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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 24

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24: Capítulo 24 24: Capítulo 24 Sele curiosa levantó la vista un segundo.

Tenía el rostro brilloso por la humedad de Elena, pero ver la expresión de éxtasis de la pelirrubia, con la boca entreabierta y los ojos en blanco, fue gasolina pura para ella.

Riendo entre dientes volvió al ataque.

Deslizó su lengua dentro del vano de los labios de Elena, succionando, y luego volvió a subir al clítoris, mordiéndolo delicadamente.

Elena se retorció.

“Me encanta comerte.” dijo Sele, con la voz sofocada contra la intimidad de la profesora.

El aire de su aliento golpeó la piel sensible, enviando una descarga eléctrica por la columna de Elena.

“Maldita sea, Day… ¿Por qué tenías que tener la vagina tan deliciosa?” El cuerpo de la profesora se sacudió.

Era un placer ilícito, sucio, tan bueno que parecía un desperdicio no sentirlo.

Sele sabía exactamente cómo moverse.

Sabía qué palabras sucias susurrar para hacer que Elena se mojara más.

“Así…” gimió Elena, arrancando, sin querer, los pocos papeles que quedaban del escritorio.

“¡Dios, Eleonor, no pares!” Sele retiró la lengua y, con el pulgar, comenzó a masajear el nervio expuesto de Elena con un ritmo constante, mientras con la otra mano se introducía en ella.

Elena abrió los ojos solo para soltar un grito alto.

Se agarró a la cabeza de Sele, enredando los dedos en su cabello pelinegro, presionándola contra sí misma.

“¡SELE!” Las piernas de Elena temblaron violentamente.

Se cerró alrededor de los dedos y la boca de Sele, y su cuerpo se contrajo en un espasmo largo y dolorosamente placentero.

El orgasmo la golpeó como una ola gigante, borrando la oficina, borrando a Alexander, borrando todo lo que no fuera el aquí y el ahora.

Sele la sostuvo mientras temblaba, lamiendo los últimos espasmos, bebiendo de ella hasta dejarla seca y satisfecha.

Cuando la mayor recuperó un poco el aliento, miró hacia abajo.

Sele se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la mano, con una expresión de satisfacción.

Hasta que su mirada bajó.

Sele estaba dura.

Completamente dura.

Su miembro palpitaba, exigiendo atención sacando a la pelirrubia de su momento de satisfacción con un jadeó.

Su pequeña mano se movió instintivamente para tocar aquella carne caliente.

“Oh, Sele…” gimió Elena, sintiendo la textura suave y firme bajo sus dedos.

Solo por tocarla, solo por sentirla tan dura por ella, y sintió que su excitación renacía de las cenizas de su orgasmo.

Comenzó a masturbarla despacio, subiendo y bajando, sintiendo el líquido pre-seminal lubricar su movimiento.

Provocando que Sele cerrara los ojos y echara la cabeza hacia atrás, gimiendo.

“Hazme tuya…” susurró Elena, guiando la polla de Sele hasta su entrada, rozando la cabeza del pene contra su clítoris todavía sensible, una tortura deliciosa que las hizo gemir a ambas al unísono.

Elena levantó la vista, encontrándose con los ojos negros de Sele.

Su corazón se disparó.

Esa mirada…

no era solo lujuria, sino que también había cariño.

“Fóllame.” suplicó Elena.

“Aquí.

En su mesa… Hazme tuya, Sele.” Sele no necesitó más invitación.

Empujó las caderas hacia adelante mientras Elena cerró los ojos con fuerza y abrió bien las piernas cuando sintió la penetración.

La pelinegra fue lento al principio, entrando en ella pulgada a pulgada, estirándola, llenándola de una forma que parecía imposible.

Elena se mordió el labio inferior, sintiendo la polla gruesa deslizarse por sus pliegues apretados.

“N-No así…” se quejó Elena, impaciente por la lentitud.

“¡Fóllame fuerte, Sele!” Sele sonrió ante la súplica.

Ignorando su propio cuerpo que estaba al límite.

“Como quieras, profesora.” Sele se inclinó sobre ella, apoyando las manos en el escritorio, y comenzó a embestir sin piedad.

El escritorio crujió bajo el peso y el movimiento, desplazándose unos centímetros sobre la alfombra raspándola un poco.

Elena se agarró a los hombros de Sele, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de la joven para permitirle entrar más profundo.

“¡Eso…!” gritó Elena, sin importarle si de alguna forma los vecinos o el servicio escuchaban.

En ese momento, ella era libre.

Sele la besó, cubriendo sus gritos con su boca, devorando sus gemidos.

Metía fuerte, una y otra vez, haciendo que el cuerpo de Elena rebotara contra la madera dura.

“Escucha una cosa, Elena…” jadeó Sele, deteniéndose un segundo en el fondo, pulsando dentro de ella.

“Yo nunca voy a perder mi deseo por ti.

Nunca.

¿Me oyes?

Eres mía.” “Soy tuya…” respondió Elena, sintiendo que se derretía.

“Siempre.” La confesión rompió la última barrera.

Sele volvió a moverse, esta vez con un ritmo frenético.

El sudor caía de su frente, mezclándose con el de Elena.

“Me voy a…

¡Mierda!” gruñó Sele, sintiendo la presión acumularse en la base de su columna.

“Vente, Sele…

vente dentro de mí” pidió Elena, arañando la espalda de la joven, marcándola.

“Lléname.” Sele dio tres estocadas finales, brutales, profundas, enterrándose hasta la raíz.

“Joder” Sele gritó, tensando todo su cuerpo, y se dejó ir.

Elena sintió las contracciones del miembro dentro de ella, y luego el calor inconfundible del semen inundándola, una sensación de plenitud y posesión que la hizo arquear la espalda y gemir de puro placer.

Se quedaron así unos minutos, respirando agitadamente, con los corazones latiendo al unísono en el silencio recuperado.

El escritorio era un desastre, la ropa estaba por el suelo, pero Elena nunca se había sentido tan en paz.

Sele salió de dentro de ella lentamente, provocando un gemido de protesta en Elena por la pérdida del contacto.

Se subió los pantalones con movimientos perezosos y miró a la pelirrubia.

La profesora estaba tumbada sobre el escritorio, con el cabello revuelto, los labios hinchados y una expresión de felicidad absoluta.

Sele sonrió, una sonrisa tierna que no solía mostrar.

“Estás hecha un desastre, profesora Day.” “Y tú eres la culpable” replicó Elena, extendiendo los brazos.

Sele no lo dudó.

La tomó en brazos de nuevo, levantándola del escritorio profanado.

“Vamos.” dijo Sele.

“Te llevo a la cama…

Creo que ya hemos insultado suficiente a Alexander por hoy.” “Nunca es suficiente.” murmuró Elena, acomodando la cabeza en el hombro de Sele y cerrando los ojos.

Sele la sacó de la oficina, dejando atrás el desastre que ambas hicieron, y subió las escaleras hacia el dormitorio principal.

Caminó por el pasillo conocido con la rubia prácticamente dormida en sus brazos, rendida por el placer.

Al entrar en la habitación, la depositó con suavidad sobre la cama.

Elena se encogió instintivamente, buscando el calor de las sábanas.

Las cuales Sele tomo para cubrirla, ocultando su desnudez, y se quedó un momento mirándola.

Elena parecía un ángel.

Un ángel que acababa de pecar deliciosamente.

La Eleonor sonrió y se inclinó dándole un beso en la frente.

“Descansa, Elena.” Estaba a punto de darse la vuelta para irse, sabiendo que quedarse era peligroso, cuando una mano salió y le agarró la muñeca.

“No te vayas.” susurró Elena, sin abrir los ojos.

“Quédate.

Él está en Brasil… La cama es grande… Y no quiero despertar sola otra vez.” Sele miró la mano que la sujetaba, luego el espacio vacío a su lado en la cama.

Sabía que era una mala idea.

También sabía que esto complicaba todo exponencialmente.

Pero mientras se quitaba las botas y se deslizaba bajo las sábanas para abrazar a Elena por la espalda, Sele supo que no quería estar en ningún otro lugar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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