Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 25
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25: Capítulo 25 25: Capítulo 25 *** El clima de mayo había traído consigo un aire frío y pesado, una capa de nubes grises.
Sin embargo, dentro del restaurante Lerdal, el ambiente estaba climatizado a gracias al aire acondicionado.
Elena entró con prisa, esquivando por poco a un camarero que llevaba una bandeja de copas, y localizó su mesa habitual en la esquina derecha, junto al ventanal.
Alicia y Christina ya estaban allí, enfrascadas en lo que parecía una discusión apasionada sobre el menú o, conociéndolas, sobre la vida amorosa de la primera.
La Day se rio por lo bajo antes de llegar.
Dios, cómo las había extrañado.
O más bien, cómo extrañaba la normalidad que ellas representaban, esa vida antes de Sele que ahora parecía un recuerdo borroso.
“Llegas tarde.” acusó Alicia, señalando su reloj de muñeca invisible en cuanto Elena se dejó caer en la silla de terciopelo.
“Disculpen.
Este cambio de horarios me está volviendo loca.” mintió Elena acomodándose el cabello, sintiéndose observada.
Alicia entrecerró los ojos, analizando a su amiga de arriba a abajo como si fuera un escáner.
Christina, siempre la pacificadora, solo sonrió y le pasó el menú.
“No nos mientas, Day.” soltó Alicia, con una sonrisa maliciosa curvando sus labios pintados de rojo.
“Se nota a kilómetros.” Elena se congeló con la servilleta a medio camino de su regazo.
“¿Qué se nota?” preguntó, intentando sonar casual, aunque sintió que la boca se le secaba.
“Acabas de follar.” sentenció Alicia, sin bajar el volumen de su voz.
Varias cabezas de las mesas vecinas se giraron.
Elena sintió que el rubor le subía desde el cuello encendiéndole la cara.
“¡Alicia!” siseó Christina, dándole una patada por debajo de la mesa.
“¡Baja la voz!” “¿Qué?
Es la verdad” se defendió Alicia, encogiéndose de hombros y tomando un sorbo de su agua con gas.
“conozco las señales, Elena.
Tienes esa piel sonrosada…
ese brillo en los ojos, las pupilas un poco vidriosas…
estás radiante, mujer.
Hacía meses que no te veía así.” Elena tomó su vaso de agua y bebió como si acabara de cruzar el desierto, tratando de esconder su rostro tras el cristal.
Alicia era, sin duda, la persona más transparente y peligrosa que conocía.
Odiaba y amaba esa cualidad a partes iguales.
“Dios, no me creo que estuvieras follando con tu marido” añadió Alicia, haciendo una mueca de disgusto teatral.
“Qué asco.
Sería como follar con una hoja de cálculo.” Elena cerró los ojos un segundo, luchando contra una risa histérica.
Si Alicia supiera…
Si supiera que el brillo no venía de Alexander, sino de una alumna de dieciocho años con tatuajes y una lengua experta que la había dejado temblando en su propia casa apenas unas horas antes.
Porque sí, Sele había estado allí.
Después de la reconciliación en la oficina, la dinámica había cambiado.
Se habían vuelto insaciables con el transcurso de los días cuando podían juntarse.
“¿Cómo estás, Chris?” preguntó Elena, cambiando de tema con la sutileza de un elefante en una llanura.
“¿Cómo te trata la vida últimamente?” Alicia rodó los ojos.
“Está cambiando de tema.” susurró a Christina, lo suficientemente alto para que Elena la oyera.
“Cállate la boca, Alicia, déjala.” reprendió Christina, girando los ojos.
“Estoy bien, Day.
¿Y tú?
Pareces…
bueno, Alicia tiene razón en algo, pareces más viva.” “Estoy muy bien.” respondió Elena, forzando una sonrisa.
El camarero llegó para tomar nota, dándole a Elena un momento para reorganizar sus pensamientos.
Pedir una ensalada César le pareció la tarea más compleja del mundo mientras su mente seguía anclada en la imagen de Sele saliendo de su casa esa mañana, con esa sonrisa de satisfacción que le derretía las rodillas.
“Entonces…” Alicia carraspeó una vez que el camarero se retiró.
“Sinceramente, no sé cómo has durado tanto con ese tipo.” continuó, cortando su filete imaginario con el cuchillo de mesa.
“No entiendo ni siquiera por qué te casaste con…
¿Cuál es su nombre?
Ah, sí, El Señor Perfecto.” “Alexander” corrigió Elena automáticamente, con un tono tranquilo que sorprendió incluso a ella misma.
Antes, habría saltado a defenderlo.
Hoy, solo sentía indiferencia.
“Deja a Day, Alicia.
Ella eligió casarse con él.” intervino Christina.
“Eligió mal.” contraatacó Alicia.
“Vuelve la cinta y escoge de nuevo.
Algún día me darás la razón, Elena…
Él no es el correcto.
Y no lo voy a aprobar así lleven cincuenta años de casados.
Es un tipo frío.
Tú necesitas fuego, Day…
Necesitas a alguien que te consuma, no alguien que te conserve en formol.” Elena bajó la mirada a su plato vacío.
Fuego.
Sí, eso era exactamente lo que tenía ahora.
Y quemaba.
Quemaba tanto que tenía miedo de convertirse en cenizas.
“Bueno, no he venido aquí para hablar de mi matrimonio” dijo Elena, decidiendo que era hora de abordar el verdadero motivo de su ansiedad.
“Quiero hablar de otra cosa.
Sé que ya hablamos de esto, Chris, y que tu respuesta es un no rotundo, pero…
quería pedirte, de nuevo, que reconsideraras la suspensión de Eleonor.” El ambiente en la mesa cambió.
La temperatura bajó varios grados.
Christina dejó sus cubiertos y miró a Elena con su expresión de directora: severa e inflexible.
“Day…
ya hablamos de eso.” “Lo sé, es que…” Elena se inclinó hacia adelante, suplicante.
“Ya sabes, Sara tiene muchos problemas.
Y si falta cinco días, perderá el ritmo…
incluso puede repetir.” “Sara no repetirá si se queda cinco días en casa estudiando, Elena” dijo Christina con firmeza.
“Solo tendrá que esforzarse más.” “Chris…
¿Sabes que solo hizo eso para ayudar a Samuel, no?” insistió la pelirrubia.
“Lucas estaba abusando de él.
Ella lo defendió.
Fue un acto…
noble, a su manera bruta.” “Ya me explicaste eso, Day.
Pero no importa cuáles eran sus intenciones… violencia no se resuelve con más violencia.
Y romperle el pómulo a un compañero no es heroísmo, es agresión…
Las reglas son las reglas.” “Todavía quiero saber el porqué de esa desesperación en ayudar a una alumna que el otro día odiabas.” comentó Alicia, cruzando los brazos y mirando a Elena con sospecha.
Elena sintió un escalofrío.
Alicia estaba demasiado cerca para su gusto.
“Odiar es una palabra demasiado fuerte.” se defendió Elena.
“Simplemente…
Sara se ha esforzado bastante últimamente.
Ha mejorado un montón en mis clases.” “Pues será solo en tu materia.” replicó Alicia.
“porque sigue siendo un desastre…” “¿TE PUEDES CALLAR UN SEGUNDO?” estalló Elena, haciendo que Alicia parpadeara sorprendida.
Elena suspiró, pasándose una mano por la frente.
“Lo siento.
Es solo que…
Sele tiene problemas familiares graves, chicas.
Ayer…
ayer descubrí que su padre fue al hospital por un coma etílico.” El silencio cayó sobre la mesa.
Alicia abrió la boca, cerrándola después.
Incluso Christina parecía sorprendida.
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