Amor en la primera nevada - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 CAPITULO XIV Nudos
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14: CAPITULO XIV: Nudos 14: CAPITULO XIV: Nudos LUNA VOGEL Cuando todo va mal, las voces externas son como cuchillos en la garganta.
Una semana completa, Ethan no me dirigió la palabra, no fue a la biblioteca.
Me sentía como si era yo la defectuosa.
Nunca le he contado nada sobre mi pasado, ni lo haré.
Con Victoria pospuse aquella platica y ella respetó mi silencio.
Eso era lo que apreciaba de ella.
Choqué con Samantha.
Mis cuadernos que llevaba en mis manos cayeron al piso.
— Perdón, me distraje.
Ethan se acercó.
— Estás bien, Samantha — él se dirigió a ella y no a mí.
Me dolió el ego.
— Sí.
Gracias — Ella le sonrió.
Recogí mis cuadernos.
— Podemos hablar, Ethan — se lo dije sin pensarlo.
Me sentía totalmente estúpida, y quería saber qué diablos éramos en ese momento.
— Claro, ¿En qué puedo ayudarte, Luna?
— era como si no fuéramos nada.
— En la biblioteca antes de mi turno — di la media vuelta.
Tenía como un choque de emociones que realmente no entendía.
Solo pedí tiempo, y me trata como si fuera nadie en su vida.
Salí casi corriendo después de clases a mi cuarto, quería ordenar mis ideas en aquel lugar que para mí era mi calma.
En medio de mi confusión, no me percaté que Ethan venía detrás de mí.
— Luna — la voz de Ethan justo cuando abría la puerta de mi cuarto.
Sentí como una corriente eléctrica en mi espalda.
Me giré.
— Hablemos.
— Te dije que en la biblioteca, no aquí.
— ¿A qué le tienes miedo?
¿A mí?
— Entra, no quiero molestar a mis compañeros.
Entramos a mi cuarto.
Un silencio de unos minutos gobernaron mi cuarto.
Ethan se acercó y me quiso besar.
Yo esquivé su beso.
— Para qué quieres hablar conmigo, si estás con esta actitud.
— Una semana y me has ignorado.
¿Quiero saber que somos?
— Somos novios — me tomó por la cintura — perdón, ese día me molesté tanto.
Quería hacerte mía, pero parece que no te gusto mucho, y tú a mí si me gustas un montón.
Cuando dos personas se gusta el amor se demuestra.
— Necesito tiempo para eso.
— ¿Eres virgen?
— Ethan sonrió y me dio beso.
— Solo quiero tiempo, ¿Importa mucho si eres o no virgen?
— Eso no importa.
Yo te quiero, Luna.
Solo déjame demostrarte todo el amor que siento por ti.
Te lo pido.
Solo una oportunidad.
Siendo tan honesta conmigo misma, me sentía llena de dudas.
Pensando que yo era la que estaba mal.
Ethan me besó.
Yo respondí a ese beso.
Me llevó dando pasos atrás hasta caer en la cama.
Él estaba arriba.
No me daba ni tiempo para moverme, era absorbente.
Empezó a quitarse la ropa.
Me sentía igual la vez pasada.
Creo que la del problema soy yo, pensé.
— ¿Te vas a proteger?
— tenía un nudo en la garganta.
Quería llorar y no sabía por qué.
— Sí, mi amor.
Él se puso el preservativo.
Empezó a desnudarte.
No mostré resistencia.
Y Ethan no fue delicado, de una sola vez la metió.
Me dolía.
En un momento puse mis manos en su pecho, queriéndolo apartar, el dolor era fuerte, él no se detenía, dejé de luchar.
Él terminó.
Tenía sangre en mi parte.
— ¿Cómo estuve?
— mostró una sonrisa.
No pude contestar.
Mis labios temblaban porque me contenía de las ganas de llorar.
Ethan recibió una llamada.
Él contestó en francés.
Cuando terminó la llamada se vistió.
— Me tengo que ir.
Te llamo después — me dio un beso y se fue.
¿Qué diablos, acaba de pasar?
Me senté en la cama y vi el desastre en la cobija.
Tomé la toalla y me metí al baño.
Bajo el chorro de agua, lloré hasta el cansancio.
Me sentía asqueada.
Me sentía como una mujer defectuosa de fábrica.
Alguien que es incapaz de dar placer.
Llamé a la Encargada de la biblioteca y le dije que me sentía mal, que no iba a llegar, pero que reponía el día de hoy con el día sábado.
Quité la cobija de la cama y la lavé, antes que la sangre fuese imposible de quitar.
¿Será que nunca voy a olvidar a Adrián?
¿Soy yo la que juega con Ethan?
Preparé un sandwich y bajé hasta el primer piso.
Pregunté por Ethan, se supone que él era becario de ese piso.
— No, en este piso no hay ningún Ethan.
— ¿Estás seguro?
Él todos los días se queda aquí, y yo subo al 6.º piso.
— Tú dices el muchacho que siempre te acompaña.
Pensé que era caballeroso por traerte segura a la residencia.
— Bueno, gracias.
Nunca me aseguré que él vivía aquí.
Me senté en la banca frente a la residencia.
Llamé a Victoria, sentía que mi mundo era muy pesado.
Ella bajó de inmediato de su cuarto.
Cuando la vi solo la abracé y empecé a llorar.
—¿Estás bien?
¿Qué pasó?
Dime.
— He sido una estúpida.
— No digas eso, Luna.
— No sé quien es Ethan.
—No me digas que le hablaste, después de como te ha tratado.
Le miré a los ojos, en un silencio que ni yo misma lo entendía.
— No, no, no, Luna.
Cuéntame.
— Es que no sé por donde empezar.
— Empieza por la plática que me debes.
Le conté todo lo que había pasado hace una semana y lo de hoy.
Ella me abrazó y lloró conmigo.
— Ese infeliz, es un maldito abusador, mentiroso que aparenta ser un chulo y no lo es.
Siento que lo odio.
Mi vida esta hecha de nudos.
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