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Amor en la primera nevada - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO XXI Encierro
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21: CAPÍTULO XXI: Encierro 21: CAPÍTULO XXI: Encierro ADRIÁN VON KELLER El mayor acto de valentía de una persona que tiene sus alas rotas es querer volar aun cuando todo esté en tu contra.

Esa noche, 26 de diciembre, me senté en mi computador para avanzar sobre un proyecto de una clase X, todo iba como quería, afinando pautas.

Me di pequeño descanso de tantos números, entre a noticias al momento, había una imagen, que el solo verla me paralizó por completo y una explosión de emociones empezaron hacer erupción.

Ahí estaba Luna y su madre dentro de un auto que acababa de tener un accidente.

Revisé mi reloj, eran las 10:30 de la noche, hace más de hora fue ese accidente.

Me levanté y caminé a la puerta, puerta que estaba con llave.

Intenté abrirla varias veces y no pude.

Solo me arrodillé al piso.

Posiblemente, mi madre ya lo sabe o tal vez fue ella la causante.

Di dos golpes en el piso.

Sentir esta maldita impotencia, me estaba agobiado más de lo normal.

Pensé en escapar por la ventana, pero abajo por la parte del jardín estaban dos guardaespaldas.

Me levanté y fui otra vez al computador.

Leí la noticia entera.

La madre de ella había fallecido en el momento y ella había sido trasladada al hospital inconsciente.

El amor de mi vida, estaba ahí sola, y su único apoyo había muerto.

Quería ir a consolarla.

Me acerqué a la puerta, nuevamente, y empecé a golpearla.

— Mamá, por favor quiero que abras la puerta.

Golpee hasta que mis nudillos quedaron hechos añicos.

Lloré lágrimas con amargura.

— Si no abres, me voy a suicidar.

Lo juro.

Juro que voy a hacerlo.

Un silencio tras aquella puerta que era mi prisión.

De repente, mi puerta se abrió.

Era mi padre, quien una mirada dura y despectiva me miró.

Dos guardaespaldas entraron.

— Solo por esta vez, por favor, déjame ir a verla.

Quiero saber si está bien.

Mi padre solo hizo una seña a los guardaespaldas, ellos se acercaron y tomaron uno de cada brazo.

Mostré resistencia.

— Parece que no has aprendido la lección — mi padre subió una ceja — Tú eliges, si quieres que deje en paz a tu amada o ahora mismo envío a alguien y de ese hospital salen las dos muertas.

Dejé caer mis brazos.

Me daba por vencido con mi padre.

Ella era mi debilidad.

— Comete una locura, y te juro que Luna no saldrá viva de ese hospital.

Sigue retándome.

— Crees que toda la vida me tendrás en tus manos, padre.

Todo se paga en esta vida.

— Puedes hacer lo que quieras, pero saliendo de esa puerta, Luna es una chica muerta.

Considera mi benevolencia mientras obedezcas.

Los guardias me soltaron.

Mi padre y ellos salieron de mi habitación.

Aquel maldito sonido cuando enllavaban resonaba en mis oídos.

Me acerqué a la ventana y la abrí.

Aquel aire helado qué congelaba mi rostro, también helaba mi corazón.

Deseé tanto no haber nacido.

El apellido no me importaba, mi estatus social, mi religión y mis padres tampoco me importaba.

Respiré profundo, podía sentir un olor exorbitante en la nieve que caía.

Pasaron dos días.

El castigo seguía, no abrían la puerta, no había desayuno, ni almuerzo ni cena.

Hacían aquello para quebrar mi espíritu, como si fuera un animal.

Podía seguir un poco las noticias en redes.

Porque tras ese accidente, empezaron a cuidar más las calles para evitar muertes.

¿Cómo acercarme a ella, sin estar en el ojo público, ni en el de mis siniestros padres?

Quiero protegerte, pero como, cuando ni quiera yo puedo protegerme a mí mismo.

Pasada una semana, con mis maletas hechas y con Alicia en la casa, partimos al aeropuerto con rumbo a París.

Tenía que buscar la forma de proteger a Luna aun con la distancia que había entre los dos.

En el avión, Alicia quiso tomar mi mano.

— ¿Cómo te atreves a tocarme?

— Eres mi prometido — La miré con desprecio — Ya deja de pensar en esa maldita Luna.

— Hasta pensar en una cucaracha es mejor que pensar en ti.

Y cuando nos casemos, mi trato será igual o peor.

Jamás te veré como una mujer.

Siempre la voy a amar.

Quiero que eso lo tengas en cuenta.

Alicia soltó unas lágrimas.

Me puse mis auriculares y miré a un lado.

El amor jamás es forzado, es como un par de zapato, si no es tuya, jamás calzara bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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