Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Amor en la primera nevada - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Amor en la primera nevada
  4. Capítulo 9 - 9 CAPÍTULO IX Primer salida
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: CAPÍTULO IX: Primer salida 9: CAPÍTULO IX: Primer salida ADRIÁN VON KELLER Siempre tuve las alas cortas, mi prisión fue mi edad, mis padres y mis miedos.

Ahora tras estos cuatros muros gigante qué recubre mi penitencia por enamorarme, aquel frío que ensordecía mi espíritu regresa con más intensidad.

Fui designado a un cuarto, que parecía una celda austera, un crucifijo colgaba del espaldar de la cama y una mesita de noche que parecía un banquillo de jardín.

De tenerlo todo a no tener nada.

Entré y puse mi maleta a un lado de la cama.

El rector del seminario me dio mi horario de hoy en adelante.

6:00 AM Despertar y Oración Matutina.

7:00 AM Misa Diaria Obligatorio.

8:00 AM Desayuno Comunitario.

8:30 AM – 1:00 PM Clases (Bachillerato) 2:00 PM Oración de Mediodía/Estudio Tiempo libre pero vigilado.

No hay música, no hay móvil.

Solo libros.

4:00 PM Deportes/Recreo Vigliado Baloncesto o fútbol simple en el patio.

6:00 PM Cena y Recreo Breve de 10 min.

9:00 PM Oración de la Noche en silencio.

—Gracias, reverendo padre rector.

— Te dejaré solo un momento para que te organices, en una hora vengo por ti para enseñarte las instalaciones del seminario — el padre rector salió.

Quedé de pie en medio de aquel cuarto.

Me sentía derrotado, abatido.

Las lágrimas salieron y mis recuerdos por Luna estaban más vivos que nunca.

El cómo me enamoré de ella, y toda la parte de experimentar el primer amor, besos, caricias y la primera relación sexual, volvían y afloraban en mi corazón.

Los días iban pasando tanto así como el otoño, mi corazón más resignado a enterrar mi amor por ella.

Luna era mi secreto en este lugar.

Llegó la primera salida del seminario (era cada 15 días), mi madre llegó a recogerme un viernes por la tarde.

Siendo honesto, no quería salir, no quería verla, menos hablarle, pero las visitas familiares y el convivir era obligatorio.

Salí sin nada en mis manos.

En la casa había ropa de más, así que sería ilógico que llevara ropa.

Subí al auto.

Miré a un lado.

— ¿Ya has reflexionado?

— Si, y suficiente.

Y estoy más seguro de mi camino — Aunque por dentro no quería estar ahí.

Fueron varias horas de viajes.

Llegamos en la noche.

Al entrar a la casa, estaba Alicia, quien vestía un vestido corto y de escote.

Se abalanzó sobre mí.

— Te extrañé.

— No me abraces.

— ¿No me extrañaste?

— Me retiro, quiero descansar.

El viaje me ha dejado exhausto y toca el momento de oración.

Con su permiso.

En las escaleras, estaba mi padre.

Me detuve frente a él.

Él dirigió su mirada a un lado.

Con mi frente y mi orgullo en alto, continué hacia mi cuarto.

Alicia sin darse por vencida, me tomó de la mano antes de entrar a mi habitación.

— Adrián, por favor no seas así conmigo.

Me he dado cuenta de que te amo más de lo que imaginaba.

— Estoy cansado, buenas noches — Solté su mano.

Entré a mi cuarto y me encerré bajo llave.

A la mañana siguiente, al intentar abrir la puerta para bajar a desayunar, la puerta había sido enllavada por afuera.

— ¿Pará que vengo, si al final es lo mismo?

Tenía la intención de buscar a Luna y tratar de dar una explicación justa, porque ella se lo merecía, pero me imagino que un ave enjaulada nunca aprenderá a volar.

Sin ánimo de perder energía, resignado a todo, me acosté de nuevo.

Encerrado y sin comida, porque a mis padres se les olvidó que estaba en casa o simplemente, es pago por mi desobediencia.

No hice nada más que esperar que ellos se cansaran de este juego tonto.

Domingo por la mañana, me alistaba para regresar al seminario.

— Distinguida señora Elizabeth — le hablé a mi mamá — ya no llegues a buscarme, no quiero verlos más, dedicaré mi vida a esas cuatro Paredes.

— Perfecto.

Por la tarde llegaba al seminario.

La soledad y redención son los mejores aliados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo