Amor en la primera nevada - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 CAPÍTULO XII Dudas
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12: CAPÍTULO XII: Dudas 12: CAPÍTULO XII: Dudas LUNA VOGEL Las risas de mis compañeros me despertaron.
Revisé mi celular y eran las 4:39 de la mañana.
Se escuchó un golpe contra la pared.
Me levanté y abrí un poco la puerta para ver si todo estaba bien.
Cerré la puerta de inmediato cuando vi a dos de mis compañeros teniendo sexo en el piso, compartíamos piso y, por lo tanto, había una sala y una cocina qué se supone que todos deberíamos compartir.
Regresé a mi cama.
Inevitablemente, ver aquello, me hizo recordar mi primera y única vez con Adrián, la inexperiencia de ambos, el amor que aún sentía por él y el bebé que no nació.
Me sentí vulnerable en ese momento, y lejos del morbo por mis compañeros, sentía que me hacía falta Adrián.
Volvían aquellas preguntas de duda.
Terminé llorando una vez más, cuando me creía fuerte, cuando pensé que ya todo estaba olvidado.
Mis 16 años fueron duros, marcados por el dolor y el olvido.
Aun después de 2 años sigue doliendo, tal vez no con tanta intensidad, pero sigue siendo parte de mi cruz.
Traté de dormir un poco más.
Ya el ruido de los gemidos de mis compañeros se había ido.
Una hora había pasado.
Decidí salir a correr alrededor de la residencia para distraer mi mente.
El tiempo no se detiene.
En un abrir y cerrar de ojos, el primer día de clase en la universidad empezó.
Revisé la lista de estudiantes que estaba pegada en la puerta del salón, buscaba mi nombre.
Cuando lo encontré, entré.
La introducción de la primera clase me encantó y me reafirmó que había escogido bien mi camino.
Mis clases terminaban a las 2 de la tarde, me daba el tiempo para almorzar con tranquilidad e ir a tiempo a mi trabajo.
Saliendo del aula, ahí estaba Ethan Blake.
— ¡Qué casualidad!
Soy tu vecino de aula.
Veo que también llevas Economía — Sonrió.
Había puesto una distancia con él, pero él siempre llegaba a la biblioteca, me buscaba para hablar e insistía qué fuéramos amigos inicialmente.
Aunque tenía bien marcada mi línea.
— Si, ¡Qué casualidad!
— Siempre me evitas, eres muy cruel conmigo.
Una chica rubia, muy guapa se le acercó a Ethan.
Le tomó del brazo.
— Ethan, invítame a un helado.
Cerré mis ojos.
Respiré y exhalé.
Continué caminando.
— Espera Luna.
— Estás ocupado.
Atiende a tu amiga.
Se me hace tarde para ir a mi trabajo.
Seguí caminando.
Ethan se quedó con su amiga.
“Todos los hombres son cortados con la misma tijera” — pensé.
Llegué a la biblioteca, me salté mi almuerzo.
— Llegaste antes Luna— me dijo la encargada.
— Sí, voy a hacer mi tarea y aprovecho a terminar el libro de Economía III.
Me fascinaba leer.
Y era mi punto de encuentro a mi yo que quería superarse.
Me senté en una mesa a leer.
El tiempo pasaba rápido.
Me llegó un mensaje de madre y me alegró mi día.
Extrañaba a mi madre.
Alguien tocó mis hombros.
Voltee hacia la derecha para ver quien era, quedé a un centímetro de la cara de Ethan.
Lo miré a sus ojos.
Me dio un beso apenas tocando mis labios y regresó a su posición.
Y por un segundo sentí que todo mi cuerpo se helaba.
No por el beso, sino por el recuerdo que me robó.
Me molesté tanto.
Tenía ganas de golpearlo.
Me puse de pie y me retiré de la mesa.
— Luna.
— Guarde silencio joven, está en una biblioteca — dijo la encargada, quien había visto toda la escena.
Ethan se salió de la biblioteca.
Me sentía avergonzada.
— Creo que le gustas a ese muchacho.
Ya veo porque viene a diario.
— hizo el comentario la encargada, Nelly.
Solo le sonreí.
Pasé la tarde un poco estresada.
Mi turno terminó.
Ethan estaba afuera de la biblioteca.
Continué mi camino.
Él me siguió.
— Luna, espera.
Seguí caminando.
Ethan caminaba a mi ritmo.
Me detuve.
— Ya deja de molestar.
No quiero tener ninguna relación con nadie.
Entiendes.
— Sé mi novia — Quedé en silencio.
Las palabras que nunca se dijeron con Adrián.
Ethan tomó mi mano.
— Sé mi novia, Luna.
Me gustas mucho.
Ethan era ese chico guapo, que atraía muchas chicas, era demasiado amigable y le gustaban las fiestas.
Era mi opuesto.
— Creo que mi respuesta es no.
— Me dolió esa respuesta.
Pero no me daré por vencido.
Llegamos a la residencia, me despedí de él.
Llegué a mi cuarto.
Mis compañeros tenían montada una fiesta.
Sentía que iba a explotar.
Ellos eran todo lo que odiaba.
No pude pegar el ojo debido al ruido de la música, y luego a aquellos ruidos que me dejaban la mente en blanco.
Tomé mi suéter y salí de la residencia.
Me senté en una banqueta cerca.
¿Cuántos meses han pasado desde que vine a Londres?
Unos 5 meses.
Empecé a leer nuevamente el pénsum de la carrera.
3 años me faltan.
Porque a pesar de que ya llevaba 5 meses en Londres, las clases apenas empezaban.
No creo que pueda soportar tanto, pero tampoco quiero regresar a Zúrich.
Y en aquel frío de Londres, caí en mi propia prisión, mi yo, mis recuerdos y mis miedos.
Me negaba a enamorarme, a sufrir de nuevo.
Ethan vino a mi mente.
¿Y si él es diferente?
¿Si tan solo suelto mi pasado y mi dolor?
—Suspiré tan profundo que sentía mi corazón agitarse.
Mi celular vibró.
✉️Cuidate hija, te amo.
Esas palabras me hicieron extrañarla más.
Quería confesar mis pecados con ella, pero no quería lastimarla.
Ya sufrió mucho siendo madre soltera.
Regresé a mi cuarto.
Me puse los audífonos.
El ruido se desvaneció y mis pensamientos vibraban altos.
Pensé en Ethan y en la posibilidad de reconstruirme.
No podía seguir de esta forma.
Me di vuelta en la cama.
Una lagrima salió.
Mañana será otro día, con el mismo dolor, con las mismas dudas.
No quería aceptarlo pero Ethan estaba entrando en mi vida.
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