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Amor en la primera nevada - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 CAPÍTULO II Adrián el chico de la mirada clara
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2: CAPÍTULO II : Adrián, el chico de la mirada clara 2: CAPÍTULO II : Adrián, el chico de la mirada clara ADRIÁN VON KELLER Prestigio, dinero y disciplina son las palabras que definen a mi familia.

A mis 16 años tengo mi vida planificada y decidida por mi madre, Elizabeth.

Al ser hijo único, tengo la responsabilidad de cuidar la imagen, porque seré en un futuro quien dirija todos los negocios de mi padre.

Monotonía es la palabra que define mi vida, sin nada que me emocione, sin nada que desee y sueñe por ser.

Pero hoy, algo o mejor dicho alguien llamó mi completa atención.

Una chica con un suéter rosado.

Me acerqué un poco donde estaba ella y una señora, que supongo que es su mamá conversando con el señor Frederick, por un momento fue oportuno porque el señor Frederick me asignó enseñarle el colegio.

Con mucha discreción pude observarla un poco mejor, ella es muy bonita y muy tímida.

Sentí como un clip con ella.

Mi momento con ella fue corto.

Ella se retiró con su mamá.

Y yo, todo el día me quedé pensando en la señorita Vogel, como le dijo el director.

Al llegar a mi casa, mi madre esperaba sentada en la sala acompañada de la madre de Alicia.

Ellas eran buenas amigas desde su juventud y era normal verlas siempre juntas.

Alicia y yo nos criamos juntos desde que usábamos pañales.

— Buenas tardes, madre, buenas tardes, señora Alieth.

— No seas tan formal, Adrián— habló doña Alieth.

— Me disculpo, voy a mi habitación a estudiar.

Ese era mi mejor pretexto, no soportaba las charlas de ella y su fantasía de ser familias, anhelaban que Alicia y yo nos formalizaramos, pero no puedo ver a Alicia como algo más, mi amor por ella es como el amor de hermanos.

Al abrir la puerta de mi cuarto, pude respirar tranquilidad, vino a mi mente, la señorita Vogel.

¿Amor a primera vista?

Me imagino que eso no es un tabú, ni un mito sino algo real.

Sonreí para mi mismo.

Sentía alegría pensar en ella.

Al día siguiente, el verla entrar a mi salón de clase, y saber que iba a hacer mi compañera, sentía emoción, una emoción que tenía que contener.

Mi recreo la pasé con ella, bajo el pretexto que el director me había encomendado una tarea y era mostrar el colegio a la estudiante nueva.

Mi intento fue un fracaso, porque ella no quiso salir, pero eso no me impidió conversar con ella.

En Química la maestra pidió parejas, y movido por mi entusiasmo o mejor dicho mi dopamina, levanté mi mano antes que todos formaran parejas y pedí ser la pareja de Luna.

Las miradas se intensificaron hacia ella por parte de mis compañeros.

— Hola, Luna.

Ella tenía el entrecejo fruncido.

— No me gusta llamar la atención de nadie.

No vuelvas a hacer eso.

— El director me encomendó la tarea de incluirte en el grupo y eso hago.

Él es muy duro cuando regaña.

Así qué solo cumplo.

— Está bien.

Solo que no me gustó como me miraron los demás, soy la nueva y ya es suficiente con lidiar con eso.

— Me disculpo.

Tienes razón.

Nos pusimos a hacer la asignación de la maestra.

Cuando ella no me veía, la observaba sin reparo.

Ella es linda.

— ¿Por qué te trasladaste a este colegio?

— mi pregunta la tomó por sorpresa.

— Trasladaron a mi madre a una sucursal de aquí.

—¿Y tu papá?

— De ese señor no se nada— ella levantó su mirada hacía mis ojos y sonrió — trabajemos por favor.

—Te puedo decir algo.

Ella sonrió y señaló el cuaderno.

— Cuando terminemos la tarea, nos va a comer el tiempo, y falta dejar claro ¿cuál es el experimento que vamos a demostrar?

Toqué su mano, dando una palmadita suave.

—Está bien.

No más distracción.

Sus manos son bonitas.

Bajé mi mirada a mi cuaderno y sonreí.

— ¿Quieres que hagamos el experimento en tu casa o en la mía?

Es para mañana, así que hay que trabajarlo después del colegio.

— Tengo que pedir permiso a mi mamá.

No conozco bien esta ciudad y no sé si ella quiera que un chico llegue a la casa cuando ella no está.

Mi mente voló un momento.

Si llevo a Luna a la casa, mi madre hará un escándalo porque llevé a una chica que no es Alicia.

Luna dijo que no conoce a su papá, quiere decir que es hija de madre soltera, mi madre no soportará eso.

Al terminar las clases, le pregunté sobre el experimento.

— Voy a llamar a mi mamá, dame un momento, si?

Ella sacó su celular y se retiró un poco para hablar con su mamá.

— No puedo creer lo que hiciste — me reclamó Alicia.

— El director me pidió que la ayudara a adaptarse y a tener amigos.

Si quieres reclamar, ve a dirección y le reclamas al señor Frederick.

— Me gustas, Adrián.

Esas benditas tres palabras las he estado escuchando todo este año.

— Compórtate, te he dicho que siento un amor de hermano por ti.

No puedo corresponderte de esa forma.

Si sigues diciendo eso, voy a alejarme de ti.

— Pero fuiste muy audaz por la Lunita esa.

— Acompáñame donde el señor Frederick, y le pides explicaciones a él.

— No es necesario.

Tarde o temprano, tú y yo nos casaremos, porque eso es lo que quieren nuestras familias.

Luna estaba viendo todo el espectáculo de Alicia.

Guardó su celular en la mochila, se despidió con la mano desde su lugar, y empezó a caminar hacia el portón.

— Te dejo Alicia, tengo que ver lo del experimento de mañana.

Caminé rápido detrás de Luna.

— Luna, espera.

El experimento.

— Cada quién lo puede hacer por su lado.

— No.

Nos pondrá cero la maestra.

Es en pareja.

— Puedes venir a mi casa, mi mamá me dio el permiso.

Solo que mi casa es pequeña.

— Vamos.

— Joven— era el chófer de la casa.

— Voy a hacer una tarea en casa de una compañera.

Sentí que mi emoción se apagó.

Mi madre era algo controladora.

—Puedes llevarnos a la dirección que te dé la señorita.

— Si, joven.

Durante el viaje que fue bastante corto, porque ella vive cerca del colegio, fuimos en un total silencio.

—Aquí es— le dijo al chófer.

Nos bajamos, el chófer se quedó esperando afuera, luna abrió la puerta y entramos.

Su casa es relativamente pequeña, pero acogedora.

El frío en mi casa devora todo, porque la distancia entre todos es grande.

— Este es mi cuarto, podemos trabajar ahí.

Espero que no te incomodes por lo pequeño.

—Es cálida tu casa.

El experimento se dio al primer intento, pero quería quedarme un poco más con ella.

Quedamos un rato sentados en el piso, solo mirándonos el uno al otro.

¿Qué es esto que siento por esta chica?

Quiero besarla.

Era lo único que mi cerebro procesaba en ese instante.

— Creo que es hora de irme, qué aburrido, terminamos muy rápido.

Quería quedarme más tiempo —expresé.

— No te estoy corriendo.

Eres el único compañero de clases que me ha hablado, yo sé que el colegio es de personas que tienen dinero y ya los grupos por afinidad están formados, será un poco difícil que le hablen a esta chica pobre.

— Ellos no saben nada que eres pobre o rica.

— Eso se nota de largo.

Más cuando no llevo nada de marca.

También sé perfectamente que me hablas por el director.

Ya lo has dicho dos veces y también se lo dijiste a tu amiga, Alicia — No te equivoques.

Yo te hablo porque me agradas, no me importa si no tienes dinero.

Ella guardó silencio.

Me acerqué a ella.

— Eres una niña muy linda.

— No digas esas cosas.

Apenas nos conocemos.

— Lo irónico, es que son dos días y no puedo — guardé silencio y sonreí.

Toqué sus mejillas.

Luna se puso seria y me miró directo a los ojos.

Sus mejillas se pusieron rojas, mi corazón se aceleró como un loco, y mi estómago parecía una revuelta de mariposas.

Me acerqué a sus labios, muy nervioso, ella cerró sus ojos, apretaba sus manos a su falda, la besé apenas tocando sus labios.

Era la primera vez que besaba a una chica, y aunque estaba el instinto, no sabía qué hacer.

Por primera vez, no pensé en lo que debía hacer, sino en lo que quería hacer.

Ella abrió sus ojos y nos miramos fijos, con la respiración rápida, parecía que ella iba a llorar.

Me puse de pie, le extendí la mano.

Ella la tomó, nuestras manos parecían que estuvieron en la nevera durante horas.

— ¿Puedo abrazarte?

—le pregunté.

— No sé— ella respondió con dudas.

La abracé aún en medio de ese momento confuso, lleno de falta de experiencia.

— Creo que mejor me voy.

— Sí.

— Me gustas, Luna.

Este beso no fue un error.

Ella solo asentó con la cabeza y medio sonrió.

Ella me encaminó a la puerta.

Me despedí de ella con un adiós con las manos.

Luna cerró la puerta, tenía una cara de confusión y es válido.

Subí al auto, el chófer me llevó a la casa.

Ahí tenía que contener mi emoción.

Subí a mi habitación, y el resto del día, pensando que iba a hacer mañana.

En mi mundo todo había cambiado, aunque todo seguiría igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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