Amor en la primera nevada - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 CAPÍTULO XXVI Un abrazo y un beso
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26: CAPÍTULO XXVI: Un abrazo y un beso 26: CAPÍTULO XXVI: Un abrazo y un beso LUNA VOGEL El aire dentro del auditorio se volvió espeso.
No podía respirar.
Una helada como solo Zúrich podía dar, una avalancha contra mi cuerpo que apenas se recuperaba de tanto dolor.
Su voz perforó mi corazón.
Y en ese instante, el tiempo se detuvo o eso es lo que sentía.
— Hola, Luna — Adrián lo repitió.
Tenía que ser fría.
Ya no era aquella Luna adolescente que había sido dejada.
Me giré había él.
— Hola, joven Von Keller.
Qué coincidencia haberlo encontrado aquí.
— ¿Joven?
— Él movió su cabeza diciendo no.
Me sonrió.
Adrián seguía siendo el mismo chico elegante, vestía tan perfecto y sus ojos azules qué parecía un ángel.
Vinieron en segundos, recuerdos, el primer beso, la primera vez, mi dolor por ser dejada, y encuentro en Zúrich.
Me senté viendo el escenario del auditorio.
Las luces fueron oscureciendo.
La actividad iba a empezar.
Adrián se acercó a mi oído.
— No esperaba verte aquí — su voz tan neutral me ponía nerviosa.
—Yo tampoco esperaba verte.
Sentí tan de cerca su fragancia, su respiración en mi oreja, me dio un cosquilleo en mi cuello, era como si mi cuerpo lo recordará.
No podía descomponerme.
ADRIÁN VON KELLER Cuando ella entró por el auditorio, sin que ella me viera, me acerqué a la persona que acababa de entrar y le pedí que cambiara su número de asiento con el mío.
El chico cambió al ver que tenía lugar preferencial.
Me senté a su lado.
Ella estaba perdida en su celular, era como si repasara su discurso.
Mi corazón estaba agitado.
Tenerla cerca sin ninguna presión, me hacía libre.
—Hola, Luna — ella se quedó muda — Hola luna — le volví a decir.
— Hola, joven Von Keller.
Qué coincidencia haberlo encontrado aquí.
— ¿Joven?
— moví cabeza diciendo no.
Le sonreí.
Me acerqué a su oído.
— No esperaba verte aquí — ella parecía haber cambiado mucho.
Esta Luna es más segura, más elegante.
—Yo tampoco esperaba verte.
El auditorio se oscureció.
Dando todo el protagonismo al escenario.
Rocé mi mano con la de ella.
— Al parecer tú no recuerdas nada — me fulminó con la mirada.
Tenía que aprovechar al máximo este viaje.
Daniel había movido los hilos justamente por mi reencuentro con Luna.
— Tranquila, no me di cuenta de que tu mano estaba ahí — me acerqué a su oreja y Rocé mis labios en él.
Ella soltó una suspiro.
Aunque se mantenía sería y fría.
Sé que no sería fácil — Proyecto de Luna Vogel.
Ella se puso de pie.
— Suerte, Luna.
Ella no dijo nada.
Caminó al frente.
Tomó el micrófono y empezó hablar con tanta soltura, con tanta propiedad.
Definitivamente, ella ya no era la misma.
Esta versión de ella, me fascinaba, era la Luna economista, profesional.
Sin duda alguna, amo a esta mujer, en todas sus facetas.
Al terminar, ella regresó a su asiento.
— Estupendo — le tomé la mano y la entrelacé con la mía.
Ella intentó quitarla, pero no quería causar malestar con los demás, que terminó dejándola.
Parecía un adolescente, tenía mis nervios aterrizados en mi mano.
La miraba de reojos.
Ella estaba sin ninguna emoción en su cara, no parecía enojada, menos emocionada.
Era como si, fuera un robot.
Empecé a acariciar su dedo pulgar con el mío.
Tenía ganas de acercarme y robarle un beso.
— Quiero que hablemos — le susurré.
— No, no quiero.
— Está bien.
Aún te amo — Lo solté, fijé mi mirada en su cara.
LUNA VOGEL ¿Aún me amas?
Y tienes a Alicia.
¿Aún me amas?
Pero se te olvida que te fuiste y me dejaste sin decir nada.
¿Aún me amas?
Y no estuviste cuando más te necesité.
Mi mente respondió esas palabras y las cuestionó.
Me abrió la herida que parecía haber cicatrizado.
A como pude solté mi mano.
Adrián me había soltado antes.
Miré al escenario.
Puse mi mayor concentración en las siguientes exposiciones.
Llegó el turno de Adrián.
Tan magistral su ponencia.
Tan perfecto.
Me hacía sentir pequeña.
Aunque deseaba ganar por el premio y el reconocimiento, verlo a él ahí con tanta soltura, me hizo sentir que mi batalla estaba perdida.
Una lágrima salió sin pedir permiso.
Tenía un nudo en la garganta.
Aunque quería levantarme e irme, no podía.
Aunque no ganara tenía que demostrar hasta el final, mi madurez a Blackwood Capital, si quería ser tomada en cuenta en el futuro.
Adrián terminó tan perfecto.
Regresó a mi lado.
No dije nada.
No lo miré.
Había cometido un error, dejar que mis emociones intervinieran en mi presentación.
— En un momento se anunciará a los ganadores.
El jurado está poniéndose de acuerdo.
Vamos a recordar los premios, los tres proyectos que sean seleccionados tendrán un premio monetario de xxxx.
Además, un fin de semana en el lujoso hotel Four Seasons Hotel con todos los servicios pagado, restaurante, piscina, spa y una habitación de lujo.
— ¿Cómo estuve?
— Adrián me preguntó.
— Como los demás.
Interesante tema.
— Hagamos una apuesta, si gano tú me regalas una cena conmigo y un paseo antes que yo vuelva a París.
— No apuesto nada.
Ganes o pierdas, me da igual.
Tú y yo no tenemos ni un vínculo.
Nuestro contrato se canceló hace muchos años.
— Su atención.
Los ganadores son: Adrián Von Keller, estudiante de la Universidad de París, Mario Buenaza, estudiante de la Universidad de Madrid y nuestra tercera ganadora, es de la universidad de Londres, Luna Vogel.
Pasen al frente.
No lo podía creer.
Miré a Adrián.
— Ganamos.
Vamos — Adrián sonrió.
Pasamos a recibir los premios.
Fotos por todos lados.
El evento terminó.
Busqué a Daniel para darle las gracias, pero no lo vi.
Había muchos invitados.
Caminé hasta las afuera del edificio.
Ya se veía noche.
Revisé la hora de mi celular, 8:00 pm.
— Felicidades, Luna.
Nunca pensé que tuvieras talento — Era Ethan.
Voltee los ojos y di la media vuelta.
Empecé a caminar ignorando sus palabras.
Alguien tomó mi mano y me jaló.
Pensé que era Ethan.
— Espera no te vayas — la voz de Adrián — quiero hablar contigo.
— Ahora todo mundo quiere hablar conmigo.
Estoy cansada.
Buenas noches.
Ya no podía contenerme más, necesitaba un pequeño descanso de tanto estrés, tenía cruzadas mis emociones.
Me solté.
Busqué como detener un taxi.
— No te vayas.
Hablemos.
— Me tomó otra vez de la mano.
Me abrazó con fuerza.
Tragué saliva.
— Suéltame.
No quiero hacer un espectáculo.
— Te suelto hasta que me prometas que vas a hablar conmigo.
Te quiero acompañar a tu casa.
Caminemos un rato sí.
— No quiero caminar, no quiero que me acompañes, no quiero tu abrazo, no quiero nada de ti.
Por favor, suéltame.
— Entonces no te soltaré.
Adrián me miró directo a los ojos.
Se acercó tanto a mi cara que podía sentir su respiración.
Puso la punta de nariz en mi nariz, podía sentir sus labios en los míos.
Mi estómago era una revuelta de animalitos.
Él abrió su boca, ajustándose tan exacto a mis labios, con un movimiento pausado, podía sentir una carga fuerte de emociones.
Era como sí el Adrián perfecto, tuviera grietas en su alma.
Cerré los ojos y aunque no respondí al beso, no me opuse.
Unas lágrimas rodearon por mis mejillas.
Adrián me abrazó.
— ¿Terminaste?
— lo dije tanta frialdad.
— No — Adrián limpió con sus manos mis lágrimas — no quiero terminar.
— Estoy cansada — Me solté de ese abrazo — Buenas noches.
— Espera — Sacó de su billetera, un papel y me lo dio — escríbeme.
Te lo pido.
Te veo mañana.
— ¿Mañana?
— Por el premio.
Caminé unos pasos más y detuve un taxi.
Me subí.
Adrián se despidió con las manos.
Cuando llegué a residencia.
Victoria estaba afuera sentada esperándome.
— ¿Cómo te fue?
No me escribiste.
— Gané.
Quedé entre los tres proyectos.
Victoria gritó y me abrazó.
— ¿Pero no estás alegre?
— Me encontré con mi primer amor — la vi y me puse a llorar — creo que estoy confundida.
Él me dañó, me robó mi adolescencia y me abandonó.
Victoria solo me escuchaba, no decía nada.
Le conté todo, desnudé mis sentimientos, mis emociones.
— Déjame unir y pensar todo, Luna.
A veces las familias ricas son crueles son sus hijos.
Esa noche fue larga, era como si se caía la nieve de mi cuerpo, esa nieve que tanto pesaba.
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