Amor en la primera nevada - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- Amor en la primera nevada
- Capítulo 5 - 5 CAPÍTULO V Una tarde de descubrimiento
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: CAPÍTULO V: Una tarde de descubrimiento 5: CAPÍTULO V: Una tarde de descubrimiento ADRIÁN VAN KELLER Cuando la realidad supera la ficción, todo acto de rebeldía es una respuesta lógica.
Pasaron dos meses agobiante y con mi secreto cruzado en mi mente, garganta y corazón.
No le había comentado nada a Luna, lo que estaba viviendo con ella, aunque en secreto, era lo más especial que tenía.
Por otro lado, mi madre insistía con Alicia y que la estúpida idea de ser sacerdote la desechara.
Y yo, más firme aún, apostaba por ella, como mi única opción para rebelarme.
No quedaban más dudas, amaba en su totalidad a Luna.
Y el mayor acto de amor que podía hacer por ella, era protegerla de mi familia.
Llegó la maestra de Biblioteca al aula.
Llevaba una cajita con unas pelotitas.
— Vamos a trabajar de una forma distinta el día de hoy, en esta cajita están los nombres de ustedes del 1 al 10, y los estudiantes del 11 al 20 pasara a tomar una pelotita y el número que salga con esa persona van a emparejarse.
Y realizaremos lectura en pareja, es importante promover el hábito de lectura individual, en pareja y grupal.
Cada estudiante iba pasando.
Mi número de lista era el 1, seguía Alicia como 2.
Para mi esto era bueno porque no quedaría emparejado con ella.
— Luna, su turno— la profesora la llamó.
Ella se levantó.
Ya se habían formado 3 parejas y mi número no había salido.
Ella metió la mano y sacó una pelota y se lo entregó a la maestra.
— Perfecto, número 1.
Tu pareja es Adrián.
Mi corazón sintió alivio.
Quería estar con ella todo el tiempo.
La maestra nos dio un libro.
— Ya están formados todos las parejas.
Se le ha facilitado una lectura.
Podéis escoger cualquier parte del colegio e ir a leer.
Regresan al aula en media hora.
Si no cumplimos con la hora de llegada, ya sabéis qué tendrán reporte.
Sin una palabra, caminamos uno a la par del otro.
Yo caminé hasta la enfermería y Luna me seguía.
— Buenos días, doctora.
Será que podamos hacer lectura aquí, tenemos una dinámica con la maestra de Biblioteca.
— Mientras no me causen problemas.
—Solo son 25 minutos.
Nos dirigimos al rincón de enfermería.
Luna empezó a leer en voz bajita y yo solo la observaba.
La doctora salió un rato, era como si nos daba el tiempo para no molestarnos.
Le tomé la mano a Luna.
— Quiero quedarme así contigo — le dije.
Me acerqué a su cuello y le di un beso con ternura.
Creo que ese instinto de hombre se estaba despertando, era como si mi curiosidad quería dar el siguiente paso, aunque no quería perjudicar a Luna.
Sabía que pronto me iría, y no sería justo arrebatar algo tan valioso.
Me sentí triste.
Ella me dio un beso y puso su cabeza en mi hombro.
— Estoy enamorada de ti, Adrián.
Gracias a ti, pude adaptarme a este colegio.
—Es hora de irnos.
No quiero que ganemos un reporte.
LUNA VOGEL Cada toque, cada beso, cada momento me hacía converserme qué Adrián era el indicado.
— Hoy después de clase — pausé, tragué aire — quiero que vengas a mi casa.
— Está bien, mi niña.
Irónico este sentimiento, serlo todo sin ser nada.
Las clases terminaron y el chófer de Adrián nos llevó a mi casa.
No había nada premeditado, pero quería sentir un poco más allá de este sentimiento que sentía por él.
Calenté la comida que mi madre me había dejado en la nevera, llevé el almuerzo a mi cuarto, donde esperaba Adrián.
— El menú de hoy no es tan bueno.
Adrián me abrazó.
Éramos dos jóvenes de 16 años viviendo, experimentado un amor.
Llevé mis manos al cuello de Adrián.
Y como si pensáramos lo mismo, nos fundimos en un beso apasionado.
Ahora ya no habían besos inexpertos, habíamos aprendido el uno del otro.
Él se detuvo.
— Almorcemos.
— No.
— ¿No?
Volví a besarlo.
Hice que se sentará en la cama.
— ¿Estas segura que quieres hacer esto?
No dije nada.
Solo me senté en sus piernas.
Mi cuerpo temblaba, y podía sentir como el corazón de Adrián intentaba salirse del pecho.
Siendo muy honesta, esta sensación de bienestar, me agradaba a tal extremo, que mi mente se nubló.
Y lo que empezó con besos inocentes, terminó en nuestra primera vez.
Lejos de ser placentero, terminamos demostrando que la primera vez siempre es un desastre cuando los dos no sabemos nada.
Cuando mi himen se rompió, sentí que por fin pude entregarme a él, aunque tenía lágrimas en mis ojos por el dolor, pude sentir cierto grado de orgullo.
— Perdón.
Te lastimé.
Lo abracé con fuerza.
— No fue como pensaba, pero para mi es suficiente.
Nuestros cuerpos desnudos, lleno de sudor y dolor nos recordaba nuestra parte humana, habíamos cruzado un punto sin retorno.
Afuera, el invierno seguía helando la ciudad, pero dentro de ese pequeño cuarto, solo existía el calor de dos almas que se habían elegido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com