Amor en la primera nevada - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 CAPÍTULO XXVII Four Season Hotel
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27: CAPÍTULO XXVII: Four Season Hotel 27: CAPÍTULO XXVII: Four Season Hotel LUNA VOGEL Después de soltar aquello por primera vez con alguien, sentí mi cruz un poco más liviana.
Toda esa noche pensé, recordé y lloré.
Adrián es mi punto débil.
Me levanté de mi cama y me fui a dar un baño, se notaba en mi cara el cansancio.
Alisté un par de mudada, lista para ir a recibir mi premio de Blackwood Capital.
Me encontré con Victoria antes de tomar el taxi.
— Estoy pensando en no ir.
— No digas eso, si quieres escalar y ser alguien en consideración para Blackwood Capital no puedes mostrarte inmadura.
Además, esto es como propaganda comercial para su empresa.
— Tienes razón.
No puedo ser tan infantil y poca profesional.
— A veces creo que Él es el príncipe de un reino cruel, Luna.
No justifica su huida, pero explica su prisión.
Lo que no puedes permitir es que comprometa tu misión.
Ánimos amiga.
Detuve un taxi y subí.
Durante el viaje sentía como mi estomago se revolvía.
Tenía náuseas.
Llegué al Hotel.
Adrián estaba en recepción.
Totalidad seriedad.
— Buenos días, Luna — Adrián extendió su mano, saludando.
La recepciónista solo dirigió la mirada a Adrián.
Tomé la mano, me sentía como si era evaluada directamente por Blackwood.
— Buenos días, Adrián — Él sonrió.
Nos dieron la llave del cuarto.
Nos dieron habitaciones contigua en el piso de lujo, con una suite central para los tres Ganadores.
Cuando entramos, el otro chico, entró a su cuarto directamente.
Todo era hermoso.
— Este fin de semana, no hay Alicia, no hay Blackwood, no hay Zúrich.
— Me susurró, su aliento en mi cabello.
— Solo hay mentiras, Adrián — Le respondí, pero no me moví.
Él giró mi cuerpo suavemente.
Sus ojos azules estaban cargados de tristeza y deseo.
Puso sus manos en mis mejillas.
— Si me dejas besarte ahora, Luna, prometo que será un momento real.
— Quiero realmente disfrutar este premio.
Por favor no traigas un pasado que parami ya esta enterrado.
— Quiero confesarte algo.
Quiero darte esa explicación, déjame decirte la verdad.
Quité su mano de mi mejilla, y caminé hasta mi cuarto.
Tras cerrar la puerta me agaché.
¿Qué diablos es esto que estoy sintiendo?
Ya una vez te burlaste de mi y me dejaste sola, no caeré en tu juego.
Me recompuse.
Me acosté en la cama, era tan diferente a la cama de la residencia que era un privilegio descansar en ella.
Decidí que esa mañana sería para el spa.
Quería desestresarme.
ADRIÁN VON KELLER Este viaje era una bendición y tenía que acercarme lo más a Luna.
Bajé a la piscina.
Quería darle un poco de espacio.
La vi pasar al spa.
Caminé hasta ahí.
Le pedí a la masajista que me dejará solo unos poco minutos darle yo el masaje a Luna.
— No, joven esto me puede costar mi trabajo.
— No se preocupe.
No la van a despedir.
Eso se lo puedo asegurar.
Este hotel es de mi familia.
Tuve que mostrar mi credencial para que me creyera.
Honestamente, los negocios de mis tíos, eran muchos.
Y Daniel era el sucesor de todo.
Así que él jamás va a despedir a una empleada si no da problemas.
Le indiqué a la masajista que se tomara su descanso, asegurándole que yo la cubriría.
Cerré la puerta de la sala de masajes.
El aire olía a lavanda y vainilla.
Luna estaba inmóvil, cubierta solo por una toalla gruesa su cabello suelto, se veía vulnerable, tan diferente a la chica fría qué se había convertido.
Tomé aceite y calenté mis manos.
Cuando mis manos tocaron su espalda, Luna soltó un ligero suspiro.
— Qué alivio.
Necesitaba este momento para relajarme.
Últimamente, estoy muy tensionada.
No dije nada, solo escuchaba y me permitía tocar su piel mientras daba un masaje, un lejos de ser un profesional, pero hacia mi mejor intento.
Me contenía, quería besar su cuello.
— Tienes una piel muy bonita — lo dije en voz alta sin pensarlo.
Luna se sobresaltó.
Se puso de pie.
Su toalla se cayó, quedando completamente desnuda.
Verla así, me hizo recordar nuestra primera y única vez.
Ella había cambiado un poco, se veía más desarrollada, no era la niña de 16 años.
Era más atractiva, más sensual.
Nos quedamos viendo sin decir nada, sin hacer nada.
Ella recogió la toalla y se la puso.
— Tienes que irte.
Me acerqué y la abracé.
Ella se resintió.
— No me hagas esto, Adrián.
Por favor, cierra este capítulo.
Ya no quiero — La voz de Luna estaba ahogada como si quería llorar.
— Escuchame.
No voy a soltarte.
Ya no voy a soltarte.
La verdad es que no hay un solo día en que no extrañé.
La verdad es que perdí mi vida, pero tú perdiste tu fe.
Y estoy aquí para recuperarla.
Te sigo amando.
La solté.
Ella empezó a llorar.
Sus lágrimas caían.
No tenía ningún gesto o emoción en su rostro, solo lágrimas.
La abracé de nuevo.
— Ya es tarde.
Ya no hay un camino para ambos.
— Si lo hay, y lo voy hacer a la fuerza aunque el mundo esté en nuestra contra.
Perdón, perdoname por irme sin darte una explicación.
Perdoname por dejarte sola y herida.
Perdoname por favor.
Ella lloró.
Lloró tanto.
Yo la abracé y lloré pidiendo perdón una y otra vez.
Luna después de vaciar sus ojos.
Salió del spa.
No la detuve.
Ella necesitaba su espacio para pensar.
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