Amor en la primera nevada - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 CAPÍTULO XXIV La Inversión más Segura
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24: CAPÍTULO XXIV: La Inversión más Segura 24: CAPÍTULO XXIV: La Inversión más Segura LUNA VOGEL Me preparaba con Daniel para la entrevista en Blackwood Capital.
Daniel había aprobado la vestimenta correcta, un traje de pantalón austero y oscuro, sin joyas.
No quería llamar la atención, solo proyectar competencia.
Me miré en el espejo del elevador, se había muerto la becaria, ahora solo era la analista.
Blackwood Capital ocupaba los pisos superiores de un rascacielos de cristal en el corazón de The City.
El vestíbulo era mármol frío, silencio y el tipo de luz que hace sentir a uno pequeño.
Los otros nueve candidatos parecían sacados de una revista de modas, intercambiando anécdotas en voz baja.
Yo me senté sola, revisando mentalmente mi ensayo sobre el riesgo suizo.
Me llamaron.
La sala de conferencias era de cristal, ofreciendo una vista panorámica de Londres que se sentía como una burla.
El panel estaba formado por tres directores: dos hombres canosos y una mujer de mediana edad con una mirada implacable.
La entrevista no era un examen; era un interrogatorio de mi alma.
Respondí a sus preguntas sobre los mercados con la misma lógica fría, sin usar jerga innecesaria.
Al final, no me dieron las gracias ni me despidieron con calidez.
Solo me dijeron que me contactarían.
Salí del edificio y respiré el aire frío de Londres.
Había sobrevivido.
Ahora solo quedaba esperar.
Dos días después, mi teléfono, que había estado en silencio desde Zúrich, recibió una llamada de un número desconocido.
— ¿Señorita Vogel?
Le llamamos de Blackwood Capital.
Su desempeño fue excepcionalmente sólido.
Nos complace informarle que ha sido seleccionada como una de las diez pasantes de verano en la división de Banca de Inversión.
Envíaremos el contrato a su correo.
Colgué la llamada.
Me quedé de pie en medio de mi pequeña habitación, mirando la pared en blanco.
No sentí alegría, ni euforia.
Sentí una satisfacción calculadora.
Había conseguido mi primer objetivo.
Había entrado por la puerta de servicio, pero estaba dentro.
Ahora solo faltaba escalar.
Al día siguiente me presenté para firmar mi contrato.
En esa misma tarde me encontré con Daniel.
Le agradecí por toda aquella ayuda.
— Creo que mis clases en la maestría son correctas.
— Te invito a un café como agradecimiento.
— No te preocupes por nada.
Creo que eres una chica muy interesante y sobresaliente.
— Gracias — le sonreí.
Daniel se retiró.
ADRIÁN VON KELLER Mientras el hielo se derrite sobre el manto de la tierra, las flores y las hierbas empieza su ciclo vivo.
Daniel me llamó.
— Listo primo.
— Gracias.
— No te había comentado, pero si no te apuras te quedaras solo con la intención.
Ella tiene muchos pretendientes.
— Sin bromas.
— Está cerca la garrapata.
— Sí.
— Lo imaginé.
Solo siéntete tranquilo.
Hasta donde pueda voy a ayudarla, me he dado cuenta que a pesar de no tener dinero ella puede formar sus propios recursos y abrir camino.
Ella es inteligente.
— Si lo es.
— Voy a mover mis piezas, Adrián para que te reúnas con ellas.
— Gracias — Colgué la llamada.
Sentí un poco de alegría.
Daniel era un hombre de palabra.
La idea de reunirme con ella me aceleraba mi corazón, una pequeña ilusión se abría paso.
Alicia merodeaba como un perro sabueso.
— ¿Con quién hablaste?
— Con Daniel.
— ¿Y ahora porque hablas con él?
— Es mi familia, algún problema.
O es que te molesta que hable con mi primo.
— No me molesta.
— Pareces un personal del FBI o un perro policía más que mi supuesta prometida.
— Cuando regresemos en vacaciones nos casaremos.
Para que empieces a respetarme.
— Si quieres que te respete, entonces date tu lugar.
Si sabes que no te amo, para qué insiste algo que no quiero ser.
Alicia me miró mordiendo su labio inferior.
Tomó su celular y llamó a mi mamá.
Empezó a hablar su melodrama.
Solo la miré con desprecio y me fui a mi cuarto.
Apagué el celular.
Me imaginé el posible encuentro con Luna.
Y recordé ese bonito pasado con ella.
Sus besos y nuestra primera vez.
Después de la tormenta viene la calma.
Y esa calma espero sea para siempre.
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