Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 22
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: Capítulo 22 22: Capítulo 22 *** “Cierto, antes de que se vayan necesito que me entreguen su trabajo.” anunció Elena, terminando de borrar el pizarrón con movimientos enérgicos luego de escuchar tocar la campana.
Su corazón latía rápido.
Había pasado la noche en vela preparándose para ver a Sele.
Se había puesto una blusa de seda color crema que sabía que le quedaba bien y se había soltado el cabello.
Pero cuando entró al aula, el pupitre del fondo, el lugar habitual de Sele, estaba vacío.
Elena sintió una punzada de decepción tan aguda que casi le dolió físicamente.
“(¿Faltó?
¿Justo hoy?)” Comenzó a pasar por las filas recogiendo las carpetas de los alumnos tratando de mantener la compostura, pero su mente estaba en otro lado.
Se detuvo en la tercera fila al ver a Samuel.
El chico estaba cabizbajo, mirando sus manos vacías.
“¿Tu trabajo, Samuel?” preguntó Elena con suavidad.
“Ah…
Yo…
No lo hice, profesora.” susurró él, sin levantar la vista.
“Este trabajo se encargó hace tres semanas, Samuel.
Tú nunca fallas.” Elena frunció el ceño.
Algo no cuadraba.
“¡Es mentira!” gritó Ángela desde atrás.
Samuel la miró con pánico, negando con la cabeza.
“Es mentira, profesora Day.
Lucas le rasgó el trabajo a Samuel en el pasillo porque él no quería dárselo para copiar.” Elena sintió una oleada de indignación.
Miró a Samuel, que se encogió en su asiento, temblando.
“¿Eso es verdad?” Samuel asintió levemente, con los ojos llenos de lágrimas contenidas.
“¡Es por eso que Sele golpeó a Lucas!” intervino Austin desde el fondo, con ese tono de chisme que tanto disfrutaba.
“¿Cómo?” preguntó Elena, olvidando por un momento su papel de profesora imparcial.
“Eleonor y Stone tuvieron una pelea fea hoy más temprano, profesora.
¿Usted no sabía?” añadió Meghan, limándose las uñas.
“Parece que fueron suspendidos.
Se los llevó la directora a los dos.” “¡Y todo es culpa del estúpido nerd!” chilló Austin, lanzándole una bola de papel a Samuel.
“¡Austin!” Elena golpeó la mesa con la palma de la mano, haciendo saltar a todos.
“No se dirija así a su compañero o usted será el próximo suspendido.” La clase se quedó en silencio.
Elena respiró hondo, tratando de controlar el temblor de sus manos.
Sele había peleado.
Sele estaba suspendida.
Sele no estaba allí porque había defendido a Samuel.
“(Esa idiota.)” pensó Elena, con una mezcla de furia y un orgullo absurdo e inapropiado.
“(Esa idiota impulsiva y noble.)” Apurándose la pelirrubia termino de recoger los trabajos que faltaban para que cuando terminara despachar a los alumnos con prisa.
“Samuel, espera” llamó antes de que el chico huyera.
“Puedes hacer el trabajo de nuevo y entregármelo mañana o pasado mañana.
Sin penalización debido a tu situación.” Samuel levantó la vista, sorprendido, y asintió con una sonrisa tímida.
“Gracias, profesora.” En cuanto el aula quedó vacía, Elena agarró su bolso y los trabajos con una violencia inusual.
Estaba furiosa, furiosa con Lucas, furiosa con la escuela y, sobre todo, furiosa con Sara Eleonor por meterse en problemas y arruinar su plan de verla.
Salió del edificio caminando a pasos largos, pisando con fuerza sobre el asfalto del estacionamiento.
Tiró el bolso dentro de su coche y cerró la puerta con un portazo que resonó en el aire caliente de la tarde.
“¡Mierda!” exclamó, apoyando las manos en el techo del auto.
“¿Problemas con el cierre profe?” Elena dio un salto ahogado un grito que salió como tos.
Y se giró con la mano en el pecho.
Allí estaba.
Apoyada en la columna de hormigón, con la mochila al hombro, un corte en el labio y los nudillos de la mano derecha rojos e hinchados.
Sara Eleonor.
“¡Idiota!
¿Estás loca?
¿Quieres matarme del susto?” Elena empezó a golpear a Sele en el pecho, descargando toda su frustración.
Sele se rio, esquivando las manos de la mayor y atrapando sus muñecas con suavidad.
“No me he peinado esta mañana, pero no sabía que me veía tan mal.” bromeó Sele, sosteniendo la mirada de Elena.
“¡Eres una cretina!
¿TIENES IDEA DE CUÁNTO ESTOY ENOJADA CONTIGO?” gritó Elena.
Afortunadamente, el estacionamiento estaba vacío.
“¿Puedo por lo menos explicar lo que pasó?” intentó Sele.
“¡No!
¡No puedes!” Elena se soltó de su agarre.
“me hago una idea pero eso no te justifica… podrías haber hecho otra cosa envés de ir directamente a los golpes.” “Elena, necesito tu ayuda… Por favor.” Los ojos de Sele perdieron la burla mostrándose un poco incomoda.
“Ah…
¿Ahora necesitas mi ayuda, no?” Elena se cruzó de brazos, dolida.
“¡Me ignoraste durante tres semanas enteras y ahora necesitas mi ayuda por jugar a la boxeadora!” “No te ignoré.” murmuró Sele, tensándose.
“¿No?
¡Apenas me miraste!
¡No contestaste ninguno de mis mensajes!
Tú eres una cretina, Sara.
¿Qué fue?
¿Encontraste a otra para cogértela?
¿O ya te aburriste de mí?” Sele frunció el ceño, dando un paso adelante.
La acusación le dolió más que el puñetazo de Lucas.
“Estás jugando, ¿no?
No me estoy cogiendo a nadie, Elena.
No como tú…” Elena abrió los ojos desmesuradamente.
“¿Qué estás insinuando?” “¿Por qué me estás preguntando esto?
Si tú no me buscaste durante todo este tiempo.
¿Has estado demasiado ocupada tratando de tener un miserable orgasmo con tu marido?” El silencio cayó entre ellas, pesado y cargado de resentimiento.
Eran dos idiotas orgullosas, heridas por la distancia que ellas mismas habían impuesto.
“Si hubieras leído mis mensajes, sabrías que te busqué.” Elena dijo con la voz quebrada.
“Perdí mi celular, ¿okey?” confesó Sele, pasándose una mano por el cabello.
“Se me cayó de la moto la noche que…
la noche después del motel.
No tengo tus mensajes porque tuve que cambiar de móvil y no recordaba tu número…
ni tampoco sabía si sería buena idea ir a pedírtelo por como las cosas estaban entre nosotras.” “No quiero saber de excusas.” dijo Elena, intentando mantener su fachada de enojo.
Dio la vuelta para entrar al coche, pero Sele fue más rápida y la sostuvo sobre la puerta acorralándola contra el vehículo.
“¡Elena, para con esto!” pidió Sele, presionando su cuerpo contra el de la profesora.
Elena apretó los labios, mirando esas órbitas negras que tanto extrañaba.
Aspiró su olor cerrando los ojos con fuerza: tabaco, sudor y ese perfume cítrico que la volvía loca.
Mierda, estaba cediendo.
Estaba cediendo demasiado fácil.
“Me extrañaste.
Lo veo en tus ojos.” susurró Sele, pasando el pulgar por la mejilla de Elena, acercándose a sus labios.
“Aquí no.” Elena giró el rostro en el último segundo.
El beso de Sele aterrizó en su mejilla, caliente y húmedo.
Sele bufó, frustrada, pero se apartó un poco.
“Entra al coche.” ordenó Elena, recuperando el control.
“Ahora.” Sin vacilar, Sele rodeó el vehículo y se subió al asiento del copiloto.
Elena arrancó el motor y salió del estacionamiento prácticamente quemando llanta.
El trayecto fue silencioso, pero eléctrico.
Sele miraba por la ventana, reconociendo el camino.
No iban a un motel.
No iban a las afueras.
“Esta es tu calle.” dijo Sele, sorprendida, cuando Elena giró hacia la zona residencial de lujo.
“Cállate.” La pelirrubia estacionó frente a su casa, esa mansión que siempre había parecido una prisión y que ahora, con Alexander en Brasil, era su reino.
“Baja.” Sele la siguió por el sendero de entrada.
Elena abrió la puerta principal con manos temblorosas y, en cuanto Sele cruzó el umbral, cerró con llave y echó el cerrojo.
El sonido del cierre fue el pistoletazo de salida.
“¿Elena?” La rubia no dijo nada.
Tiró su bolso al suelo y, con una determinación que asustó a Sele, se quitó la blusa, dejando sus senos cubiertos solo por un sujetador de encaje negro que contrastaba con su piel pálida.
“¿Qué estás haciendo?” preguntó Sele, con la voz seca.
“Tú hablas demasiado…” Elena se abalanzó sobre ella, mordiendo sus labios con una desesperación que llevaba semanas acumulándose.
Sele gimió en rendición, sintiendo la piel caliente de la pelirrubia contra la suya… en su defensa, esa mujer era demasiado sexy para resistirse.
“Espera, Elena.” Sele se separó con esfuerzo.
“Necesito tu ayuda.
De verdad.
La directora me suspendió por 5 días.
Tienes que ayudarme a convencerla de que lo hice por Samuel.
Si suspendo una vez más, repetiré el año.” “¿Y por qué lo haría?” Elena cruzó los brazos sobre su pecho semidesnudo, jadeando.
“Elena…” “¡No porque follamos te debo algo!
¡Esto no es intercambio de favores, Sara!” “¿Qué?
Yo nunca te vi de esa manera, Elena.
Me estás ofendiendo” se encararon.
Ojos excitados e irritados.
“Solo pensé que…
tú…” La pelinegra se interrumpiría a la mitad viendo con sorpresa como la pelirrubia se reía un poco sonriendo.
“Lo siento… estaba jugando.” Se disculpo Elena.
“Hablaré con Christina mañana.
De todas formas, no iba a dejar que ese brabucón se saliera con la suya.” “Gracias Day.” Sele sonrió y le robó un beso rápido.
“¿Puedo recompensarte?” “Puedes.” Elena la agarró por el cuello de la camiseta acercándose.
“Pero no aquí.” Interrumpió sujetándola de la cintura.
“¿Dónde?” “¿Dónde está la oficina de Alexander?” preguntó Sele, con una chispa de maldad en los ojos.
La idea de profanar el santuario del hombre que hacía llorar a Elena era demasiado tentadora.
“Segunda puerta a la izquierda, al final del pasillo.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com