Amor en la primera nevada - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO XVIII Luces Navideñas
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18: CAPÍTULO XVIII: Luces Navideñas.
18: CAPÍTULO XVIII: Luces Navideñas.
LUNA VOGEL Mi madre me pidió que la acompañará a la posada navideña.
Me vestí como una chica de Londres con botas altas y un abrigo austero qué daban esa sensación de alta costura.
Al llegar al centro de la ciudad, la mayoría de los habitantes de Zúrich estaban ahí.
Un gran árbol iluminaba todo el parque.
Mi madre se encontró a una amiga y se pusieron a beber chocolate, mientras tanto, me dispuse a dar una vuelta por los alrededores.
Recibí una llamada de Victoria para desearme una feliz navidad.
Mientras hablaba tan a gusto con ella, bajo las luces del gran árbol navideño, mis ojos se encontraron con los ojos de Adrián.
Adrián se veía tan elegante, como siempre, pero algo en él era diferente, tenía una mirada gelida sin expresión, era como si el frío de Zúrich lo había congelado.
Algo en mí , sé encendió.
Recordé las palabras de Ethan, “ofrecida”.
Y eso me dio como el impulso a no dejarme vencer por los recuerdos.
Tomada del brazo de Adrián venía Alicia.
Adrián bajó su mirada, no sé si era miedo o vergüenza o simplemente era una desconocida para él.
Alicia se acercó tenía una sonrisa en su cara.
— Vaya, si es Luna Vogel.
No fuiste a la reunión de exalumnos.
— No tengo tiempo para estarlo perdiendo con gente como tú.
— A tu mamá, le va bien — Sentí como si mi estómago se revolvía.
— A mi madre siempre le va bien.
Es una mujer luchadora y honesta.
— ¡Qué bien!
Me di cuenta de que eres una becaria, simple y ordinaria.
Odiaba su desprecio hacia mí.
— No te preocupes por mí, si soy becaria o no, llegará el día en que tendremos el mismo título.
— No creo, pero se vale soñar.
— Me retiro, Alicia.
Di una última mirada a Adrián, quien más se acercó.
Di la media vuelta.
— Una becaria queriendo competir con los VON KELLER.
Seguí caminando.
No iba a caer en provocaciones.
Si algo he aprendido es en seguir adelante.
Zúrich me había enseñado algo más, la ambición no era una opción sino una necesidad.
Le hice de seña a mi mamá que iba a caminar un poco.
Ella seguía con su amiga.
Caminé un poco más, llegué como a una colina, Zúrich era así, entre medio de la ciudad había paisajes, medio natural que hacía más bella el lugar.
Las luces brillantes en los árboles, y las bancas adornadas de nieve.
Ese lugar estaba perfecto para mí, no había mucha gente y el frío traspasaba mi abrigo.
Observaba la nieve que caía.
Sentí que alguien me puso una bufanda desde atrás.
Me giré suave.
Tenía a Adrián frente a mí.
Su mirada era muy incomprensible.
Un silencio abrasador nos inundó.
— Luna — su voz había cambiado — ¿Cómo has estado?
Me quité la bufanda y se la di.
Sin decir nada, empecé a caminar hacia donde mi madre.
Pensé que era fuerte, pero no es así.
Llevaba un nudo en la garganta.
Quería decirle todo lo que sentía por él, su desprecio y su traición habían calado hasta mi alma.
Llegué donde estaba mi mamá.
Me senté junto a ella.
Empecé a recorrer todo el lugar con la vista.
Tenía muchos sentimientos movidos dentro de mí, pero no podía darlos a notar.
—Mamá, tengo dolor de cabeza y las luces me están sobrestimulando la vista, me voy a ir a casa.
No te molestaría que te deje sola.
— Si te sientes mal, podemos irnos.
— No mami, quédate con tu amiga.
No hay necesidad de que te dejes de divertir por un dolor de cabeza.
— Segura hija.
— Sí.
— Está bien, yo llego en un rato.
Pronto te vas de regreso a Londres y quiero aprovechar todo el tiempo posible contigo.
Solo le di una sonrisa.
Ella se quedó y yo empecé a caminar a casa.
Hubo un momento que mis piernas flaquearon y solo me agaché.
Empecé a llorar.
— Maldita seas, Adrián.
Tú continuaste feliz con tu vida y yo viví con dolor por tu culpa.
Aquel invierno estaba a punto matarme.
Cuando llegué a casa, no pude evitarlo, volví a tomar la revista y ver su foto, arranqué esa hoja y la arrugué.
Sabía que tenía que volver a Londres lo más pronto posible.
No podía ser aquí.
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