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Amor en la primera nevada - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 PARTE UNO ALAS ROTAS EN ZÚRICH CAPITULO I El primer Invierno
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1: PARTE UNO: ALAS ROTAS EN ZÚRICH CAPITULO I: El primer Invierno 1: PARTE UNO: ALAS ROTAS EN ZÚRICH CAPITULO I: El primer Invierno LUNA VOGEL Nueva ciudad, nueva vida, nuevo Colegio.

Caía la primera nevada en Wiedikon, las calles pintadas de color blanco y un frío que ensordecía mi cuerpo me hacía tiritar.

Soy Luna Vogel, una chica de 16 años, que cursa el 10 mo grado en una escuela privada de Zurich, Suiza.

Mi madre, Anne Vogel, había sido traslada a la sucursal del banco, su puesto de asistente administrativa le exigía estar siempre disponible para estos cambios, aunque siendo honesta era la primera vez que sucedía esto.

—Luna, llegamos— La voz de mi madre que se notaba con un poco de ansiedad — esta será nuestro hogar.

Mañana buscamos colegio.

Por ahora a desempacar y descansar.

Solo asentí con la cabeza.

Sentí como mi corazón se llenó de tristeza.

Mi mejor amiga había quedado en mi antigua ciudad y aunque estaríamos comunicadas no sería lo mismo.

Estaba sola ante esta nueva realidad.

Entré a lo que sería mi nueva casa, una casa bastante pequeña, diseñada para dos personas.

Me quedé con la habitación más chiquita, esa noche no toqué mi maleta.

De cierta forma no quería aceptar ese cambio.

A la mañana siguiente, salimos a ver un colegio que le habían recomendado a mi madre.

—No se si quiero estar aquí— le dije a mi mamá — siento que no voy a encajar, mira a todas las niñas, con sus mochilas de marcas y su uniforme impecable, y no digo que yo soy una desastrosa pero.

— Calma Luna.

Te prometo que tú también te veras igual, mi mayor deseo es que tú seas feliz y tengas las herramientas suficiente para superarte en la vida.

Llegamos a dirección, mi madre habló con el señor Frederick, director del colegio.

Él leyó el reglamento escolar.

—Señorita Vogel, quiere dar un paseo por la escuela para que la vaya conociendo.

Mañana sería su primer día de clase.

Miré a mi mamá, sentía un poco de vergüenza.

— Puedes ir hija.

Voy a ir a cancelar la matricula y comprar el uniforme.

Salí, di unos cuantos pasos, pero mi naturaleza tímida me hizo sentir miedo a ese inicio.

— Adrián Von Keller — escuché de la voz del director — muéstrale el colegio a la señorita Vogel, por favor.

Giré mi cuerpo hacia él.

Un estudiante alto, de tez blanca y ojos azules como el cielo se acercaba hasta donde estaba.

Entre abrí mis ojos y bajé la mirada.

— Hola señorita Vogel, me presento soy Adrián Von Keller, voy a acompañarla por las instalaciones del colegio según la petición del señor Frederick.

Quedé sin palabras.

Adrián empezó a caminar y yo solo lo seguía.

Las miradas de todos me hacían sentir ridícula.

— Creo que es suficiente.

Gracias — le dije.

— Esta bien — me sonrió.

Él se retiró y yo busqué a mi madre.

Él era lindo y muy educado.

Era como un príncipe de cuentos de hadas.

Durante el regreso a casa.

Pensé mucho en ese chico.

Él combinaba mucho con este invierno, con este sitio.

Al caer la noche, sentía un poco de ansiedad, quería que amaneciera lo más antes posible para verlo de nuevo.

No pude dormir.

Jamás había sentido esto, nunca me había interesado un chico.

Amaneció, cuando mi madre abrió la puerta del cuarto, yo estaba lista para ir al colegio.

— Pensé que estabas aún dormida y que me harías pataleta por levantarte pero veo que ya estas lista.

Desayunemos y empecemos nuestro primer día de clase y de trabajo.

— Si mamá.

Terminamos de desayunar.

Me llevó al colegio.

Me dirigí a la dirección.

— Buenos días, señor Frederick.

— Buenos días, señorita Vogel.

En un momento le muestro su aula.

Deme un minuto.

El chico pasó a un lado, iba acompañado de una chica.

Él no me vio.

Lo único que pude pensar fue, ella es su novia.

— Puede seguirme señorita — el director caminó hasta el aula donde había entrado él.

— Buenos días, estudiantes — todos se pusieron de pie — pueden sentarse.

Ella es su nueva compañera, espero que la tratan bien.

Puede presentarse.

Mis labios temblaban de pena, de miedo.

— Buenos días, soy Luna Vogel.

Un gusto conocerlos.

Espero llevarme bien con todos.

Me dirigí al fondo donde había un asiento vacío.

El director salió.

Nadie se acercó, ni me determinó.

Era como si fuera una silla más, y para mi, eso estaba bien.

Me sentía intimidada cuando todos me miran.

Lo menos que quería era llamar la atención.

Desde mi lugar podía observar a Adrián.

Él era como mi primer amor, ese que ocurre sin querer, sin planearlo.

En recreo se me acercó.

— Hola señorita Vogel — mi corazón se puso como loco — quieres terminar de conocer el colegio.

El director me acaba de pedir ese favor.

Me sentí un poco triste porque no nació de él hablarme.

— No, estoy bien así.

No quiero sonar mal educada pero no quiero salir.

Creo que me gusta mi asiento.

— Esta bien, señorita Vogel.

— Dime solo Luna.

— Esta bien, Luna.

Segura no quieres salir a caminar.

— Adrián, vamos — la chica de antes, le tomó de la mano y me dio una mirada qué me dio un poco de miedo.

— ey suelta.

No quiero que me regañe otra vez el director.

Puedes ser decente, Alicia .

—No pierdas el tiempo del recreo.

— Ya te alcanzo.

Alicia salió.

Adrián movió una silla y se sentó frente a mi.

Miré a sus ojos.

— No le pongas mente a Alicia , ella es un poquito intensa.

— ¿Es tu novia?

— pregunté con un poco de vergüenza.

— No.

Ni quiera Dios.

Ella es como mi hermana.

No te incomodo, verdad.

— No.

— Tienes unos ojos bonitos, Luna.

Abrí mis ojos como dos platos redondos y bajé la mirada.

— Perdón, fue muy atrevido de mi parte.

El timbre sonó.

Adrian se levantó, me sonrió y se fue a su lugar.

Mis manos estaban heladas, y mi estómago hecho un nudo de los nervios.

La maestra de química orientó un trabajo en pareja.

Adrián levantó la mano.

— Yo voy a trabajar con Luna.

Ella es nueva y seria feo que trabaje solo.

— Esta bien.

Nadie dijo nada, solo las miradas tontas de todos.

Me sentí extraña.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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