como yo!
—Fiu~ ¡Eso espero!
No quiero a un segundo loco corriendo detrás de mí —suspiró Ariel de forma exagerada mientras se ponía la mano derecha en el pecho.
Pronto su mirada se volvió más fiera—.
Dicho esto…
¡muere!
—¡Espera…!
—Maicon sintió una especie de presión y tuvo un mal presentimiento.
De repente, sonó una risa burlona: —Como si ella tuviera alguna razón para escuchar tus excusas.
Limítate a morir junto con tu «amo».
Fue Barbara quien lo dijo.
Ariel la miró un poco sorprendida, pero luego levantó el pulgar en señal de aprobación.
¡Aaaaaaaah!
Con un dolor insoportable, los brazos y las piernas de Maicon fueron arrancados por una fuerza invisible, haciendo que quedara en el suelo en una extraña posición con forma de «H».
Lo peor fue que, como había ocurrido tan rápido, sus dos huevos de codorniz golpearon el suelo con fuerza.
Aunque no fue como en las películas, donde se oye un crujido de cáscaras de huevo, los hombres de alrededor sintieron dolor junto a él.
El lamento de Maicon fue aún peor, y quiso mover las manos para proteger sus joyas de la familia; sin embargo, no pudo ejercer la fuerza suficiente para oponerse al poder de Ariel.
La expresión de sorpresa y miedo en sus ojos no tenía precio.
Maicon siempre había creído que sería más fuerte que Ariel y que, por lo tanto, la «protegería» para siempre, pero ahora la dura realidad llamaba a su puerta.
Al mismo tiempo que Ariel atacaba a Maicon, Maisa atacaba a Elijah.
Amon no tenía intención de inmiscuirse por el momento.
Al igual que él, las chicas se habían vuelto más fuertes; sería bueno tener a alguien que sirviera de saco de boxeo para que las chicas se acostumbraran a su fuerza incrementada.
En cuanto a él, alguien que ni siquiera tenía un factor genético creado no sería de ningún beneficio como blanco de práctica.
Elijah ya presentía que iba a morir.
Pensó en huir, pero parecía que, al igual que Maicon, también había subestimado el avance de las chicas.
Una pequeña demostración de poder por parte de Barbara fue suficiente para que comprendiera mejor su situación actual.
Los otros miembros del grupo ya estaban temblando de miedo.
Después de todo, antes también se habían estado burlando de estas mujeres, ahora…
Bueno, su situación no era muy distinta a la de unos presos esperando a ser electrocutados en la silla eléctrica.
—¡Amon, no interfieras!
—le dijo Barbara, mirándolo.
—Mmm —Amon asintió ligeramente.
De todos modos, no tenía intención de interferir.
Dijo—: Yo solo iré a encargarme de los monstruos.
Sin esperar, Amon ya se había distanciado de ellos.
—¿Eh, qué?
—Elijah pensó que estaba alucinando.
En ningún momento había apartado los ojos de Amon cuando lo oyó hablar.
Incluso abrió los ojos de par en par como si buscara migas de pan en su ropa.
Tras buscar durante unos segundos, Elijah pudo encontrar dónde estaba Amon…
o más bien, miró en la dirección de donde había oído un fuerte sonido y fue entonces cuando vio a un monstruo volando hacia el árbol comesangre.
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