Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capítulo 20 20: Capítulo 20 *** La campana de la puerta del estudio de tatuajes sonó con un tintineo alegre, anunciando la llegada de cierta pelinegra, que parecía tener mucha prisa.
Sele entró en el local como un huracán, con el cabello despeinado por el viento y la respiración agitada.
Llevaba su mochila colgada de un solo hombro y esa expresión que solía usar para ocultar cuando realmente le importaba algo.
“¡Buenas tardes!” exclamó, un poco jadeante, buscando con la mirada a Karen detrás del mostrador de recepción.
El estudio Sol e E-clips era su refugio.
Las paredes estaban pintadas de un rojo oscuro y cubiertas de arriba a abajo con diseños enmarcados (“flashes”) dibujados por ella y por Karen.
Olía a antiséptico, tinta y café.
Era el único lugar, aparte del escenario, donde Sele se sentía tranquila y que realmente encajaba.
Karen, una chica de cabello azul y vestida con un vestido corto de tirantes del mismo color con una chaqueta de cuero encima, levantó la vista de su revista sonriendo con sorna cuando la vio.
“Lo siento, me volví a retrasar.” dijo Sele rápidamente, dejando la mochila en el suelo.
“La clase de historia se alargó, perdí el autobús, y luego…” “Buenas tardes, huracán.” la interrumpió Karen, riendo.
“No te preocupes por eso.
Ya estoy acostumbrada a tu demora… es más… el día que llegues temprano sabre que sucede algo realmente malo.” Sele frunció el ceño, deteniéndose en seco.
“¿Qué?
¿Entonces he venido prácticamente corriendo por nada?” preguntó incrédula, dejándose caer en uno de los bancos de espera de cuero negro.
“Podría haber dormido un poco más.
Anoche no pegué ojo.” “¿Qué sucedió?
Pareces acabada.” Karen la analizó levantando una ceja.
“Por un momento pensé que la razón de tu retraso era la de costumbre…
ya sabes.
La profesora.” “No la veo hace tres semanas.” dijo Sele, rodó los ojos, y su voz salió más dura de lo que pretendía.
“Es decir, la veo en la escuela, cuando me da clase los martes, miércoles y jueves.
Pero…
en fin.
Ella no me ha buscado hasta ahora… Probablemente hizo las paces con aquel idiota que tiene como esposo.” “Y tú te sientes bastante molesta con eso…” puntuó Karen, que conocía la historia mejor que nadie.
“¿Yo?
Por favor.
Claro que no.
Me da igual.” mintió Sele, cruzándose de brazos.
Karen soltó una risa ligera.
“Ajá.
Si tú lo dices.
Por cierto, la chica que venía ahora canceló, así que tienes tiempo libre.
Pero…” La conversación se cortó cuando la campana de la puerta volvió a sonar.
Sele se giró, agradecida por la distracción, y una sonrisa genuina iluminó su rostro al ver quién entraba.
“¿Luis?” Sele se levantó de un salto y fue a darle un abrazo al chico.
“¿Qué haces aquí?” Luis era uno de esos amigos que la vida te regala de vez en cuando.
Alto, extravagante y siempre con una sonrisa.
Venía acompañado de otro chico que Sele no conocía, un muchacho de cabello castaño largo y ojos verdes brillantes que miraba el estudio con curiosidad.
“Hey, ¿recuerdas cuando dije que traería a mi novio para hacerse su primer tatuaje con la mejor de la ciudad?” dijo Luis, dándole un golpecito cariñoso en el hombro.
“Entonces…
Gabriel, ella es Sara.
Sara, este es mi novio, Gabriel.” “Un placer conocerte, Gab.” Sele le tendió la mano.
“cómo no mencionó tu media naranja puedes decirme Sele… así me llaman mis amigos.” “El placer es todo mío, Sele” Gabriel le devolvió el apretón con firmeza.
“Luis habla muy bien de ti.
Dice que haces magia con la aguja y la guitarra.” “¿Tienes alguna idea de qué quieres hacerte?” preguntó Sele, activando su modo profesional.
“Sí.
En realidad, estoy con esta idea desde hace mucho tiempo…” “Es un ancla en la muñeca.” interrumpió Luis, rodando los ojos con cariño.
“Dice que es para no irse a la deriva, o algo así de poético y cursi.” “Okey…” Sele sonrió.
“Tengo algunos dibujos de anclas allá dentro que yo misma hice.
Estilo vieja escuela, algo de realismo, o si lo prefieres también tengo puntillismo…
Puedo traerlos para que les eches un vistazo.” “¡Sería genial!” Gabriel sonrió asintiendo.
La pelinegra fue a la trastienda a buscar su carpeta de diseños.
Mientras pasaba las hojas, su mente voló traicioneramente hacia cierta pelirrubia.
Hacía tres semanas que no sentía su piel, que no escuchaba su risa nerviosa.
Tres semanas de ser la alumna perfecta en clase, sentada, viendo cómo Elena actuaba como si no existiera.
“(¿Me extrañará?)” se preguntó Sele.
“(¿O solo fui una distracción conveniente para salir de su rutina aburrida?)” Sacudió la cabeza para despejar los pensamientos y volvió a la recepción con los diseños apretándolos un poco.
Gabriel quedó encantado con uno de los bocetos: un ancla clásica con sombreado suave que se convertía poco a poco en una cuerda entrelazada.
“Este de aquí…
Wow…
¿son realmente tuyos?” preguntó Gabriel admirado.
“Míos y de Karen.
Todos los que ves colgados en la pared roja también son nuestros.” dijo Sele con orgullo.
“Son impresionantes, Sele.” “Gracias…
Siéntate ahí, por favor.” Sele señaló la silla reclinable de cuero.
“Necesito preparar las cosas.” Durante la siguiente hora, el zumbido constante de la máquina de tatuar fue la única música que Sele necesitó.
Tatuar era como meditar para ella.
Requería una concentración absoluta; no podía pensar en Elena, ni en sus problemas.
Solo existían la piel, la tinta y la aguja.
Trazó las líneas con precisión quirúrgica, limpiando el exceso de tinta con suavidad.
Gabriel aguantó el dolor estoicamente, sosteniendo la mano de Luis.
Verlos juntos, tan cómodos el uno con el otro, le provocó a Sele una punzada de envidia.
Ella quería eso.
No quería ser un secreto sucio en un motel… Quería poder sostener la mano de Elena sin miedo.
“Listo.” anunció Sele, limpiando los bordes del tatuaje finalizado con cuidado.
“Míralo.” Gabriel se miró la muñeca en el espejo de pared.
“¡Me encanta!
Gracias Sele.” Agradeció, dándole un beso en cada mejilla por la emoción.
Después de que pagaron y se fueron, el estudio volvió a quedar en silencio.
Con Sele limpiando su estación de trabajo, tirando los guantes y las agujas usadas al contenedor que tenía a preparado un costado.
Karen la observaba desde el mostrador.
“Sabes…” dijo Karen de repente.
“Tienes un talento increíble, Sele.
No deberías desperdiciar tanta energía en alguien que no tiene el valor de elegirte.” Sele se detuvo, con el spray desinfectante en la mano.
“No sé de qué hablas.” “Sí lo sabes.
Esa profesora…
Elena.
Si ella quisiera estar contigo, estaría contigo.
No en su casa jugando a la casita feliz con su esposo.” Sele apretó la mandíbula.
Karen tenía razón.
Dolorosamente razón.
“Ya lo sé, Karen… Ya lo sé.” “¿Entonces?” “Entonces…
creo que es hora de que yo también empiece a jugar a otra cosa.” murmuró Sele, con una determinación oscura brillando en sus ojos.
“Si ella quiere distancia, le daré distancia.
Pero si vuelve a buscarme…
esta vez será bajo mis propias condiciones.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com