Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 30
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30: Capítulo 30 30: Capítulo 30 El ritmo fue en crecimiento.
Al principio lento, casi tortuoso, rozando cada punto sensible de Elena buscando maximizar el placer de esta.
Luego, más rápido, más fuerte.
El sonido de la piel chocando contra la piel se mezcló con los gemidos de una y la respiración entrecortada de la otra.
Elena se aferraba a Sele como si fuera su tabla de salvación.
Sentía cada embestida en el alma.
Sele la follaba con una devoción que la hacía querer llorar.
La besaba desesperadamente, como si quisiera respirar su aire, devorar sus suspiros.
“¡Más fuerte!” pidió Elena, clavando las uñas en la espalda tatuada de Sele.
“¡No pares!” Sele gruñó y aumentó la intensidad.
La cocina se convirtió en un borrón.
Solo existía el placer, el calor, la fricción.
“Voy a…
¡Sele!” Elena sintió que la presión se acumulaba en su bajo vientre, una ola eléctrica a punto de romper.
“Vente conmigo, Day.
Vente ahora.” Sele dio tres estocadas finales, brutales, profundas, tocando ese lugar exacto que hacía que Elena viera estrellas.
Provocando que la pelirrubia suspirara, su cuerpo contrayéndose en espasmos violentos alrededor del miembro de la pelinegra.
En un orgasmo largo, intenso, que la dejó sin aliento y temblando.
La Eleonor aguantó un segundo más, disfrutando de las contracciones de la Day apretándola, y luego se dejó ir.
Se corrió dentro de ella con un gemido sordo, vaciándose por completo, derramando su esencia en el interior de la mujer que le había robado el sueño y la cordura.
Sonriendo ambas se quedaron así unos minutos, abrazadas, con Sele apoyando la frente en el hombro de Elena, ambas tratando de recuperar el control en su propio ritmo cardíaco.
La luz del sol las bañaba, iluminando el desastre hermoso que eran.
Finalmente, Sele se separó despacio, con cuidado provocando que Elena soltara un pequeño quejido de protesta ante la pérdida de contacto.
“Estás temblando” notó Sele, un poco preocupada, acariciando la mejilla de Elena con cuidado.
“Es…
adrenalina… felicidad… y un poco de sobreestimulación… pero solo un poquito.” admitió Elena, sonriendo débilmente.
Se sentó en la encimera y se cerró la bata, aunque no se molestó en atarla.
“igual lo vale, si con eso puedo recibir el mejor regalo de cumpleaños de mi vida…
un poco de incomodidad… deliciosa incomodidad… lo vale.” Sele sonrió, recogiendo su ropa del suelo.
“Me alegra oírlo.
Aunque mi plan original era llevarte el desayuno a la cama, no follarte en la cocina antes de terminar el café.” “Me gustan mucho tus improvisaciones.” dijo Elena, bajándose de su lugar en la mesa con cuidado debido a su clara debilidad.
Pero aun así sus piernas aun así flaquearon un poco y Sele la sostuvo por la cintura.
“Vaya…
creo que me has dejado inválida.” Ambas se rieron.
El ambiente era ligero, cómplice.
Pero entonces, el sonido del teléfono de la casa… uno de los que Elena no había roto la noche anterior… empezó a sonar en el salón.
El ruido rompió la burbuja mágica.
Elena se tensó.
Sele vio cómo la sonrisa de la profesora se desvanecía, reemplazada por esa máscara de Señora Eis que tanto odiaban ambas.
“Déjalo sonar.” dijo Sele intentando volver a su ambiente anterior.
“No puedo.
Podría ser importante.
O mis padres.” Elena suspiró.
“Hoy cumplo años…
Se supone que debo recibir felicitaciones.” Sele asintió, entendiendo, aunque le dolía un poco el cambio abrupto.
Se puso los bóxers y la camiseta.
“Ve.
Yo terminaré de limpiar aquí.” Elena la miró, agradecida y un poco triste.
Se acercó y le dio un beso rápido en los labios.
“Gracias.
Por todo.” Elena salió de la cocina hacia el salón.
Mientras Sele se quedó allí, mirando los platos sucios de panqueques y la mesa que acababan de profanar.
Escuchando sin querer a la mayor contestar el teléfono.
“¿Hola?” hubo una pausa.
“Ah, madre.
Sí.
Gracias por saludar…
Sí, cumplo veintiséis… No, Alexander no está.
Él se encuentra en Brasil.
Negocios…
Sí, claro que entiendo.
Es su trabajo.” Sele apretó los puños, sintiendo una oleada de rabia por Elena.
Escucharla justificando al imbécil de su marido, incluso en su cumpleaños, era doloroso.
“¿Cenar?” la voz de Elena sonó tensa.
“No, no creo que sea buena idea ahora mismo.
Estoy…
no me siento muy bien… Un poco de gripe y prefiero quedarme en casa descansando…
Sí, gracias por el regalo… Dile a papá que gracias y que se cuide…
Adiós.” Elena colgó y volvió a la cocina.
Pareciendo más pequeña de lo que era, más cansada.
“¿Tu madre?” preguntó Sele un poco incomoda.
“Militas.” Elena se pasó una mano por la cara.
“Quería saber si Alexander me había organizado una fiesta.
Cuando le dije que no estaba, empezó con el discurso de detrás de un gran hombre siempre hay una mujer comprensiva.” Elena soltó una risa seca.
“¿Sabes qué es lo peor?
Que tengo veintiséis años, Sele.
Tengo una casa, un marido, una carrera…
y la única persona que me ha hecho sentir que valgo la pena hoy eres tú… Una alumna de dieciocho años que debería estar preocupándose más por sus estudios y no por consolar a su profesora depresiva.” Sele se acercó a ella y le levantó la barbilla para que la mirara.
“No soy una niña, Elena.
Y tú no eres depresiva.
Estás atrapada en una vida que nunca quisiste.
Pero…” Sele le besó la frente.
“Hoy es tu día.
Y no voy a dejar que Militas ni Alexander lo arruinen.” “¿Ah, no?” Elena arqueó una ceja.
“¿Y qué propones?” “Propongo que nos duchemos… Que nos olvidemos del mundo…
Y que pasemos el resto del día haciendo exactamente lo que nos dé la gana.
Pedimos pizza, vemos películas malas, nos acabamos el vino…
lo que tú quieras.” Elena la miró.
La oferta de olvidar sus responsabilidades… era tentadora.
Olvidar que era una adulta con un matrimonio fallido por un día completo.
“Lo que yo quiera…” repitió Elena.
“Lo que tú quieras.” confirmó Sele.
Elena sonrió, y esta vez, la sonrisa llegó a sus ojos.
“Quiero ducharme contigo.
Y luego quiero que me cuentes más sobre esa banda tuya… The Heaven Fall.” Sele le devolvió la sonrisa, tomándola de la mano.
“Trato hecho.” Subieron las escaleras juntas, dejando atrás la cocina, el teléfono y las expectativas del mundo exterior.
Por hoy, solo por hoy, el universo se reducía a esa casa y a ellas dos.
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