Amor en la primera nevada - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 CAPÍTULO IX Primer salida
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9: CAPÍTULO IX: Primer salida 9: CAPÍTULO IX: Primer salida ADRIÁN VON KELLER Siempre tuve las alas cortas, mi prisión fue mi edad, mis padres y mis miedos.
Ahora tras estos cuatros muros gigante qué recubre mi penitencia por enamorarme, aquel frío que ensordecía mi espíritu regresa con más intensidad.
Fui designado a un cuarto, que parecía una celda austera, un crucifijo colgaba del espaldar de la cama y una mesita de noche que parecía un banquillo de jardín.
De tenerlo todo a no tener nada.
Entré y puse mi maleta a un lado de la cama.
El rector del seminario me dio mi horario de hoy en adelante.
6:00 AM Despertar y Oración Matutina.
7:00 AM Misa Diaria Obligatorio.
8:00 AM Desayuno Comunitario.
8:30 AM – 1:00 PM Clases (Bachillerato) 2:00 PM Oración de Mediodía/Estudio Tiempo libre pero vigilado.
No hay música, no hay móvil.
Solo libros.
4:00 PM Deportes/Recreo Vigliado Baloncesto o fútbol simple en el patio.
6:00 PM Cena y Recreo Breve de 10 min.
9:00 PM Oración de la Noche en silencio.
—Gracias, reverendo padre rector.
— Te dejaré solo un momento para que te organices, en una hora vengo por ti para enseñarte las instalaciones del seminario — el padre rector salió.
Quedé de pie en medio de aquel cuarto.
Me sentía derrotado, abatido.
Las lágrimas salieron y mis recuerdos por Luna estaban más vivos que nunca.
El cómo me enamoré de ella, y toda la parte de experimentar el primer amor, besos, caricias y la primera relación sexual, volvían y afloraban en mi corazón.
Los días iban pasando tanto así como el otoño, mi corazón más resignado a enterrar mi amor por ella.
Luna era mi secreto en este lugar.
Llegó la primera salida del seminario (era cada 15 días), mi madre llegó a recogerme un viernes por la tarde.
Siendo honesto, no quería salir, no quería verla, menos hablarle, pero las visitas familiares y el convivir era obligatorio.
Salí sin nada en mis manos.
En la casa había ropa de más, así que sería ilógico que llevara ropa.
Subí al auto.
Miré a un lado.
— ¿Ya has reflexionado?
— Si, y suficiente.
Y estoy más seguro de mi camino — Aunque por dentro no quería estar ahí.
Fueron varias horas de viajes.
Llegamos en la noche.
Al entrar a la casa, estaba Alicia, quien vestía un vestido corto y de escote.
Se abalanzó sobre mí.
— Te extrañé.
— No me abraces.
— ¿No me extrañaste?
— Me retiro, quiero descansar.
El viaje me ha dejado exhausto y toca el momento de oración.
Con su permiso.
En las escaleras, estaba mi padre.
Me detuve frente a él.
Él dirigió su mirada a un lado.
Con mi frente y mi orgullo en alto, continué hacia mi cuarto.
Alicia sin darse por vencida, me tomó de la mano antes de entrar a mi habitación.
— Adrián, por favor no seas así conmigo.
Me he dado cuenta de que te amo más de lo que imaginaba.
— Estoy cansado, buenas noches — Solté su mano.
Entré a mi cuarto y me encerré bajo llave.
A la mañana siguiente, al intentar abrir la puerta para bajar a desayunar, la puerta había sido enllavada por afuera.
— ¿Pará que vengo, si al final es lo mismo?
Tenía la intención de buscar a Luna y tratar de dar una explicación justa, porque ella se lo merecía, pero me imagino que un ave enjaulada nunca aprenderá a volar.
Sin ánimo de perder energía, resignado a todo, me acosté de nuevo.
Encerrado y sin comida, porque a mis padres se les olvidó que estaba en casa o simplemente, es pago por mi desobediencia.
No hice nada más que esperar que ellos se cansaran de este juego tonto.
Domingo por la mañana, me alistaba para regresar al seminario.
— Distinguida señora Elizabeth — le hablé a mi mamá — ya no llegues a buscarme, no quiero verlos más, dedicaré mi vida a esas cuatro Paredes.
— Perfecto.
Por la tarde llegaba al seminario.
La soledad y redención son los mejores aliados.
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