Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 21

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Amor Juvenil (R-18)
  4. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

21: Capítulo 21 21: Capítulo 21 *** Elena llegó a casa con la cabeza hecha un lío.

Las palabras de la doctora María rebotaban en su mente como pelotas de tenis rebotando en cada rincón.

Abrió la puerta principal y el silencio la recibió como siempre.

Pero esta vez, el silencio parecía esconder secretos por donde sea que mirara.

“¿Alex?” llamó, dejando las llaves en la mesa de entrada.

“En la cocina.” Elena caminó hacia allá.

Alexander estaba sentado a la mesa, con el portátil abierto y una copa de vino tinto a medio terminar.

Ni siquiera levantó la vista cuando ella entró.

“Hola.” dijo él, tecleando furiosamente.

“Llegaste tarde.” Agrego como ocurrencia tardía después de unos momentos.

“Tuve…

tuve una reunión en la escuela.” mintió Elena, sintiendo que la mentira salía con demasiada facilidad.

“Hm.

Bueno, mañana me voy de viaje.

Brasil, São Paulo a una conferencia de inversores latinoamericanos.” Elena se quedó helada.

“¿Brasil?” repitió ella.

“No me dijiste nada de Brasil.” “Salió hoy.

Es algo urgente por lo que estaré fuera cinco días… como mínimo.” Elena lo miró.

Miró su perfil perfecto, su ropa impecable, su actitud distante.

Y por primera vez, no vio al empresario estresado.

Vio a un hombre que se iba a un país por sus fiestas, sus playas y su gente.

“¿Vas solo?” preguntó Elena, y la pregunta pesó una tonelada.

Alexander dejó de teclear girando lentamente en la silla y la miró con el ceño fruncido.

“Voy con mi equipo, Elena.

¿Por qué?

¿Vas a empezar con los celos ahora?” Elena sostuvo su mirada.

“No.

Solo preguntaba.” “Bien.

Porque no tengo tiempo para dramas… Necesito que me ayudes a hacer la maleta después de cenar.” Elena asintió y se dio la vuelta para abrir el refrigerador, ocultando su rostro.

“Claro, cariño.

Yo te ayudo.” Pero mientras sacaba los ingredientes para comenzar a hacer la cena, Elena tomó una decisión.

Si Alexander iba a jugar sucio, si su matrimonio era una farsa llena de secretos y posibles traiciones…

entonces ella ya no tenía por qué sentirse culpable.

Tres semanas habían sido suficientes.

Mañana, en la escuela, tenía clase con el grupo de último año… más precisamente con el grupo de Sele.

Y Elena tenía muchas ganas de revisar la tarea.

*** El estruendo metálico de los casilleros cerrándose resonaba en el pasillo.

El ambiente olía a hormonas adolescentes, desodorante barato y estrés pre-exámenes.

Sele estaba apoyada contra su casillero, con la mirada perdida en una grieta del suelo, mientras Verónica parloteaba a su lado con la intensidad de una radio mal sintonizada.

“¡No te lo imaginas, Sele!” exclamaba Verónica, gesticulando salvajemente con las manos.

“Ahí, en medio de la pista, simplemente me besó.

¡Fue el mejor beso de mi vida!” Sele rodó los ojos, abriendo la puerta de su casillero con desgana para sacar los libros de Biología.

“Primero: ya me dijiste eso tres veces esta mañana cambiando la versión cada vez.

Y segundo: siempre dices lo mismo después de besar a alguna chica” murmuró Sele, con una sonrisa burlona pero cansada.

“Fue una locura…” suspiró Verónica, ignorando el sarcasmo.

“Ni siquiera recuerdo si respiré.” “¿No eras completamente heterosexual ayer?” preguntó Sele, arqueando una ceja mientras revisaba su reflejo en el pequeño espejo pegado a la puerta de metal.

Las noches sin dormir pensando en Elena le estaban pasando más factura de lo que pensaba.

“Lo olvidé.” admitió su amiga con una encogida de hombros.

“Detalles técnicos.” “¿Recuerdas el nombre de la chica al menos?” “Ah, sí, era…

Ham…

no, espera…

Pam… O Sam…

¿Ham?” Verónica frunció el ceño, pensativa.

Sele sonrió, sonrió genuina por primera vez en semanas.

“Ham…

Qué nombre tan raro.

Seguro será el amor de tu vida.” Estaba a punto de cerrar su casillero cuando el sonido de una conmoción al otro lado del pasillo cortó las risas de golpe.

No era el ruido habitual de juegos.

Sino de libros cayendo al suelo, hojas rasgándose y risas crueles.

Sele giró la cabeza.

A unos diez metros, Lucas Stone, el capitán del equipo de baloncesto y el imbécil oficial de la escuela, tenía acorralado a Samuel contra los casilleros.

Samuel era un chico menudo, con gafas gruesas y una afición por la astrofísica que lo convertía en el blanco predilecto de los neandertales como Lucas.

“Entonces, ¿dónde está mi trabajo de Biología, cuatro ojos?” bramó Lucas, sacudiendo a Samuel por los hombros como si fuera un muñeco de trapo.

“Lo lamento, no pude terminarlo… estuve…” la voz de Samuel salió estrangulada por el miedo.

“Sele, ¿qué estás haciendo?” susurró Verónica, notando cómo la postura de su amiga cambiaba.

Sele no respondió.

Cerró su casillero con un golpe seco y empezó a caminar hacia ellos.

“¡Vamos, idiota, no tengo todo el día!” gritó Lucas, levantando el puño para amedrentar al chico.

“¡Lucas, suéltalo!” La voz de Sele resonó en el pasillo, clara y cortante llamando la atención de los que ignoraban todo.

El bullicio alrededor se detuvo.

Todos sabían que cuando Sara Eleonor hablaba con ese tono, algo iba a romperse.

Lucas se giró lentamente, con una sonrisa.

Sus ojos recorrieron a Sele de arriba abajo con desprecio.

“Ah…” Lucas soltó a Samuel, que se deslizó hacia el suelo por los casilleros recogiendo sus gafas.

“La anormal decidió unirse a nosotros.

¿Qué pasa, Eleonor?

¿Vienes a defender a tu novia?” “Deja que se vaya.

Él nunca te hizo nada.” dijo Sele, plantándose frente a él.

A pesar de que Lucas le sacaba una cabeza de altura, Sele no tenía la intención de retroceder ni un paso.

Lucas se rio, un sonido feo y hueco.

“Me ofendes, no voy a hacerle nada…

sí me da el trabajo.

No me gusta tener contacto con cosas como ustedes.” Se encogió de hombros con arrogancia.

“Ya sabes, los errores de la naturaleza.” Sele tensó la mandíbula.

Podía soportar los insultos hacia ella…

llevaba años haciéndolo después de todo.

Pero ver a Samuel temblando en el suelo, recogiendo las hojas rotas de un trabajo que probablemente le había llevado horas hacer, fue el detonante junto a una salida para todo lo que le pasaba últimamente.

Sin previo aviso, Sele giró la cadera y lanzó un derechazo.

Sus nudillos impactaron contra las costillas de Lucas con un crack satisfactorio.

El chico soltó un gruñido de dolor y sorpresa, tambaleándose hacia atrás hasta chocar contra los casilleros.

El pasillo estalló en gritos.

“¡Pelea!

¡Pelea!”.

Pero Lucas era rápido.

Se recuperó en un segundo, con el orgullo herido y los ojos inyectados en sangre.

“¡Estás muerta, fenómeno!” rugió, lanzándose hacia ella.

“¡Eh, eh, eh!” Austin y Luis Felipe, dos de los gorilas de Lucas, surgieron de la multitud y agarraron a su amigo por los brazos antes de que pudiera llegar a Sele.

“¡Lucas, para!

¡No querrás golpear a una chica!” Lucas forcejeó, escupiendo saliva al hablar.

“¿Una chica?” gritó, señalando a Sele con un dedo tembloroso.

“¡Ella tiene un pene!

¡No es una chica, es un puto travesti!” El silencio que siguió fue absoluto.

Sele sintió cómo la sangre se le helaba en las venas.

Aunque todos lo sabían, oírlo gritado así, con tanto odio, siempre dolía.

Sus puños se cerraron tan fuerte que las uñas se le clavaron en la palma de la mano.

Austin miró a Sele, incómodo.

Él sabía la verdad… todos la sabían desde aquel incidente en el vestuario en primer año, pero había una regla tácita de no hablarlo después de un tiempo de tenerlo como tema principal más por aburrimiento de decir lo mismo que por respeto.

“Tu novia Sabrina no se quejó cuando la cogí.” disparó Sele.

Si iban a jugar sucio, ella también.

“De hecho, ella me dijo que era mucho mejor que tu mini pene.” El pasillo contuvo el aliento.

Lucas y Sabrina eran la pareja de oro.

El rey y la reina del baile.

“¿Qué?” Lucas dejó de forcejear, mirando a Sele con incredulidad.

“¿Crees que voy a creer en ti, Eleonor?” “Me da igual si me crees o no.” Sele se encogió de hombros, limpiándose los nudillos en su pantalón.

“Tú eres el cornudo aquí, no yo.” Esa fue la gota que colmó el vaso.

Lucas se soltó de los brazos de sus amigos con un rugido de furia animal.

Fue rápido, mucho más rápido de lo que Sele esperaba.

Intentó golpearle la cara, pero la pelinegra esquivó por instinto y le conectó un gancho en el estómago que le sacó todo el aire.

Lucas cayó de rodillas, tosiendo.

Y Sele levantó la pierna, lista para terminar el trabajo con una patada, cuando una voz autoritaria congeló el infierno.

“¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?” Sele cerró los ojos con fuerza.

Mierda.

Al final del pasillo, la directora Christina avanzaba como un tanque de guerra, seguida por Alicia, la profesora de Matemáticas.

Sele suspiró, bajando la guardia.

Estaba muy, muy jodida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo