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Amor en la primera nevada - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 CAPÍTULO XIX Mariposa
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19: CAPÍTULO XIX : Mariposa 19: CAPÍTULO XIX : Mariposa ADRIÁN VON KELLER Una mariposa con un ala rota, por más que lo intente nunca volará.

Ver a Luna en la posada me hizo vibrar tan alto mi corazón.

Vi que ella iba caminando hacia las bancas qué estaban llenas de nieve, se detuvo.

Hice todo lo posible por deshacerme de Alicia, y me dirigí con cautela donde ella, estuve ahí varios minutos en silencio, observándola.

Ella había cambiado.

Su esencia no era la misma.

Me acerqué.

Me quité la bufanda y se la puse.

Ella se giró.

Las palabras que tenía atorada en mi garganta no pudieron salir, solo su nombre Luna y ¿cómo has estado?

Ella me entregó la bufanda y se fue.

No la detuve, no podía detenerla, no tenía la moral.

Y como un golpe en una ventana de vidrio así quedo mi corazón, roto en miles de pedacitos.

Limpié la nieve de la banca y me senté.

Recordar cada momento con ella me hacía doler cada parte de mi ser, porque yo la amaba con la misma intensidad.

Mis sentimientos no habían cambiado, pero mi circunstancia sí.

Estando en el seminario pensé miles de locuras, en escapar, en morir, o simplemente cuando llegara mi mayoría de edad, tomar mi vida y hacer lo que yo quisiera.

Mis días fueron oscuros, sin sentido y hasta me había convencido en ser sacerdote.

Pero cuando llego el fin del bachillerato, mis padres volvieron a mí, de una forma más agresiva.

Recuerdo aquella conversación con mi madre.

— No tienes elección.

O estudias en París y te comprometes con Alicia o la mamá de Luna la haremos caer en lo más profundo de los abismos.

— No quiero compromisos con Alicia.

— Le vas arruinar el futuro a Luna.

Ella ahora mismo está en Londres, puedo mover mis contactos y que pierda la beca y que nunca estudie ni aquí ni en ningún lugar.

— No serías capaz — refuté.

— Si lo soy.

O te sometes o le arruinas su vida.

—¿Acaso eres mi madre?

— Ya te lo dije.

No voy a dejar que nuestro apellido se mezcle con un apellido parásito cualquiera.

— Sabes que te odio.

— No me importa.

Después me lo agradecerás.

Me sentía con tanta impotencia.

— Estudio donde tú quieras pero no quiero a Alicia.

— Solo te voy a contar algo, para que veas que hablo en serio.

Hice que expulsaran a Luna del colegio.

Y a su mamá que la degradaran de su puesto.

Para mí no hay nada que me nieguen.

Me sentía acorralado contra la pared.

Quería que Luna fuera feliz aun sin mí.

Sabía que no siempre mis padres tendrían el control eterno sobre mi persona.

Me levanté de aquella banca, el frío había calado un poco mis huesos, pero el dolor no era nada comparado con la agonía qué vivía.

Una vez leí sobre las mariposas monarcas y pensé, que pasaría si una mariposa vuela en temporada de nieve, sus alas se congelarían y se quebrarían en pedazo y así perdería para lo que nació, volar.

— Te encontré — Alicia me tomó del brazo.

Ahí la dejé.

No quería perjudicar a Luna.

Más porque mi madre le seguía cada paso a su mamá y a Luna.

Cuando nos recogió el chófer.

Entramos al auto, ahí fuera de la vista pública, pude quitar las manos de Alicia y mirarla con todo mi desprecio.

Aquel cariño de niños que tenía por Alicia se había convertido en un resentimiento.

— No me digas que tomaste valor después de verla — la voz de Alicia era de reclamo.

— Lo que sienta a ti no te importa.

O si, puedo decirte que te desprecio más que a cualquier cosa y jamás te veré como una mujer.

Alicia se bajó del auto.

Me había excedido.

Sabía lo que me esperaba en casa.

Cuando llegué a casa.

Abriendo aquella puerta, mi mamá me dejó ir un golpe en la cara.

Solo bajé mi cabeza.

Y me fui al cuarto.

Quería irme a París, por lo menos ahí, no estaban mis padres y con Alicia mi contacto era casi nulo.

Recordaré el día de hoy.

La cara de Luna bajo aquella luces de navidad.

La emoción de mi corazón al ponerle la bufanda.

Y revivir mis sentimientos por ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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