Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 15
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15: Capítulo 15 15: Capítulo 15 La súplica salió de sus labios antes de que pudiera procesarla del todo.
La pelirrubia estaba completamente ida en la excitación.
Sus manos bajaron desesperadas hasta el bulto en los pantalones de Sele, agarrando la polla a través de la tela gruesa y apretándola con fuerza, sintiendo cada mísero milímetro de aquella extremidad pulsante y deliciosa en la palma de su mano.
Sele gimió alto, echando la cabeza hacia atrás, perdiendo por un momento esa compostura de chica mala.
“Hazlo.” ordenó Sele con la voz estrangulada.
“Sácalo, Day.” Elena no necesitó que se lo dijeran dos veces.
Se dejó caer de rodillas frente a ella, ignorando la dureza del suelo y con manos temblorosas por la anticipación, buscó el botón de los pantalones de Sele sacándolo.
La pelinegra ayudó empujando sus caderas dejando caer sus pantalones y sus bóxers hacia abajo, quedando expuesta.
Cuando el miembro saltó a la vista, Elena contuvo el aliento.
Era una visión que había perseguido sus sueños durante semanas.
Completamente erecto, orgulloso, con una estética que desafiaba las normas y que a Elena le parecía la obra de arte más erótica del mundo.
“Maldita sea.” murmuro la mayor en un susurro reverencial.
El glande, de un tono rosado delicado que contrastaba con la piel pálida de Sele, brillaba bajo la luz tenue de las velas.
Una gota de líquido pre-seminal ya asomaba en la punta.
Elena acercó su rostro, sintiendo el calor que emanaba de la zona.
Pasó su dedo índice lentamente por la punta, recogiendo el fluido, y se lo llevó a la boca, saboreándolo con una mirada lasciva hacia arriba.
La ojinegra jadeó y sus rodillas temblaron visiblemente ante aquel espectáculo visual.
“Solo tú puedes ponerme así, Day…” confesó Sele, apoyando una mano en la pared para no caerse.
“Nadie más.” Elena sintió su ego inflarse con aquella afirmación.
Saberse la causa de tal reacción física era un afrodisíaco más potente que cualquier droga.
“Es tan grande…” murmuró Elena, agarrando la base del pene con posesividad.
Sele gruñó al sentir la mano pequeña y suave de la profesora rodear su miembro.
“Deja de hablar y chúpalo.” exigió Sele, enredando de nuevo sus dedos en el cabello de Elena, esta vez con más urgencia.
La pelirrubia obedeció inmediatamente.
Inclinándose, primero, lamió todo el pre-semen que escurría, trazando una línea larga con su lengua desde la base hasta la punta, para luego rodear la cabeza con sus labios.
Sele soltó una maldición ilegible que retumbó en la habitación.
Adoraba cuando Elena la chupaba; había algo en la textura de esa boca carnosa, en la falta de experiencia técnica compensada con un entusiasmo voraz, que la volvía loca.
No había nacido la mujer que la chupase mejor que Elena Day.
La mayor comenzó a mover la cabeza.
Su lengua suave masajeaba lo que alcanzaba, explorando, mientras su mano masturbaba el resto de la longitud que no cabía en su boca.
“(Tu polla es deliciosa, Sele…)” pensó Elena, embriagada por el sabor almizclado y salado.
“¡Mierda, Elena!” gruñó Sele, tirando de los cabellos de la rubia hacia abajo, forzándola a tomar más.
“¡Más profundo!” La profesora se estremeció, gimiendo con la garganta llena ante la forma ruda de Sele.
Pero lejos de asustarla, la brusquedad la excitaba.
Le confirmaba que no era la única que estaba perdiendo el control, que la máscara de ambas se había roto.
Elena abrió más la boca, relajando la mandíbula, y finalmente lo alojó todo en su interior, forzando la penetración hasta el fondo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas por el esfuerzo, pero no se detuvo.
Miró hacia arriba, encontrándose con los ojos negros de Sele, que la miraban desde una altura vertiginosa, llenos de lujuria y comenzó el proceso de vaivén.
Retiraba casi toda la longitud, dejando solo la cabeza dentro para torturarla con la succión, y luego volvía a bajar, tragándosela entera.
Los sonidos húmedos de la succión llenaban la habitación, una melodía obscena que actuaba como gasolina para el fuego de Sele.
El cuerpo de la joven temblaba.
Sele tenía los ojos cerrados ahora, la cabeza echada hacia atrás, los dientes apretados, simplemente intentando sobrevivir al placer que la boca de la latina le estaba brindando.
Elena no sabría decir en qué momento el ritmo cambió, pero de repente, Sele ya no era un sujeto pasivo.
La joven sujetó con firmeza la nuca de Elena, inmovilizando su cabeza, y comenzó a follarle la boca con fuerza.
Las caderas de la pelinegra se movían con un ritmo frenético, metiendo tan profundamente y con tanta fuerza que Elena necesitó agarrarse a los muslos de la chica para mantener el equilibrio y no caer del todo.
“Voy a…
¡Joder, voy a correrme!” avisó Sele con voz ahogada.
Elena sintió las venas pulsando violentamente contra su lengua y el fondo de su garganta.
En lugar de apartarse, hizo lo contrario, agarró los glúteos de Sele y forzó la polla más adentro, sellando sus labios alrededor de la base.
Cuando el chorro caliente golpeó el fondo de su garganta, Elena casi se ahogó por la fuerza de la descarga, pero su instinto fue tragar.
Retiró un poco la longitud para no bloquear su respiración, dejando solo la cabeza en su boca para recoger cada gota.
La pelirrubia tragó todo con una sumisión que nunca había mostrado ante nadie.
Adoraba el sabor de ella, aunque, si era sincera consigo misma, prefería cuando ese líquido caliente la llenaba por abajo, intentando crear vida donde solo había vacío.
Sele respiraba con dificultad, apoyada contra la pared, con el pecho subiendo y bajando aceleradamente.
Sus piernas temblaban tanto que parecía a punto de colapsar.
“Te quiero en el fondo de mi coño, Sele…” murmuró Elena contra la piel sensible del miembro que empezaba a ablandarse, levantando la vista con los ojos brillantes y los labios hinchados y rojos.
“Ahora.” Sele cerró los ojos un segundo, recuperando el aliento.
Aquella mujer sabía provocar muy bien y era caliente como el infierno.
En ese momento, la Eleonor solo podía sentir una lástima profunda por el marido de Elena.
Tenía que ser un completo idiota para tener a una mujer así en casa, capaz de esta devoción, y dejarla insatisfecha.
“Levántate.” ordenó Sele, con la voz ronca mientras agarraba a Elena por la nuca y la atrajo para un beso profundo, compartiendo su propio sabor.
Lamiendo y mordiendo los labios de la rubia largamente, reclamando lo que era suyo.
“Ve a la cama” dijo Sele, separándose y empujándola suavemente hacia el colchón de satén rojo.
“Todavía no hemos terminado… Apenas estamos empezando.” Elena se dejó llevar, tropezando ligeramente, con la mirada fija en Sele, que comenzaba a quitarse lo que le quedaba de ropa, revelando un torso pálido, tatuado y magro que Elena estaba deseando marcar con sus uñas.
La noche en el motel prometía ser larga.
Y Elena no pensaba desperdiciar ni un segundo durmiendo.
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