Amon, el Legendario Señor Supremo - Capítulo 187
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- Capítulo 187 - 187 Capítulo 187 Partiendo hacia el Planeta Velta
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187: Capítulo 187: Partiendo hacia el Planeta Velta 187: Capítulo 187: Partiendo hacia el Planeta Velta Mabel aceptó cenar con ellos.
Aunque le hubiera gustado pasar más tiempo investigando y con su abuela, si quería ir al Reino Secreto con el grupo de Amon, era mejor que se conocieran más.
Saber al menos lo básico los unos de los otros, así como un poco más sobre la fuerza de cada cual, significaría que podrían ayudarse a mantenerse a salvo en una situación de riesgo.
Primero sirvieron las bebidas.
Estaban en un restaurante con un reservado, así que podían hablar de sus asuntos con más calma.
—Mabel, ¿tienes una armadura magnética?
—preguntó Barbara.
Como ella misma se había enterado de la existencia de estas armaduras hacía poco tiempo, no sabía si Mabel las conocía o no, por lo que le preguntó si tenía una.
Si no era así, sería bueno que Mabel consiguiera una para ir al Reino Secreto.
—Tengo un juego —respondió Mabel, y añadió—: Si lo preguntas, significa que ustedes también tienen, pero les advierto, usen solo armaduras de rango medio o bajo.
Las de mayor rango no funcionan en el Reino Secreto.
Había reunido mucha información antes del viaje previsto.
Ella misma tenía una armadura magnética de alto rango; sin embargo, tuvo que conseguir una de rango medio, ya que sería inútil usarla en el Reino Secreto.
—Por cierto, ¿saben algo sobre cómo se originó este Reino Secreto?
—preguntó Mabel.
—No mucho.
Solo sabemos lo que nos contó mi madre —respondió Barbara—.
Por lo que ella dijo, el Reino Secreto fue creado por una raza extinta muy poderosa.
Este Reino Secreto se llamaba Reino Secreto Kohana Toreninguki, que en su idioma significaba Entrenamiento Extensivo.
—Sí, eso es más o menos lo que sé yo también —dijo Mabel—.
En esa civilización que se extinguió, si querían superar la prueba y entrar en sus clasificaciones de guerreros poderosos, necesitaban permanecer más tiempo en el Reino Secreto Kohana Toreninguki y conseguir más objetos de allí.
—Entonces, aparte de que los poderes genéticos se reducirán a Nivel Innato 1, ¿hay alguna otra desventaja?
—Sí, la gravedad allí aumenta un 100 % cada hora, lo que hace cada vez más difícil permanecer en ese lugar.
Lo más extraño es que la gravedad afecta a cada persona de forma individual —compartió Mabel lo que sabía—.
Por ejemplo, si alguien entró hace tres horas, para esa persona la gravedad ya sería cuatro veces más fuerte, mientras que para alguien que llegó hace solo una hora, la gravedad solo sería el doble que cuando entró.
La conversación progresó bastante.
Hablaron durante media hora, luego llegó la comida y siguieron charlando otras dos horas.
Mabel también reveló el arma vitalicia que blandía.
Se llamaba Mayal Triple y tenía unas cadenas especiales que podían estirarse al usar su poder genético psíquico.
Eso no era todo; las tres bolas de hierro con púas en los extremos de las cadenas podían expandirse a voluntad usando sus poderes, y con el poder psíquico podía controlar la velocidad, el lugar donde caerían, el peso y otras cosas.
Enumeró una serie de usos que podía darle a esta arma vitalicia.
Amon y las chicas también hablaron de las suyas; sin embargo, no habían desarrollado tantas formas de luchar con sus armas vitalicias.
Mabel no los menospreció por ello; incluso pensó que era normal, ya que estaban en su primer año.
No obstante, sí que mostró cierta sorpresa al oír que tenían sus propias armas vitalicias, pues un arma vitalicia era algo difícil de conseguir, más incluso que una armadura magnética de rango medio.
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Durante los días siguientes, Mabel interactuó con Amon y las chicas con bastante frecuencia, sobre todo con Amon, que recibía clases particulares de la abuela de ella.
Amon y las chicas ya habían pedido permiso para ausentarse e ir al Reino Secreto Kohana Toreninguki, y hoy era por fin el día en que irían al Planeta Velta para entrar en dicho Reino Secreto.
Amon, Mabel y las chicas habían quedado en encontrarse en el Laboratorio TN.
Desde allí, la Profesora Kaia los llevaría a la Torre.
Cuando llegaron, cerca del Laboratorio TN, había un sofisticado coche volador lleno de atractivos detalles.
El coche volador era grande, aproximadamente tres veces el tamaño de un coche ordinario.
Con ese tamaño, era lo bastante espacioso como para que todos entraran.
—¿Están todos?
—preguntó la Profesora Kaia de forma retórica, y añadió—: Entonces, dense prisa.
—¡Sí!
—respondieron todos al unísono.
Mabel se sentó en el asiento del piloto, mientras Amon y el resto de las chicas se sentaron en la parte de atrás.
El interior del coche volador era más grande de lo que aparentaba, incluso más espacioso que una limusina.
Pronto sintieron el movimiento del vehículo y, a través de la ventanilla, vieron que ya había empezado a despegar.
—Empiezo a ponerme un poco nerviosa…
—murmuró Maisa.
—Bueno, no eres la única.
A mí me están entrando mariposas en el estómago —rio Julia, pero había un matiz de nerviosismo en su risa.
No era de extrañar que se sintieran ansiosas y nerviosas.
Al fin y al cabo, iban a un Reino Secreto creado por una civilización posiblemente extinta que lo utilizaba para entrenar y poner a prueba a su gente.
Además, por ser un Reino Secreto, era un lugar al que no podía llegar la protección de la Torre.
Si se tratara de cualquier otro planeta conectado a la Torre, podrían regresar a salvo incluso después de morir; sin embargo, en un Reino Secreto no había forma de que eso ocurriera.
—Si se pone peligroso, nos iremos —dijo Amon con resolución—.
Vamos a correr algunos riesgos para mejorar, pero no tenemos por qué arriesgar la vida si la cosa se pone demasiado peligrosa.
No parecía propio de Amon decir algo así, pero ellas lo entendieron.
Se preocupaba mucho por su seguridad.
Por eso lo había dicho, aunque él quizá quisiera seguir explorando para tener la oportunidad de hacerse más fuerte.
Sin embargo, con mucho tacto, no se lo hicieron notar y se limitaron a asentir.
Intentarían mantenerse a salvo en la medida de lo posible.
En caso de que ya no fuera factible, era mejor rendirse y regresar.
No tardaron mucho en llegar frente a la Torre.
Era un pilar altísimo que atravesaba las nubes.
Desde la cima era posible ver a varias millas de distancia.
Cuando la Profesora Kaia detuvo el coche volador, también se bajó y lo guardó en una especie de brazalete espacial.
—Profesora Kaia, ¿vendrá con nosotros?
—preguntó Ariel, al verla ponerse en la cola con ellos.
Ese día no había mucha gente entrando en la Torre.
Delante de ellos solo había cinco personas pasando la inspección.
—Sí, iré con ustedes al Planeta Velta.
Tengo algo que hacer allí —respondió la Profesora Kaia con indiferencia.
Claramente, no era tan sencillo.
Su nieta Mabel la miró con un brillo en los ojos.
Parecía haber entendido algo y sonrió.
«¡Mi Abuela me quiere tanto!», sintió Mabel, completamente enternecida.
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Editado por: Azurtha
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com